Hoguera momentánea, problema permanente

blogeditor · 13 de diciembre de 2019

Hoguera momentánea, problema permanente

Es difícil describir la gravedad de la acusación contra Genaro García Luna y todo lo que la misma implica en términos jurídicos y políticos, en dimensión nacional, binacional (respecto a Estados Unidos) e internacional. Pero la noticia produjo otra que, desde mi perspectiva, puede ser peor. Me refiero a la evidencia de que no aprendemos a leer este evento como un síntoma de un problema estructural que no hace sino repetirse. Si se prueba en juicio que ese sujeto en efecto realizó las conductas penales que se le imputan, el peor enfoque posible para analizarlo sería reproducir, una vez más, la narrativa que hace parecer el acontecimiento como una anomalía que debe castigarse penalmente y listo.

La teoría denominada police accountability lleva décadas explicando que las desviaciones de las personas que representan a la policía deben ser leídas en clave institucional; los desvíos de las personas se producen y reproducen en culturas institucionales, a su vez soportadas en normas y prácticas. Desde la persona en la más alta jerarquía, hasta la o el policía del nivel más básico, el fenómeno es exactamente el mismo. Sea cual sea la posición, si los desvíos son posibles sin consecuencias, quiere decir que no están instalados los sistemas de alerta y corrección. Las consecuencias si se quiere son más graves cuando es la cabeza la que está corrompida, pero, repito, el problema de fondo es exactamente el mismo.

La teoría incluso va mas allá; por décadas se habló de las manzanas podridas, luego se incorporó el concepto de barriles de manzanas podridos, y más tarde se agregó la idea de los huertos podridos. La manzana es la persona en funciones de policía, los barriles son las instituciones policiales y los huertos equivalen al entorno político y social que, también descompuesto, explica el contexto de la fractura policial estructural.

Cuando nos dijeron que García Luna era un súper policía, les dijimos que había que construir sistemas de control internos y externos para crear andamiajes institucionales sólidos, más allá de las y los héroes o supuestos héroes del momento. No lo aceptaron: ni controles internos fuertes (el área de Asuntos Internos quedó siempre disminuida), ni controles externos fuertes (fiscales, jueces y poder legislativo sin ejercer poder de control y negada la creación de la figura que llevamos al Senado: el Auditor Especial de las Policías Federales).

La atención predominante hacia el comportamiento de Genaro García Luna se entiende; la reconstrucción de los hechos precisos es desde luego fundamental; pero cada delito que se pruebe en juicio, cada conducta, cada decisión habría operado en un ecosistema total de permisividad, opacidad y arbitrariedad.

El problema es que luego de décadas de haberse documentado la extendida corrupción policial a todos los niveles, nadie, o casi nadie quiere en verdad entrarle a la reingeniería de los controles internos y externos. Por eso las desviaciones en las instituciones policiales se repiten desde arriba, desde abajo, desde un lado y desde el otro.

Y se repetirán sin el rediseño estructural auténtico de los controles. Al tiempo.

@ErnestoLPV