Historia mínima de México

Redacción Animal Político · 16 de septiembre de 2022

“Hacia el año 5000 antes de Cristo se nota un aumento de la población del valle de Tehuacán…”.

Historia mínima de México.

 

Somos un país en extremo complejo, donde infamantes componentes de desigualdad social e injusticias de todo tipo se mezclan con ancestrales elementos mágicos y misteriosos que, filtrados en muchos tonos, conforman buena parte de la paleta que impregna el catálogo de lo mexicano. Integramos una nación en la que, como dice Juan Villoro, es posible que un rayo caiga dos veces en el mismo lugar y donde también se puede ser testigo de insignes movimientos sociales a la par que mirar al cantante de un popularísimo grupo de rock descabezando la figura de peluche que un fan le arroja desde el graderío (y donde, además, ambas cosas, tanto el grupo de rock al que pertenece dicho cantante como la cadena de farmacias a la que pertenece el muñeco, merecerían un capítulo en alguna enciclopedia que albergara cada vertiente de lo que conforma nuestra cultura popular) y donde también es posible saber de las tranzas de políticos tranzas y escuchar a una conductora de radio llorar a lágrima viva la muerte de la Reina Isabel.

Más allá de la superficie, también somos hogar de una de las gestas más particulares de la Tierra, de ello da cuenta, instaurado como el éxito de ventas que es desde los años setenta en que apareció su primera edición, “Historia mínima de México”, articulado y sintético trabajo de Daniel Cosío Villegas, Ignacio Bernal, Alejandra Moreno Toscano, Luis González, Eduardo Blanquel y Lorenzo Meyer, que por primera vez aparece coeditado tanto por El Colegio de México (su casa original), como por el Fondo de Cultura Económica.

Dos retos asumió el texto —presentado originalmente para servir como base para una serie de cápsulas televisivas— una vez que se decidió publicarlo en formato libro, a decir de Don Daniel Cosío Villegas, uno de sus principales instigadores: “Primero, sacrificar sin piedad el material, hechos o ideas, de una importancia secundaria, de manera de perseguir única y exclusivamente lo que consideramos el gran cauce central de nuestra historia. Y segundo, presentar las materias seleccionadas con un lenguaje sencillo y claro”. Así, la “Historia mínima…” recoge en sus poco menos de doscientas páginas una suerte de instántanea, llena de matices, de nuestra poderosísima historia narrada, digamos, de manera sucinta para evitar extraviarnos en las muchas ramificaciones que también conforman el bosque espeso de nuestra existencia como nación.

Ruta apasionante no exenta de baches y/o hasta de piedras puestas por la adversidad en el camino, aquí se narra lo que ocurrió en estas tierras desde que la imaginación de unos cuantos involuntarios aventureros la trazó hasta que, contando males y bienes, quiso la modernidad y algo parecido al progreso asentarse (irregularmente) aquí. Heredera en línea directa de esa clase de narraciones que vibran al contar una historia que es familiar a todos, la “Historia mínima de México” se mantiene como un clásico instantáneo, trabajo que traza, desde la brevedad, el perfil de un país singular.

Singular. ¿De qué otra forma podríamos referirnos si no, a la esencia de México?

@elimonpartido