Histerectomía. Segunda parte: el proceso

blogeditor · 13 de agosto de 2021

Histerectomía. Segunda parte: el proceso

Home is where it hurts

Amélie Nothomb

 

 

Este año cumplo 36 años, la edad que tenía mi mamá cuando la diagnosticaron por primera vez con cáncer de mama. Pienso en cómo debió de haber vivido el duelo corporal al que se enfrentó tan joven. Es difícil pensar a las madres como mujeres, cuando la idea de su atemporalidad nos ayuda a creer que siempre estarán a nuestro lado.

Del tiempo que ocurrió entre el diagnóstico de cáncer, la mastectomía y la reconstrucción tengo pocos recuerdos, pero dos de ellos son nítidos: el día que la visité en el hospital y la vi rendida en la cama con una fotografía mía pegada en la pared frente a ella, y días después, no sé cuántos, tomándome de la mano rumbo a mi escuela sin poder caminar erguida por el dolor que todavía sentía.

Hay dolores que nos fundan, que nos hacen sentir en casa. Esas dos memorias atraviesan mi historia, desde la infancia hasta la maternidad. Mi entusiasmo por vivir se inspira en Nicolás, como mi madre se inspiró en mí a través de una fotografía, y el esfuerzo físico y emocional para superar este episodio tiene que ver con las ganas de acompañar a mi hijo y tomar su mano, como mi madre tomó la mía a pesar de su condición. La capacidad del cuerpo para recuperarse está ligada al amor, a la ternura y a la esperanza.

“Voy a estar bien, estoy bien”, me repito en voz alta, en voz baja y en silencio. Lo hago mientras me baño, cuando me acuesto, antes de dormir y al despertar. El dolor no me abandona por completo: ha estado junto a mí desde hace un mes y a veces, sobre todo en la noche, cuando estoy sola, me da la impresión de haberse alojado de forma permanente. Cada vez que me invaden el dolor y la ansiedad repito obsesivamente mi mantra.

Esto va a pasar, pero mientras pasa vivo un incendio que me obliga a asumir las múltiples pérdidas: la pérdida de mi útero, del control de mi cuerpo, de la salud y de las certezas. Contemplo el incendio y siento cómo, poco a poco, se va el dolor. El presente se hace más presente.

Mientras tanto, dejo que las brasas consuman una parte de mí de la que me despido y a la que honro. Descubro una amabilidad hacia mí misma que desconocía. La manera en la que me hablo y me cuido, y la paciencia que he aprendido a tenerme me hacen saber que, como los bosques que se incendian para comenzar un nuevo ciclo, esta tierra ardiente augura vida nueva y se reincorpora, como lo hizo el cuerpo de mi madre a sus 36 años.

@barbarahoyo