blogeditor · 21 de julio de 2014
Cada seis años, y de alguna u otra manera, la República pretende refundarse para la camarilla que llega a ocupar el Ejecutivo Federal. Nuestros políticos inauguran alfas y omegas sexenales, aunque sospecho que después de las reformas en curso, la actual apuesta priísta podría tener efectos más profundos: unos que abarquen plazos más extensos que el que termina el primero de diciembre de 2018.
Quizá sea el momento de repensar también los nombres que la niñez aprende en las escuelas, y los rostros de las estampitas que tuvimos que comprar de Obregón, Calles, Carranza, Zapata o Villa para las clases de Historia de México en la primaria. Entrarle al cambio de nomenclaturas en calles, avenidas, escuelas y demás espacios susceptibles a ensalzar, por los siglos de los siglos, a estas nuevos ejemplos nacionales.
Glorieta del Pacto por México. Viaducto Emilio Azcárraga Jean. Escuela Secundaria Técnica Emilio Gamboa Patrón, adscrita a la Secretaría de Educación Pública. Colonia Manlio Fabio Beltrones. Beca Jesús Zambrano. Rotonda Enrique Peña Nieto. Aeropuerto Internacional Ivonne Ortega. Cerrada Reforma Energética. Plaza Comercial Miguel Ángel Mancera. Centro de Convenciones Mario Marín. ¿Suena viable y pegajoso?

La actual Involución Mexicana requiere de una Corte posmoderna de los Milagros, donde queden agrupados –a diferencia de los próceres de antaño, en su gran mayoría cooptados por el presidencialismo y su adláteres- representantes de todos los partidos, colores y sabores imaginables.
En el Panteón de los Héroes del Siglo XXI deben caber grandes figuras, pero también mandos medios y demás burócratas cuya única constante sería la perpetuación del Ideario Involucionario. De la chistera espontánea sale una lista necesariamente preliminar e incompleta de nuestros Grandes Capitanes de la Política, la Empresa, el Clero, la Farándula y el Deporte (sin orden ni jerarquía particulares): a veces incluso, el mismo revoltijo ecuménico e incluyente.
Van doce nombres de algunos nuevos y viejos campeones, de hoy y siempre.

Javier Moreno Valle (¿PAN?, ¿PANAL?): alumno adelantado de la Profesora Gordillo. Caciquete de Puebla y aspirante a la presidencia de unidad PAN-PRD de 2018. Su #LeyBala ya cobró la primera víctima. Se llama José Luis Alberto Tehuatlie Tamayo, tenía 13 años de edad y no debió morir por efecto de una bala disparada por su policía bajo las órdenes del ex policía federal -e incondicional de Genaro García Luna- Facundo Rosas.
Las siguientes fotos son amargos chistes que se cuentan solos.

Javier Duarte (PRI), gobernador de Veracruz.

Manuel Velasco (PVEM), gobernador de Chiapas.

Norberto Rivera (PRI, PAN, PRD …), Arzobispo Primado de México.

Miguel Torruco, titular hasta hoy de la cartera de Turismo en el Gobierno del Distrito Federal. También hay lugar para nutrir la leyenda con los achichincles útiles, y sus anécdotas aspiracionales. En un arranque mitad encomiástico y mitad piadoso expresó lo siguiente: ‘Que Dios lo siga bendiciendo, Doctor Mancera’.

#LadySenadora Luz María Beristáin (PRD). Exigente viajera frecuente.

Nuvia Magdalena Mayorga, ex secretaria de finanzas estatal bajo las órdenes del hoy responsable de Gobernación Miguel Ángel Osorio Chong cuando éste era gobernador; ex diputada federal del PRI y hoy orgullosa titular del Consejo Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas. No se sabe los nombres de poblaciones (‘suenan medio raro’). Aquí con el epígono peñista y gobernador de Jalisco Aristóteles Sandoval (PRI).

Rubén Moreira (PRI), gobernador de Coahuila. Para la retórica hipérbolica postpostrevolucionaria, él debe constituir con su hermano Humberto alguien casi tan importante, esta época, que sus pares Serdán en el contexto del inicio de la superada Revolución de 1910.

Juan Manuel Oliva (PAN). Ex gobernador de Guanajuato, yunquista químicamente puro y enemigo de la Ilustración en sus distintas facetas. Acérrimo de las mujeres modernas, y su bien ganado derecho a decidir.

Jorge Romero (PAN). Impresentable Virrey de la Delegación Benito Juárez en el Distrito Federal. Posible candidato a la jefatura de gobierno en 2018, bajo la égida del padrino Gustavo Madero, victorioso Líder Máximo de su partido y pariente de Francisco I. Madero.

Néstor Moreno, ladronzuelo a lo grande, impune 100% y con licencia de la Comisión Federal de Electricidad, dueño de fortunas, Ferraris, yates y emblema del tráfico de influencias que es el ADN de la clase política –y buena parte de las grandes ligas empresariales- en México. Libre como ese viento que, según reza el dicho popular, tampoco le hizo nada a Juárez.

La Involución llena huecos que ocupan adalides como el Piojo (ahora Centauro del Norte Recargado) Miguel Herrera y sus nuevos Dorados, a quien el Cronista Oficial Enrique Peña Nieto bautizó como Héroes Indiscutibles de la Patria después de la hazaña: un pase a octavos de final merced a la gloriosa victoria de México en el Mundial de Brasil sobre la selección de Croacia antes de la trágica derrota contra Holanda en cuartos. Instantánea proeza legendaria, a sus ojos y entendimiento, equiparable a las de Francisco Villa. ¿Acaso alguien se acuerda de la Toma de Zacatecas?
Faltan muchas y muchos nombres cuyas proezas llenarían varias bibliotecas faraónicas o fallidas enciclomedias.
En el DF, Mancera o los delegados Mauricio Toledo, Leonel Luna, Maricela Contreras, Nora Arias, &c., &c., &c. O asambleístas levantadedos, y/o acosadores consumados como Rubén Escamilla.
La peculiar y muy sui generis izquierda institucionalizada: Zambrano, Mancera, las tribus variopintas. Marcelo Ebrard y sus negocios en la Línea 12, o los Segundos Pisos, Aliyev y la Supervía. El proxeneta Cuauhtémoc de la Torre. Jesús Rodríguez Almeida y el Benemérito Cuerpo de Granaderos. Arturo Montiel, quien ha vuelto a ser factor de poder aplaudido por las huestes tricolores en el Estado de México. Un caudal de politiquetes con amplias aspiraciones de gobernar a sectores más amplios de la población. Fernando Larrazabal, Ernesto Gándara. La lista, para no perder costumbre, es interminable.
Gustavo Madero, verdadero cachorritito de la Revolución. Jefe Máximo del panismo acompañado durante el trayecto por personajes tales como Cecilia Romero y el infaltable Juan Molinar. Los neopanistas fachos y nazis. La veta ‘democrática’ de Peña Neder en Chihuahua, camisas pardas (o una aproximación de las mismas) en Jalisco; el dirigente del PAN en Jalisco que admira abiertamente a Hitler –como lo hace con Francisco Franco el gobernador veracruzano Duarte (ver arriba). Dinastías involucionarias, como la de la familia de Luis Armando Reynoso Femat, exgobernador panista de Aguascalientes, devoto de los excesos arquitectónicos de Dubai, adaptador de su estilo en tierras hidrocálidas.
Los patriotas desarrolladores y verdugos de la Ciudad de México: Jorge Gamboa de Buen, Simón Neumann, Felipe Leal, &c.
Mención aparte merecen legislador@s federales y locales, que han logrado que el endeudamiento, la opacidad y el saqueo de partidas presupuestales sean ya un fino arte digno de republiquetas bananeras menos aventajadas que la nuestra.
¿Se incorporarán sus nombres y corruptas epopeyas a los libros de texto, fomentando un culto cívico a sus respectivas personas? ¿O en estampitas coleccionables?
Cierto. Hay niveles y jerarquías, pero todas parecen compartir un mismo propósito: mantener a las y los ciudadanos en un perpetuo estado de indefensión (con la venia, claro, de mayorías conformistas).
En los Estados Unidos la revista Esquire publicaba anualmente su lista de ‘Logros Dudosos’ [Dubious Achievement Awards], en la cual -de haber persistido esta categoría hasta nuestros días- nuestro país ocuparía los primeros lugares. Para mala fortuna, la gustada sección dejó de publicarse hace muchos años. Debería revivirse, en clave mexicana.
Hagamos un balance de lo que sucede, y procuremos remediarlo. Pero sobre todas las cosas, reflexionemos –desde nuestra sociedad dejada e indolente- para la cual no hacer olas continúa siendo la Opción -Unica e Irrenunciable.
La Involución Mexicana anda a la busca de monumentos idóneos: El Nuevo Senado y la Estela de Luz son sendas aproximaciones de lo que podría venir. Y pronto.
A la Nomenklatura pública y privada les urge apuntalar sus mitos fundacionales chafa. Algo que signifique una continuación permanente de las festividades calderonistas del Bicentenario, con sus monigotes dignos de película de René Cardona Jr., pero costosísimos. Faltan adaptación local del Monte Rushmore, con efigies gigantes de los Cuatro Jinetes de Nuestro Apocalipsis: ¿Peña, Elba Esther, el Ingeniero Slim y el difunto Marcial Maciel? O alguna otra combinación al gusto de Peña y compañía, que incorpore a los héroes por venir el próximo sexenio, uno que significará para la demagogia el ‘progreso ascendente, bajo la batuta de otro priísta que siga moviendo a México (…)’

George Washington, Thomas Jefferson, Theodore Roosevelt y Abraham Lincoln inmortalizados en Keystone, Dakota del Sur. Demasiado lejos de los centros de poder en Washington, podría elegirse una montaña de las muchas que separan al DF de Toluca, para no caer en el mismo error. Mucho más fácil llevar ofrendas oficiales a unos cuantos minutos de la Ciudad de México. Sobre todo ahora, cuando piensan construir el Tren Rápido hacia ninguna parte. Sería como tener desde esta perspectiva liliputiense, al Monte Fuji –según ellos- junto a nuestro autóctono Tren Bala. O casi.