Redacción Animal Político · 9 de diciembre de 2024
Preocupados por la violencia que vive nuestro país hemos recurrido a las tradiciones religiosas para comprender qué nos pasa y conocer claves que ayuden a construir una propuesta de paz para un México herido. Son tradiciones milenarias que nos ponen en contacto con la sabiduría comunitaria que hoy necesitamos para hacer una pausa y pensar qué hemos hecho de este mundo y hacia dónde tenemos que caminar.
Como Diálogo Nacional por la Paz hemos convocado a los diversos sectores sociales a sumarse en la construcción de la paz y un sector importante son las iglesias. Por eso, el pasado 5 de diciembre se llevó a cabo un conversatorio con el título “La aportación de las tradiciones religiosas para una cultura de paz”, donde se dieron cita alrededor de 150 líderes religiosos de México en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco. Un evento que dejó gran esperanza y deseos de volvernos a encontrar para compartir y apoyarnos en las tareas de paz que cada uno viene realizando.
El venerable Tenzin Yampel, budista mexicano ordenado por su Santidad el Dalai Lama, señaló que la paz comienza al subrayar lo común y dejar de lado las diferencias, la inteligencia debe usarse para construir la paz y lograr la felicidad. Se trata de contactar con el conocimiento que ya está presente en toda persona y cuidar una higiene emocional a través de la educación de la interioridad. Se trata de atender la salud mental para poner freno a la ira y dejarnos llevar por la compasión y el amor bondadoso. La pacificación se logra a través de la educación de las emociones.
La líder islámica Sheija Amina Al Jerrahi, ministra de culto de la Orden Sufí Nur Ashki al Yerráhi fundada en 1987 en la Ciudad de México, señaló que la paz se logra cuando se entrega la persona a la realidad creadora. Cuando el ser humano se conecta con esa fuerza recibe la paz. El mundo vive tristeza y violencia y por eso la persona necesita concentrarse en un horizonte ético que le permita volverse a centrar. Esta tradición tiene cinco momentos de oración al día para cuidar la concentración y mantener la unión con la fuerza creadora.
El sacerdote católico Ángel Lorente, vicario episcopal de la Arquidiócesis de México, señaló que la persona es creada por Dios y eso le entrega una dignidad especial, pero cuando la persona se separa de esa realidad pierde el rumbo de la vida. El sueño de Dios es la fraternidad y eso implica aprender a vivir el perdón y la misericordia, algo que se necesita vivir con las víctimas y con los victimarios. El origen de la violencia, desde la tradición cristiana, está en la envidia y la indiferencia y lo contrario es la misericordia y la compasión con el necesitado. Eso nos hace vivir en la esperanza.
El hinduista Purushottam Dharmajarat Nava, licenciado en derecho y ciencias políticas por la UNAM y director de la Fundación Manú, señaló que la paz se construye con tres pilares: hacer lo que nos corresponde a cada uno, buscar el bienestar de la mayor cantidad de seres vivos y defender la verdad. Hay una visión que explota y genera desigualdad y se requiere otra visión que cuide la multidimensionalidad de nuestras relaciones. La sociedad fomenta una adicción por tener que detona la violencia. El camino está en el servicio y la reconstrucción del tejido social como una vinculación con el todo.
Finalmente, la líder islámica Lizbeth Márquez Villareal, licenciada en derecho por la UNAM, señaló que sin orden y sin justicia no hay paz, se necesita recuperar un lenguaje que ayude al desarrollo integral a través de vínculos afectivos sanos. La sociedad se llena de histeria, ansiedad, frustración y eso hace urgente el trabajo por la salud mental. El desapego es el camino de la sabiduría que nos conduce a la paz. Esto implica normas que muestren con claridad los derechos y las obligaciones.
Podemos decir que la violencia surge cuando dejamos que algunos queden fuera de la sociedad y cuando la persona no se contacta con esa fuerza que llena el corazón: esa falta de hermandad y esa soledad se convierte en violencia. Se necesita una ética política que permita concentrarnos y darles sentido y dirección a nuestras obras.
La falta de una ética que oriente nuestra vida hace apegarnos a ideas, personas, lugares o cosas materiales; nos hace andar como veletas sin rumbo, se necesita tener unos criterios que permitan tomar buenas decisiones. Somos parte de una creación y un cosmos que nos da la alegría y la felicidad que andamos buscando.
Hay dos mundos en pugna: el horizonte del consumismo, centrado en el desarrollo económico individual, y el horizonte de la armonía, centrado en el cuidado de la vida en la diversidad. Uno explotando y otro cuidando, donde la presencia de los grupos criminales ha complejizado la realidad. Conocer otras perspectivas de vida nos remiten al origen, donde está la vida y la alegría.
* Jorge Atilano González Candia, SJ. es director ejecutivo del Diálogo Nacional por la Paz (@dialogopazmx).