#HastaLaMadre

ernestoramos · 25 de abril de 2011

#HastaLaMadre

Agarraste este papel hoy, o sin querer le picaste al monitor, y por azares de no sé qué despropósitos venimos a coincidir en estas letras, en estas donde yo solo trato de no abusar del punto y coma, o de lo que sea, no vaya a ser que harto cambies de página, aburrido o decepcionado de lo que no tengo que decirte, que nunca es nada, porque la vida es basta, y el único que sabe que pedo es uno mismo. 

Pero bueno…  Ya aquí, entonces, nosotros. 

Tratando de decirte algo que ni siquiera sé de qué se trata.  Mejor deja esta mierda arrumbada y lárgate a la acera a vivir la vida. 

Porque yo también colega, como dice Sicilia, al que abrazo, #estoyhastalamadre, y ni sé qué decir.  Lo compartimos muchos, nos quejamos entre dientes, tratamos de auto-sicoanalizarnos para saber qué es lo que nos pasa, el porqué de esta realidad tan inmóvil.

Podríamos sospechar de depresión colectiva.  Que las cosas están tan cabronas, que hay que buscar razones por aquello de que no todo va al 100%, y el billete mengua.   Aguaitadores nos quejamos de todo bien deprimidos.    O podríamos señalar desencanto por el estado de las cosas públicas, o que nos sentimos pequeños ante la gigantesca problemática del crimen organizado, o ante la dirección a donde los paradigmas mutan.   Cualquier razón surge del Auto-sicoanálisis.

Un humano cualquiera, una sociedad, una región, o un país en su conjunto, puede caer en un bache espontaneo de descoordinación, y romperse entonces sus sueños.  

Puede ser.  Si. eso cierto.  Andas aguitadon.  No hay lio compadre.  Aquí estamos muchos, aquí tantos hasta la madre.  Así que siéntate colega tranquilo, no hay lio, porque no estás solo…

Pero preguntémonos: ¿qué chingados vamos a hacer?   

Por lo pronto esta semana santa transcurrió sumida en eso que los marineros llaman Calma Chicha, que es ese estado quietecito del mar, con ausencia absoluta de viento.  Amanece (apenas) y el hombre de mar, amodorrado aún, sale a la cubierta a respirar sal, encontrando un espejo oscuro que parece alfombra: la mar en calma chicha.   Un fenómeno marino que desconcierta por su rareza, por su misteriosa profundidad siempre insondable, por el latente despertar de los vientos.

¿A mi se me hace que la cosa esta cabroncita como para andar huevoneando, no lo creen ustedes? 

Y, aunque lo reconozcamos, aunque contestemos que sí, y estemos conscientes de hartazgo y problemática, todos agarramos la excusa de la vacación y nos vamos por allá a negar la realidad, a pasarla a toda madre.  Nos desconectamos un rato porque esto anda difícil.  Mostramos la espalda un rato al sol.   En fin.  Descansando placidos en las pantuflas de domingo, tirando la guevita sabroso y el control remoto de futbol.  Y mañana lunes quéjese de que el gobierno y la corrupción y los diputados, y que esto y que lo otro, y que la cámara de senadores resultó carísima, y acicálese con el polvo de la queja, y piénsese ciudadano consciente, aunque ni siquiera conozca al vecino o los problemas que comparte, de 9 a 5 y encerrarnos en casa a cerrar los ojos, sin meter las manos porque esta canijo, y para que arriesgar. 

Aca sordero pienso que los políticos se han de cagar de risa del nivel de descoordinación y seriedad que tiene nuestra queja ciudadana. 

Justo esa descoordinación, nuestro propio colectivo de descreídos -de fragmentados aún en el hartazgo, es el que nos tiene #hastalamadre, ciegos e inmóviles. 

Aun reconociendo nuestro equilibrio frágil, ficticio, y que las cosas pueden empeorar con este cimiento, roto y desigual, que es nuestra sociedad.   Aun así hacemos como sí nada ocurriera.  Cerramos los ojos, y muertos, a costa del desencanto, nos sentimos imposibilitados de generar una ebullición legítima, detenidos, a medias, inmóviles.  Vacacionando.  Cerramos los ojos a la Calma Chicha.  Sin que brote una vorágine que proponga y construya.  Una vorágine que sea escuchada.  Una espontanea actividad proactiva que contrarreste a las dinámicas destructoras.  

Les dije que ni sabía que decir.  En fin.   Por lo menos mencioné la Mar y su “misteriosa profundidad siempre insondable”.

En twitter: @eramoscobo