blogeditor · 29 de mayo de 2022
De acuerdo con el horóscopo que corresponde al año y hora en la que nací, y en frontal concordancia al retorno del nodo norte en sagitario, mi gurú en ciencias ocultas vaticinó que 2022 sería un año propicio para contraer matrimonio. Y aunque Alex -mi pareja- tampoco es militante de los cada vez más populares (y cuestionables) designios astrológicos, también creyó que sería buena idea unir sus pertenencias a las mías y elegir vida en común con un ser visiblemente deschavetado como la de la voz.
Vivir en México jamás fue opción, así que comenzamos a investigar todos y cada uno de los pasos a seguir para convertirnos en marido y mujer en España, bendita tierra, desde donde vino Cristóbal Colón.
Los requisitos que exige el gobierno español para dar su consentimiento a que un extranjero ladino contraiga nupcias con un ciudadano de inocencia y pureza certificada no son imposibles -por llamarlo de alguna manera-, son cagantes, en su formato de incompatibilidad con nuestra mundialmente famosa por inoperante burocracia nacional. Al leer los requisitos entendí que necesitaría la asesoría de un abogado, un médico y un notario (la verdadera santísima trinidad en la vida de cualquiera). Para todo aquel despistado que tenga planes futuros de casarse con una oriunda de Catalunya, les comparto los requisitos para alcanzar su estrella, su sueño húmedo, así como los inconvenientes en conseguirlos:
• Certificado de nacimiento literal, original, actualizado, legalizado/apostillado, y en su caso, traducido
Tener a la mano el acta de nacimiento original y actualizado en CDMX, la ciudad de los kioskos automáticos, tierra entrañable en la que es posible asistir al estreno de Dr. Strange y salir del centro comercial con el remanente de tus palomitas y siete copias del acta de nacimiento y el último pago del predial, parecería una tarea fácil. A MENOS que tus padres te hayan registrado en otra entidad y tu fecha de nacimiento date en el mismo multiverso del estreno de Taxi Driver. El día que arrastré mis pasos hasta el registro civil de marras, supe que todos mienten. Las páginas oficiales de internet (¿quién lo diría) de NINGÚN país o dependencia publican las letras chiquitas o excepciones. En ningún lugar se indica que para apostillar un acta de los tiempos de Don Porfirio, debes llevar copia fiel del libro. De verdad lo intenté. Llevé mi acta de nacimiento al Archivo General de Notarías de CDMX con la confianza de que la apostillarían gracias al milagro y magia de haber nacido en la Ciudad de México. Pero regresé con las manos y el ego lastimado porque nací en el extinto Distrito Federal, pero a causa de la mala estrella que ha iluminado mi camellón existencial desde la primavera del 76’, mis padres tuvieron la idea sibilina de registrarme en el Registro Civil de un municipio que, a efectos cinematográficos llamaremos San Pedro de los Saguaros. Pues tal y como lo estás imaginando, querido lector, no es tarea fácil trasladarse a San Pedro de los Saguaros sin salir con una herida de bala o de tristeza, lo que ocurra primero.
Me llevó 3 días obtener un documento copia fiel de un libro con el aspecto de haber sido caligrafiado por Tiléctic-Mixtli.
• Certificado consular acreditativo del Estado Civil. Si ha estado casado anteriormente, certificado de matrimonio con nota de divorcio o sentencia
Así como ven este cuerpo decadente, y a pesar de los rumores que circulan aquí y acullá, nunca he pronunciado la célebre sentencia de muerte: sí, acepto ante un juez de lo familiar. Así que obtener este certificado fue tarea a prueba de dummies. La gente buena y noble de San Pedro de los Saguaros lo emitió mismo día que recogí el acta de nacimiento novohispana. Tip: en la web de cualquier registro civil dicen que el tiempo de entrega es de 10 a 30 días. Mentira: este trámite dura horas. Solamente lleven un sangüich, dos litros de agua de Jamaica, gas pimienta y la nueva entrega novelística de Arturo Pérez Reverte.
• Certificado de empadronamiento con reflejo de su domicilio en los dos últimos años; en caso de no haber vivido en España en ese tiempo, se aportará en su lugar certificado consular con expresión del domicilio y tiempo de residencia que lleva en España
Aunque ustedes no lo crean, este requisito fue el que más piedras añadió a mi riñón, porque -ojo-, si ustedes rentan un departamento y no son dueños de la propiedad en la que habitan, ninguna alcaldía de la mil veces heroica Ciudad de México les emitirá un certificado o constancia de residencia en México (ya sé, yo tampoco tenía registro que este documento existía), necesitan llevar doscientos documentos probatorios, así como cartas testimoniales de dos vecinos (acompañadas de su INE y comprobantes de domicilio a nombre de los mismos) que confirmen que, efectivamente, ustedes son los infelices que no los han dejado dormir por sus gemidos los últimos dos años. La solución consistió conseguir un certificado en un municipio alejado del bien, el mal y del servicio de agua potable circuncidante a San Pedro de los Saguaros. Don’t fuckin’ask. Para evitar ser rechazada por un documento que no especificaba el rango de años que he vivido entre el lodazal, les recomiendo acudan a la embajada de México en España para darse de alta como residentes. Solo necesitan un comprobante de domicilio a su nombre en una dirección local. Yo llevé la factura que recibí por correspondencia del hospital que cuidó de mi hace un año y medio. No es necesario que sea un documento vigente. ¡Gracias, chicos de la Embajada!
• Toda la documentación deberá venir traducida, en su caso, por traductor jurado y legalizada y apostillada según el país y el convenio firmado
Para cumplir con el requisito de la apostilla, acudí a un notario recomendado por una amiga entrañable. En un acto de incomprensible generosidad, el buen hombre dijo con ternura: mira, si nosotros te hacemos el trámite, cobraremos por el servicio 1,000 pesos, pero si acudes tú al Archivo General de Notarías, puedes obtener la apostilla por 100 pesos el documento. El acta certificada apostillada del engendro que escupieron mis entrañas pudo ser obtenida bajo este recurso. Pero como mis documentos fueron emitidos fuera de CDMX, ¿adivinen a la capital de qué municipio me tuve que trasladar para obtener la apostilla? Adivinaron: a la tierra aún más lejana a la que pertenece el pendejo municipio de San Pedro de los Saguaros, que a efectos creativos llamaremos Parangaricutirimícuaro.
Y si ustedes creen que el primer mundo se encuentra exento del maldito virus el mono burocrático, pues no, mis cielas. Mi casi esposo es divorciado, y se casó en un pueblo que es sin duda equivalente cuántico de La Nalga de Ventura, Guanajuato, y obtener copia actualizada (tres meses mínimos de vigencia) de su sentencia de divorcio equivalió a sufrir días y noches tratando de conseguir que el funcionario público de un pueblo casi fantasma le tomara la llamada para atender la solicitud. Se tuvo que llamar a la carnicería del pueblo para lograr que un señor que no ha visto una laptop en su vida pudiera emitir el documento y enviarlo por correo postal. Biba Hispania.
Moraleja: no se casen ni registren a sus hijos en pueblos mágicos, o en un futuro apocalíptico padecerán la muerte en vida.
• Deberá acreditarse si la Ley personal de su País exige la publicación de Edictos al contraer matrimonio civil en España. Este Certificado de Leyes Mexicanas se deberá aportar actualizado (no mayor a tres meses)
No sé ustedes, pero cuando era niña recuerdo que dentro de las páginas del periódico que mi padre compraba religiosamente cada mañana se publicaban edictos, esas entrañables mamarrachadas que no son otra cosa que avisos, ordenes o decretos publicados en el Diario Oficial de la Federación (o el ESTO, que es lo mismo) con el fin de promulgar una disposición, hacer pública una resolución, dar noticia de la celebración de un acto o citar a alguien. Esta ley está derogada, amigos, así que, con la módica cantidad de 30 euros, la Embajada les podrá emitir este certificado de no edictos en un tiempo máximo de 2 horas.
• Entrevista a los solicitantes. Llevar al menos un testigo que corrobore que la unión no se trata de un contrato por conveniencia
Una vez que se cuentan con todos los documentos que exige el Registro Civil, es indispensable acudir a las oficinas más cercanas al domicilio de empadronamiento para una entrevista -en nuestro caso-, decidimos que realizaríamos el trámite en Rocadragón, ya que en Madrid centro no encontramos citas disponibles hasta las próximas navidades. Honestamente, la entrevista me provocó el mismo pánico escénico que he sufrido desde el primer baile escolar, desde la primera graduación y primera solicitud laboral. Qué quieren, este corazón nació sensible al juicio ajeno. Hice un research en el último lugar donde recomiendo hacerlo: internet. En páginas del calibre de “Inmigrantes de hoy”, “Mexicanos, nada nos detiene” y “Casarse está en ibérico” encuentras cientos de tips para triunfar con pasaporte en mano, sin dejar empeñado tu riñón en el intento. Les pido que por favor aprendan de mis errores y no se metan en tremendas cloacas de miseria. Lo único que consiguen es estresarte en un proceso que es menos complejo de lo que parece. Por ejemplo, en esos sitios te dan consejos para llegar preparado a un interrogatorio de la CIA. Te cuentan que, en audiencia reservada -y por separado- a la pareja se le realizarán preguntas personales simples sobre su vida en conjunto. Por ejemplo: cómo se conocieron, si alguno tiene hijos, cómo se llaman los padres, en qué trabaja la pareja, desde cuándo viven juntos, cuándo decidieron darse con todo y sin medida. Es decir, preguntas que no suponen ningún problema en contestar para aquellas parejas que comparten una vida sentimental genuina. Además, te aconsejan llevar cualquier documento adicional que demuestre realidad matrimonial: envíos de dinero, co-propiedad de un inmueble, cuenta bancaria en común, historial de comunicaciones como e-mails o correspondencia convencional.
Un par de días antes de nuestra visita al registro civil, le pregunté a Alex si deberíamos de ensayar algún tipo de posibles preguntas que podrían realizarnos, pero me desalentó argumentando -y con razón- que conocemos hasta nuestra canción ranchera favorita, así que tomé aire y aventé esa moneda que difícilmente decido tirar al aire.
Alex, su madre (en su carácter de testigo) y yo acudimos a las oficinas del registro civil de Rocadragón, instalaciones que me recordaron a las oficinas de Saul Goodman, pero en grandote que intentó ser grandioso. Subimos al tercer piso y pedimos audiencia con nuestros documentos en mano.
Para lo que nadie nos preparó, fue el aspecto del funcionario público a cargo. Al menos yo esperaba que nos atendiera un caballero de la envergadura y seriedad de Benito Pérez Galdós; pero en su lugar, fuimos atendidos por la versión madrileña del enano de la tercera temporada de Twin Peaks: Ike “The Spike” Stadtler. Juro por mi madre que es así. El señor era igualito: tan pequeño como mis esperanzas de un mundo mejor; calvo, tatuadísimo, mamadísimo y con un pantalón de mezclilla que sospecho robó a su sobrino de 7 años. Nos hizo esperar entre una pareja gay septuagenaria y una pareja de inmigrantes chinos (a quienes nadie les entendía un carajo) y que deseaban registrar a un bebé recién nacido. O a una almeja. La verdad, no me quedó muy claro.
Como sobreviviente de la tierra del slogan este es mi país, esta es mi gente, uno está acostumbrado a las mil y una noches de humillación a las que nos condena la burocracia cada vez que necesitamos renovar nuestro pasaporte extraviado; y cuando se nos expone ante una oficina burocrática en nación ajena, generalmente llegamos con secuelas de estrés post traumático y que fácilmente puede confundirse con mitomanía y cochupo. Ike recibió los documentos con diligencia y nos invitó amablemente a esperar sentados mientras se dedicaba a integrar nuestro expediente. Y cuando pensamos que nos habíamos salvado de la entrevista, el enano Ike llamó a mi suegra para ser entrevistada. Esa bala no la vimos venir. A pesar de que la entrevista no la hizo en el mismo espacio en donde nos encontrábamos, podíamos escuchar parcialmente el interrogatorio. Pues, hermanos míos, compañeros de parrandas y desvelos nocturnos, algo de razón tenía el sitio de Casarse está en ibérico. Sí hacen interrogatorios intimidantes, y sí hacen las preguntas chabacanas, pero al testigo. Evidentemente, la hermosa señora que parió al futuro señor Pacheco no tiene peregrina idea de cuándo comenzamos a perdernos el asco, o bajo qué psicotrópicos decidimos casarnos. Aportó datos que no tenían que ver mucho con la realidad, pero los afirmó con seguridad y aplomo de madrileña de verdad. El enano Lyncheano la miró como se le mira al aguacate antes de ser elegido en el puesto del mercado y le espetó con cara de poker: ¿afirma que los contrayentes no son parientes (lol) o se encuentran bajo coerción? ¿Sí sabe que mentir en cualquiera de mis preguntas está cometiendo perjurio y este delito se castiga con seis meses de prisión? La santa mujer afirmó que todas sus respuestas eran veraces y negó cometer crímenes de lesa humanidad.
Salimos de ese lugar con la misma emotividad de un refugiado ucraniano en tierras saudís y con la promesa de tener una respuesta afirmativa o denegatoria del permiso matrimonial en un plazo no mayor a mes y medio.
Camaradas, esta historia está lejos de haber visto su fin. Deséenme un hígado sano y larga vida para volver pronto a este espacio con historias de su interés; por lo pronto, voy por unas cañas, joé.