Maricela Rosales · 18 de julio de 2011
Sí; Se puede uno confundir fácilmente, sobre todo si eres cinéfilo de hueso colorado, pero en este caso hablaremos de los rincones de ese lugar fantástico, pariente de la Tierra de Nunca jamás en la que vivía Peter Pan y del País de Oz de cuyo famoso mago seguro que te acuerdas. No se puede viajar en tren, en avión ni en barco: sólo leyendo o viendo las secuelas en la comodidad de una butaca de cine.
En la Tierra de la Magia hay cosas muy distintas a las que conocemos en nuestro mundo, pero también muchas otras que nos resultan sumamente familiares. En nuestro planeta, por ejemplo, no hay una manta que haga invisible y conceda poder a quien lo lleva, aunque hay en cambio una cosa llamada “ambición” que se le parece bastante.
También la ambición nos emborracha con una especial sensación de superioridad y borra a los otros de nuestra vista, de tal modo que dejamos de ver a nuestros semejantes y creemos que ellos tampoco pueden vernos como lo que somos. Pero si seguimos ese camino acabamos no siendo dueños de nada, ni siquiera de nosotros mismos, porque estamos miserablemente poseídos por el ciego afán de poseer. De modo que cuando leemos o vemos la última aventura del jovencito Harry Potter entendemos muy bien lo que le ocurrió al mago Voldemort, porque sabemos que la ambición nos arrastran finalmente a la misma angustia y a la misma soledad.
Algo que me fascina del cine es la similitud de analogías que se representan en los filmes. Supongo que ya te habrás dado cuenta de que los humanos somos especialistas en hacernos daño unos a otros. Atacamos a nuestros semejantes con cualquier pretexto… ¡y a veces sin pretexto alguno, sólo por fastidiar!. De todos los motivos que suelen darse para explicar esas agresiones (ambición, orgullo, miedo al prójimo…) el más implacable y terrible de todos es la venganza.
El deseo de venganza resulta casi una enfermedad, una fiebre que el termómetro no sabe medir pero que trastorna más que cualquier otra calentura.
Lo peor es que la venganza siempre quiere causar un daño mucho mayor que el que le hicieron antes a uno. En el fondo, el vengativo se considera infinitamente mejor que todos los que le rodean, y cualquier ofensa trivial, por pequeña que sea, le resulta insoportable. “¡A mí! -dice por dentro, loco de rabia- ¡Hacerme eso a mí!”.
Y todo le parece poco para castigar a quien se ha atrevido a fastidiarlo, incluso aunque el otro lo haya hecho sin querer. Según cuentan, Caín mató a su hermano Abel para vengarse porque pensó que todos le querían más que a él. Abel no tenía ninguna culpa de eso, pero… ¡vete a contárselo a Caín!. El colmo de la venganza ridícula (y todos los vengativos son un poco ridículos, a fin de cuentas) es un chiste que leí hace tiempo. Un marido de cara feroz mira a su mujer y gruñe: “¡Qué fea eres! ¡Me vengaré!”.
La venganza es horrible porque una vez puesta en marcha nadie puede pararla: yo me vengo de ti, tu hijo se venga de la venganza que has sufrido, un amigo mío se venga de tu hijo, un amigo de tu hijo se venga de mi amigo… Y esa rueda perversa no acabará hasta que alguien sea capaz de perdonar o de olvidar. ¿No crees que sería mejor haber empezado por ahí?.
En gran medida, el encanto Harry Potter -aparte de sus no sé cuántos títulos- se debe a la fascinación de su personaje principal y de la fantasía asegurada por lo que llamamos Magia de otro mundo. Y es que hoy en día cientos y miles o millones de personas se han vuelto grandes soñadores (no nos queda de otra, si mirar nuestra realidad nos aterra).
Por ejemplo tú, seguro que has soñado alguna vez con vivir en otra época, sea en el futuro o en el pasado. Si lo que te gustaría es vivir en el futuro, eso tiene arreglo: cuando acabes de leer esta línea ya estarás en el futuro respecto al momento en que la empezaste.
Vivir es ir entrando poco a poco en el futuro, día tras día, y descubrir sus novedades, a veces asombrosas. Verás, yo utilicé una computadora no cuando estaba chiquita, sino ya bastante crecidita, recuerdo la primera vez que me la pasé dibujando caritas y casitas en Paint. Hoy en día las increíbles herramientas de diseño no terminan por sorprenderme. De modo que no te preocupes, el futuro vas a conocerlo… dentro de un rato. En cambio, el pasado ya es más difícil de conquistar.
Ni tú ni yo sabremos nunca cómo se vivía cuando las casas no tenían electricidad ni agua corriente (¡aunque pensándolo bien bastaría con darnos una vuelta por una zona desfavorecida de nuestro país! y mira que nos sobran), cuando aún los europeos no habían llegado a América, cuando se viajaba a pie o en caballo, pero no en avión, etc…
Y lo que más nos sorprende es que la gente de esas épocas no imaginaba que tales inventos pudieran existir y por lo tanto no los echaba de menos. ¡A lo mejor no son tan imprescindibles como hoy creemos!.
Pero bien, tenemos a Harry, ¡sí! El Potter, la magia, y pues en esta historia se refleja algo importante, por lo menos para mí, y es, que los hombres se vuelven verdaderamente humanos gracias a la amistad. De todos los inventos geniales que ha hecho nuestra especie, el más genial y el más importante de todos es la colaboración amistosa entre los hombres, o tú ¿que crees?.
Te dejo un video para provocarte una ligera sonrisa y hasta la próxima.