Hank y el debido proceso

Alejandro Martí · 8 de junio de 2011

Hank y el debido proceso

La detención de Jorge Hank Rhon tiene muchas aristas delicadas.

 

Ya los expertos se encargarán de comentar si existían las condiciones de flagrancia como para poner en riesgo la credibilidad del Ejército, si como algunos dicen el caso tiene un trasfondo político o si fue simple y llanamente una coincidencia y un trabajo eficiente de la autoridad que atendió una denuncia ciudadana.

 

Para el que esto escribe y para las organizaciones que desde la sociedad civil hemos impulsado la implementación y correcta aplicación de la reforma penal judicial, lo más importante es que se respete el debido proceso y que independientemente de las consideraciones políticas que seguramente surgirán –más allá del resultado– el asunto jurídico se resuelva con la mayor transparencia posible.

 

Nuestras instituciones de procuración e impartición de justicia ya tienen suficiente descrédito, como para que por la razón que sea les carguen otro milagrito. Con este caso la Procuraduría General de la República tiene una prueba de fuego para sustentar debidamente las acusaciones y ofrecer, en la medida que la ley lo permite, toda la información posible que ayude a disipar suspicacias.

 

Esto es particularmente importante porque, a pesar de que el señor Hank Rhon tenga un grave problema de reputación y que pareciera que todo mundo tiene algo que decir de él, merece un proceso legal impecable como el que todos merecemos y aspiraríamos tener, en el caso de tener que enfrentar alguna acusación penal.

 

No nos hemos cansado de decirlo y lo repetiremos cuantas veces sea necesario hasta que las autoridades muestren más voluntad política para echar a andar como se debe la reforma penal: Mientras se mantenga el actual estado de cosas en el sistema judicial, la corrupción y la injusticia seguirán siendo una constante.

 

Hasta el más “impresentable” de los personajes merece un juicio justo y un proceso penal apegado a la Ley, y lo merece como lo merece cualquier otro, usted que lee esto, yo, o los editores de esta página, porque nadie está exento de caer en los tribunales o de tener que resolver un problema judicial.

 

Como diría la célebre Meditación 17 de John Donne, que Ernest Hemingway usó para abrir su célebre Por quién doblan las campanas: “Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quién doblan las campanas: doblan por ti”.

 

Por eso, y por la credibilidad de nuestras instituciones, insistiremos en que se respete el debido proceso y se aplique al 100 por ciento la reforma penal judicial. Es un mandato constitucional que todos debemos observar y exigir.