Estereotipos, Halloween y las historias incompletas que se cuentan a los hijos

blogeditor · 3 de noviembre de 2015

Estereotipos, Halloween y las historias incompletas que se cuentan a los hijos

The single story creates stereotypes. And the problem with stereotypes is not that they are untrue, but that they are incomplete. They make the one story become the only story.

Chimamanda Ngozi Adichie

 

Desde que nos convertimos en papás de una niña, el Señor y yo nos hemos dado cada vez más cuenta de la (muy) poca diversidad en la oferta de artículos para niñas, sobre todo en cuanto a la ropa. Él es un súper fan del grunge. Yo soy una feminista que ve el género hasta en la sopa. Pobre de nuestra hija, pensarán; pero ni modo. La cosa es que por como somos, probablemente le dedicamos más tiempo que otras personas a buscar artículos infantiles que no promuevan estereotipos de género. Antes de seguir, sepan, queridos lectores, que no tenemos una guerra en contra de lo rosa y los corazones. Sólo queremos diversidad en el mundo que rodea a nuestra hija. Y no la hemos encontrado en el departamento de niñas.

Nuestro monstruo (¿monstrua?) tiene dos años. Su color favorito es el azul. Le gustan los pingüinos, Rapunzel, Alondra de la Parra, y su diadema que parece corona. Los parques, la luna y las estrellas, brincar en los charcos y los libros. Le encanta hacer torres, recoger ramitas, los caracoles, y pintar. Ve Peppa Pig, los canticuentos colombianos, Yo Gabba-Gabba y los conciertos de la Orquesta Sinfónica Nacional más o menos por igual. Le gusta jugar a cocinar, a correr, a pintar y a brincar. Disfruta mucho sus clases de natación, oír a Café Tacvba, a Belle and Sebastian y a Cri-Cri. De nuestra parte, tratamos de mostrarle la gama infinita de gustos, colores y sabores que hay por oír, ver, disfrutar.

[contextly_sidebar id=”FXpdmGJC08lwD5xHXhrWRt8Vh9DYHRQ2″]Lo mismo con su ropa y sus juguetes. Y con los disfraces. Ay, ¡los disfraces! Todo esto de la diversidad y los estereotipos de género se me acentuó ho-rri-ble cuando empecé a buscar disfraces para Halloween. ¡Híjole! Parecía que tenía de dos: o princesa o hipersexualización (¿qué onda con los disfraces de pirata y de brujita súper sexis para bebés?). Me enojé mucho y le dije a todo el que pude lo aberrante que es la oferta a mi alrededor en cuanto a disfraces para niñas. Así es que cuando le pregunté a Monstrui de qué quería disfrazarse, y me dijo que de Alondra de la Parra (¡Alondra de la Parra!), ufffff: #mamáfeminista #superorgullosa #rolemodels #girlpower y todo lo demás.

Soy ñoñísima, ya sé. Después, para el segundo Halloween escogió ser un pingüino, y me encantó también. Fue la pingüina más buena onda del mundo y una Alondra de la Parra espectacular. Que conste que ya aclaré allá arriba que como familia vemos y leemos de todo: princesas, tigres, monstruos, personas comunes y corrientes. La cosa es la oferta. No está bien Está fatal que lo que vemos (ellos como niñas y niños y nosotros como mamás y papás), esté tan limitada a aquello que promueve y fortalece los roles tradicionales de género. Como bien dice Chimamanda (léanla, es lo máximo), la cosa con los estereotipos es que son historias incompletas, que se convierten en las únicas historias.

O sea, si nuestras hijas ven que lo que las niñas pueden ser es lindas y tiernas y bonitas, van a entender el “ser niña” como eso. Y nada más. Se van a perder de que las niñas también podemos ser inteligentes y aventureras. Y fuertes. No van a escalar árboles, ni ensuciarse plantando un árbol con las manos, ni entrar corriendo con una lombriz en la mano para asustar a alguien. Tal vez ni siquiera piensen que pueden escribir un libro o viajar solas para conocer el otro lado del mundo o escalar una montaña muy alta. No van a darse cuenta que podrían ser astronautas, o salvar al mundo de la próxima epidemia. Tampoco va a estar entre sus planes construir un puente que nunca nadie se ha imaginado o dirigir una orquesta. Porque el mundo a nuestro alrededor no deja de gritarle a nuestras niñas que sólo pueden ser ciertas cosas y vestirse de ciertos colores. Y esas son mentiras.

Seguramente, muchos de ustedes ya leyeron el artículo que publicó hace unos días el New York Times, acerca de las “etiquetas” de género en productos infantiles – sobre todo juguetes. Si no lo han leído, pueden hacerlo aquí. El artículo hace una buena recopilación de los avances que ha habido en materia de “desgenerizar” los artículos en los Estados Unidos. En cuanto al público infantil, Amazon y Target ya no categorizan los juguetes por género, y las tiendas de Disney en ese país ya no establecen si un disfraz de Halloween es para niño o para niña, sino que lo anuncian como “infantiles”.

Estos avances, si bien parecen discursivos, son importantes. Porque nos dan más opciones. Y porque implícitamente, normalizan que una niña se vista de azul y sin brillitos, que se disfrace de superhéroe, o que decida que no le gustan los ponis ni el rosa. Poco a poco, el discurso normaliza también que un niño compre y juegue con una muñeca sin que su papá diga que esas son “cosas de vieja”. Estos “pequeños” cambios tal vez nos permitan observar sin etiquetas – al menos sin etiquetas físicas, y con un poco de suerte, nos faciliten decidir si queremos usar algo o no por razones que van más a allá de un estereotipo de género. El discurso, con el tiempo, normaliza que todas y todos tengamos opciones, y que seamos capaces de ser lo que queramos ser: todos los días o para Halloween. Y es este discurso el que, eventualmente, nos permitirá contar muchas historias.

***

Para que mi hija de dos años se vistiera de Alondra de la Parra, tuvimos que comprar un traje de catrín para niño, y adecuarlo. Y hacerle su batuta, obvio. Porque no hay disfraz de directora de orquesta en NINGÚN lado. Ok, escogió algo difícil. Pero en los departamentos y secciones de “niña”, tampoco hay disfraces de piloto de avión (¿pilota?), ni de astronauta, ni de constructora. Y hay muy, muy pocos de superhéroes mujeres. En lo personal, me vale comprarle ropa de “niño” a mi hija, pero me pregunto cuántos de ustedes se sentirían cómodos comprando ropa para sus hijas en el departamento de niños, o comprando ropa para sus hijos en el departamento de niñas. Tal vez si la oferta estuviera mezclada, sin etiquetas, no pensaríamos que los disfraces de astronautas son sólo para niños.

 

* Irma Uribe Santibáñez (@irmolauro) es mamá y Coordinadora de Proyectos en Fundación IDEA