Redacción Animal Político · 21 de diciembre de 2022
María tiene 10 años y vive en una pequeña colonia llamada Fovissste, localizada en el poniente de la ciudad de Mérida, Yucatán. María y sus amigas solían encontrarse por la tarde para jugar fútbol en uno de los tres parques públicos de su colonia, que les quedaba a solo una cuadra de su casa. Sin embargo, este parque se encuentra cerrado desde antes de la pandemia por falta de mantenimiento, obligando a sus vecinos a desplazarse hacia otros espacios públicos o encontrarse en el centro comercial. Como a María y sus amigas no las dejan ir solas tan lejos, han abandonado su pasatiempo favorito.
Figura 1. Mérida es una de las ciudades que cuenta con mayor cobertura de parques y espacios públicos en México (Exploradores de la Ciudad, 2022).
No se trata de un caso aislado en Mérida, ya que, según nos cuenta una vecina de la colonia, solo los parques más grandes (donde tradicionalmente salen a pasear las familias los domingos) suelen recibir mantenimiento, dejando de lado la infraestructura comunitaria de las colonias, fundamental para la recreación cotidiana de niños, niñas y adolescentes.
Los espacios públicos para el juego se enfrentan a una condición generalizada de escasez y abandono en todo el país, que profundizan la desigualdad y la segregación espacial hacia quienes han sido histórica y sistemáticamente vulnerados en las ciudades: las niñas y los niños. Otros ejemplos de la poca importancia que reciben estos espacios son las barreras arquitectónicas o normas de uso que contravienen los derechos de la infancia en México, como los letreros de “No pise los jardines” o “Prohibido jugar pelota”.
Figura 2. Letreros ubicados en la Plaza Carlos Pacheco, Centro Histórico de la Ciudad de México y la Plaza Vasco de Quiroga, Pátzcuaro, Michoacán.
La pérdida paulatina de la infancia en la ciudad obedece a dos fenómenos descritos anteriormente en este espacio: la motorización de las ciudades y el adultocentrismo. En resumen, la llegada de los vehículos motorizados a la ciudad provocó el rediseño de las calles para permitir el libre tránsito de los automóviles a altas velocidades de circulación (Liga Peatonal, 2020). Esto alteró para siempre la vida urbana y a la larga provocó un gran número de accidentes de tránsito. Actualmente, en México mueren cada día 40 personas en siniestros viales, de estas, 16 son peatonas y 6 son menores de edad (STCONAPRA, 2022).
No hay que perder de vista que venimos de una sociedad y un Estado que históricamente han conceptualizado a las niñeces como sujetos de proteccionismo, como resultado de una expresión adultocéntrica, es decir, con una serie de mecanismos y prácticas que subordinan a las personas jóvenes (Vásquez, 2013). Esta actitud frente a la niñez se materializa en la proliferación de espacios de juego en lugares residuales de la ciudad y con un diseño que no responde a las dinámicas de juego de las niñeces. Cómo diría Tonucci (2005) “son espacios diseñados para los padres que no saben dónde dejar a sus hijos, en vez de satisfacer las necesidades reales de los niños y las niñas”.
En el ámbito legislativo, México cuenta con un robusto marco de derechos de la infancia en donde el derecho al juego y al esparcimiento tienen un papel preponderante; sin embargo, el 35% de las zonas urbanas no tienen acceso a espacios públicos a una distancia caminable (ONU-Habitat, 2019), y lo que es peor, no existen datos públicos oficiales sobre el abastecimiento de infraestructura para el juego a nivel urbano.
De igual forma la Constitución Mexicana estipula que “el Estado deberá velar en todas sus decisiones por el principio del interés superior de la niñez”; aunque no se explica claramente a qué decisiones se refiere y esta ambigüedad favorece su exclusión de los procesos de diseño e implementación de políticas públicas urbanas.
A pesar de que en México casi el 80 % de las niñas, niños y adolescentes habitan en entornos urbanos, existe una desconexión de las niñeces con los ámbitos normativos y operativos de la ciudad. Esto preocupa si consideramos que la población urbana no va en decrecimiento, y que cerca del 20% de estas niñeces habitan en entornos urbanos catalogados con Alta y Muy Alta marginación según datos de INEGI y CONAPO (Monroy, 2022).
Como consecuencia, nuestras niñas, niños y adolescentes han adoptado un estilo de vida sedentario. La Organización Mundial de la Salud recomienda realizar al menos 60 minutos de actividad física diaria, sin embargo, el 85 % de las personas entre 10 y 14 años de nuestro país no cumple con la recomendación de la OMS y en promedio solo realizan 25 minutos diarios de actividad física. La falta de espacios abiertos donde moverse libremente contribuye al gran problema de obesidad infantil en México, ya que 3 de cada 10 niños en edad escolar padecen sobrepeso u obesidad (INSP, 2019).
Por todo esto, Exploradores de la ciudad A. C. creó el proyecto Hackeando la ciudad, que busca promover el derecho al juego en los entornos urbanos que tienen las niñas y los niños, a través de tres etapas: 1) Mapeo, 2) Acción legal y 3) Activación lúdica.
En este momento el proyecto se encuentra en la primera etapa, con el lanzamiento de una campaña nacional para buscar que personas de todos los rincones del país ayuden a tomar fotografías de algún espacio público donde, de alguna manera, se prohíba el juego. Queremos ubicar letreros de “prohibido jugar”, “prohibido jugar a la pelota”, “prohibido el paso a niños”, “prohibido pisar el pasto” o algún impedimento físico como rejas en espacios públicos que limiten el libre ejercicio de este derecho.
Todas las fotografías que se envíen a Exploradores de la ciudad junto con su ubicación (calle, número, código postal, ciudad y municipio) van a ayudar a nutrir un mapa colectivo que servirá como insumo para la etapa 2: la acción legal.
Necesitamos toda la ayuda posible para poder llevar a cabo el mapeo, construir una agenda pública en torno al derecho al juego y transformar nuestras ciudades mexicanas en entornos jugables para todas las personas.
Participar es muy sencillo, solo sigue los siguientes pasos:
1) Ubica el espacio público que prohíba el juego de alguna forma (letrero, barrera física, dinámicas adultas)
2) Registra mediante una fotografía la prohibición y el espacio público en cuestión.
3) Envía la fotografía junto con la dirección del espacio (calle, número, código postal, ciudad y municipio) a las redes sociales de Exploradores de la ciudad (nos encuentras con ese nombre en Facebook, Instagram o Twitter), o al correo electrónico: [email protected]
Figura 3. Pasos para apoyar en el proyecto #HackeandoLaCiudad
* Jerónimo Monroy (@jerome_arq) le gusta nadar, andar en bici y caminar las ciudades. Busca impulsar el diseño y la implementación de proyectos para que niñas y niños se reconozcan en el espacio urbano, explorándolo y tomando conciencia de él desde una perspectiva del derecho a la ciudad y a la participación. También es maestro en Urbanismo por la UNAM con especialización en Gestión Urbana y Políticas Públicas. Se ha especializado en métodos participativos para el diseño de espacios urbanos desde la inclusión de las niñas y los niños desde la organización Exploradores de la Ciudad A.C. @ExploradoresCd. Aldo González (@aldo_banqueta) es arquitecto, urbanista y activista peatonal. Fundador del colectivo La Banqueta se Respeta, coautor de la metodología Caminito de la Escuela y secretario general de Liga Peatonal (@LigaPeatonal).
Referencias