blogeditor · 27 de enero de 2016
Repartir tablets no es la solución. No puede confundirse el medio con el fin.
Estoy regresando del foro internacional “Mujeres en la Economía del Conocimiento y la Innovación” que se llevó a cabo el 25 y 26 de enero en Mérida, Yucatán, el cual se inscribió en el marco de la conmemoración de los 100 años del primer Congreso Feminista que tuvo lugar en la misma ciudad.
A lo largo de dos días fuimos convocadas y nos reunimos personas provenientes de diversos sectores de la sociedad, principalmente del sector público, privado y sociedad civil, a conversar y proponer acciones en torno a este tema. El enfoque multisectorial resultó provocador y creativo para sentar en la misma mesa a personas que abordaron la temática de la igualdad de género desde el muy particular ángulo de la economía del conocimiento y la innovación. Aplaudo la iniciativa y la propuesta.
[contextly_sidebar id=”Z3cQBeDbjjw40gy9aivtpjFoCWrSWcqW”]En ese contexto, me tocó participar en el panel “Educación y conocimiento. Un piso parejo” en el cual mujeres provenientes del sector académico, el espacio público, el internacional y la sociedad civil dialogamos sobre las condiciones necesarias para que las mujeres participen en condiciones de igualdad, con un piso parejo, en la economía del conocimiento y la innovación.
Centré mi participación en la brecha digital y me pareció relevante hacer énfasis en tres elementos:
Sin duda, son muchas las acciones que deben tomarse y traducirse en políticas públicas, en prácticas corporativas y en mejores prácticas intersectoriales para acabar con las brechas que evitan que exista un piso parejo para mujeres y hombres en la economía del conocimiento.
La brecha digital es un obstáculo para el desarrollo y la inclusión, y debe abordarse desde una óptica integral. Definitivamente, la solución no es repartir tablets ni teléfonos inteligentes. Hacerlo es un medio, no un fin. Acompañar el medio con acciones tecnológicas y no tecnológicas para apoyar a las mujeres y a las niñas a apropiarse de las tecnologías de la información y la comunicación en su vida diaria es un primer paso. A las muchas marginaciones que viven las mayoría de las mujeres en el mundo, no podemos sumar ni dejar que se instale permanentemente la marginación digital. Perdemos todas y todos.
El mundo necesita urgentemente el talento femenino para encontrar soluciones a los nuevos desafíos. Necesitamos hackear la brecha digital.
