blogeditor · 23 de agosto de 2012
Algunas cifras de estos juegos olímpicos: ¡siete medallas, una de oro, tres de plata y tres de bronce! El 70% de ellas conseguidas por mujeres, que no llegaron a ser ni el 50% de la delegación mexicana. Todas las medallas con un gran valor, todas con un gran honor. Las dos platas de clavados fueron ¡extraordinarias! ¿Por qué no el oro? Porque ese siempre trae un made in China grabado, porque los chinos están bárbaros, porque en promedio al entrar al agua salpican poco menos de 100ml de agua y en contadas ocasiones alguien se las quita, como el caso de la plataforma de diez metros varonil, donde el estadounidense tuvo que llevar el último clavado al punto en que solo obteniendo 102 puntos, el chino Qiu Bo le quitaría el oro, y el chino metió un clavado de 100 puntos.
A ese extremo de perfección debe llegar quien le quite la medalla a un chino en clavados, o a una coreana en tiro con arco y Mariana Avitia y Aída Román lo intentaron, Mariana dejó fuera de las medallas a una de las dos coreanas y Aída empató el oro con la campeona olímpica en aquella final de suspenso y nervio donde ambas tiraron lo mismo, pero las reglas son claras y son para todos, en caso de empate, quien esté mas cerca del centro, gana, y la mexicana estaba 1 cm más lejos del final perfecto, pero a tiro de piedra del final feliz.
El bronce de Laura Sánchez tiene un mensaje importante. Laura ratifica el talento que siempre tuvo para los clavados. En sus terceros juegos se cuelga una medalla y la gana con una diferencia de .20 puntos sobre la Italiana Cagnoto, que en el último clavado falló. Falló como lo hacían siempre los nuestros y como durante gran parte de su carrera el sistema federado le falló a la propia Laura, pero como no lo hizo ahora allá.
El bronce de María Espinoza en Tae Kwon Do, fue el más dramático de todos. La abanderada de la delegación Mexicana, pero también de una nueva generación que no se cae sin dar pelea, que no se justifica, sino que se arriesga que primeros asume y después presume. María abanderó eso y algo más, un orgullo de ser mexicana, así salió llevando la bandera, qué alegre iba María, se veía hermosa porque es sana, porque es leal, porque es joven, porque iba feliz y porque lo es, pero le cuento que fue maquillada, arreglada y peinada, no por un equipo especializado, sino por un grupo sensibilizado. Sí, a María le echaron montón sus compañeras, gimnastas, clavadistas, entrenadoras, atletas. ¡Píntate así, péinate asado, súbele acá, pásame el gel y ponte tus moños! literal. Corría la segunda semana olímpica, inicio del Tae Kwon Do, María gana su primer combate y en el segundo, ganando por dos puntos en el ultimo round y con escasos segundos, su rival vuela una patada a la cara de María que le anota tres puntos, la regla permite pedir revisión, ésta se hace, las tomas indican que ni la rozó siquiera y aun así la patada le cuenta a la Serbia, que ninguna culpa tiene. María tiene entonces que asumir la derrota, procesar la injusticia y aspirar al bronce. Muchas lecciones en muy poco tiempo ¿no le parece? La Serbia avanza a la final, María sigue en la pelea. Golpes prohibidos y dolores adquiridos vienen en los siguientes dos combates para la que al obtener el bronce con mucha raza, se convirtiera en la mujer mas triunfadora del deporte mexicano. La medalla fue de bronce, pero hablando en plata María del Rosario Espinoza no es de las que se cuelga de la bandera, es de las que se aferra a las medallas y eso la hizo merecer la bandera.