Guía básica para entender al Estado Islámico y sus ataques

blogeditor · 18 de noviembre de 2015

Guía básica para entender al Estado Islámico y sus ataques

Después del horror viene la sorpresa y, justo detrás, los dedos se levantan para señalar culpables. El 13 de Noviembre era un viernes que transcurría con naturalidad hasta que la capital francesa se convirtió en una repentina carnicería. Toque de queda, cierre de fronteras, estado de emergencia, el ejército a las calles –un escenario propio de un tiempo tal vez remoto en el que los hombres se mataban hasta eliminar generaciones enteras. La última vez que en París se perdieron tantas vidas en un día, Europa peleaba una de las guerras más sangrientas que la humanidad haya conocido. La última vez que el gobierno Francés implementó estas mismas medidas el año que corría era 1944.

Un hombre rinde homenaje a las víctimas de los ataques terroristas de París en Niza, en el sureste de Francia, el 16 de noviembre de 2015. // Foto: AP/Lionel Cironneau.
Un hombre rinde homenaje a las víctimas de los ataques terroristas de París en Niza, en el sureste de Francia, el 16 de noviembre de 2015. // Foto: AP/Lionel Cironneau.

A escasas horas de diferencia, en Bagdad, murieron 18 personas y al menos 40 resultaron heridas en un ataque suicida durante un funeral chiita. Un día antes, un barrio al sur de Beirut fue destrozado en un ataque terrorista que dejó más de 40 muertos y centenares de heridos. Hacía más de 25 años, desde la guerra civil en 1990, que Líbano no experimentaba un ataque de semejante magnitud. Líbano, un lugar en el que mantener la paz es casi un milagro; un país que colinda al sur con Israel y al norte con Siria, un país de múltiples y complicadas divisiones étnicas y religiosas.

Adraa Taleb sostiene la mano de su sobrino Haidar Mustafa, de 3 años, quien resultó herido por un doble atentado suicida el día anterior, en el hospital Rasoul Aazam en Beirut, Líbano, el viernes 13 de noviembre de 2015. El ataque en el sur de Beirut dejó 43 muertos y más de 200 heridos. // Foto: AP/Bilal Hussein.
Adraa Taleb sostiene la mano de su sobrino Haidar Mustafa, de 3 años, quien resultó herido por un doble atentado suicida el día anterior, en el hospital Rasoul Aazam en Beirut, Líbano, el viernes 13 de noviembre de 2015. El ataque en el sur de Beirut dejó 43 muertos y más de 200 heridos. // Foto: AP/Bilal Hussein.

En tres eventos, que podrían haber parecido aislados, hay un elemento en común: sus autores. Pocas horas después de los ataques en Beirut, Bagdad y París, el Estado Islámico (EI) -conocido como ISIS por sus siglas en inglés (Islamic State of Iraq and al-Sham)- se adjudicó la autoría de la totalidad de los atentados.

Para entender el trasfondo de estos sucesos y no caer en peligrosas generalizaciones que nos lleven a sesgadas conclusiones, es necesario esclarecer muchas dudas y mitos.

¿Terrorismo? Sí, pero no del tipo al que estábamos acostumbrados

Muchos años han pasado desde aquel horrible martes de septiembre en el que el mundo entero vio a las Torres Gemelas de Nueva York desplomarse ante sus ojos. Hasta ese entonces, el terrorismo seguía siendo para muchos un fenómeno que estaba contenido por las fronteras de cierto país y cuyo propósito era principalmente la reivindicación nacional. El 11 de Septiembre marcó el debut del terrorismo moderno, que además de sus cambios técnicos y operativos, presentaba un elemento completamente nuevo: la religión. Sin embargo, las cosas han cambiado mucho desde aquel entonces y el terrorismo que fue no es nada similar al terrorismo que es. El 9/11 trajo al imaginario colectivo la idea de que los ataques terroristas eran operaciones importadas de países lejanos en el que individuos de cierto perfil, que se veían de cierta manera, y que poseían una astucia que escapaba las capacidades de las agencias de inteligencia más prestigiosas del mundo, eran capaces de violar los controles de seguridad más estrictos para detonar bombas a miles de pies de altura y aterrorizar al mundo entero.

[contextly_sidebar id=”GAnm3ZMkGsSR8LHXnPvtj7Ewgg9MWeMT”]Hoy en día, los supuestos terroristas son personas que se visten como cualquier hombre o mujer occidental, fueron a la universidad y han nacido y crecido en las ciudades que ellos mismos han atacado. De los ataques de París, todos los sospechosos tenían nacionalidades europeas. Los rápidos cambios del siglo XXI y la evolución de las redes sociales ha revolucionado la manera en la que opera el terrorismo. Ya no es necesario exportar terroristas de ningún lado, en la actualidad basta con poder mandar un WhatsApp a un joven que vive a escasas cuadras de una sala de conciertos, un restaurante o un estadio de fútbol para desatar una verdadera pesadilla. En su último reporte sobre terrorismo el Consejo de Seguridad declaró que más de la mitad de los países del mundo estaban produciendo terroristas domésticos, siendo Francia el país occidental con el nivel más alto.

¿Qué es el Estado Islámico?

El Estado Islámico (EI) es un grupo militante de extremistas islamistas de corte sunita que opera principalmente en Siria e Irak. La intención primordial de esta organización es la redención y purificación del islam y la creación de un verdadero Estado Islámico -un califato- en donde se aplique de la manera más estricta la ley islámica o sharia. En el islam, un califato es mucho más que un estado que se rige bajo los preceptos islámicos. La palabra califa significa “sucesor” del profeta Mahoma. En otras palabras, el líder del califato es el sucesor legítimo del profeta y consecuentemente de Alá, por lo que sólo puede existir un único califato que reúna a todos musulmanes del mundo. El último califato formalmente reconocido se acabó con la caída del Imperio Otomano. Sin embargo, el 4 de julio de 2014 el jihadista iraquí Awad Ibrahim al-Badri al-Samarrai, mejor conocido como Abu Bakr al-Baghdadi, anunció que se convertiría en el califa Ibrahim, líder del Estado Islámico.

Originalmente, el EI era la rama de Al-Qaeda en Irak y contaban con el apoyo de la minoría sunita en la zona, pero debido a la brutalidad de sus actos esta célula perdió el apoyo de dicha minoría. Posteriormente, con la intervención de tropas norteamericanas y la ayuda de milicias sunitas aliadas se logró expulsar a dicha rama de Al-Qaeda de Irak. Más tarde, este grupo comenzó a reagruparse y a involucrarse de manera particular en la lucha contra el régimen del presidente sirio, Bashar al-Assad. Sus tácticas en Siria fueron tan violentas y represivas, y sus intereses tan ambiciosos, que Al-Qaeda decidió romper lazos con ellos. Al día de hoy el Estado Islámico posee una fuerza de entre 20 mil y 32 mil combatientes ampliamente armados y un territorio mayor a la superficie del Reino Unido.

¿Cual es la diferencia entre sunismo y chiismo?

En un principio, los musulmanes eran un grupo único liderado por el profeta Mahoma. Tras la muerte de éste, la comunidad musulmana sufrió una serie de conflictos que derivaron en un cisma del cual surgieron dos ramas principales: sunitas y chiitas. Una de las diferencias fundamentales es que para los primeros el sucesor del profeta debía ser elegido por sus seguidores, mientras que los segundos consideraban que el liderazgo debía permanecer dentro de la familia del profeta. Los sunitas, el grupo mayoritario, eligieron a Abu Bakr, suegro de Mahoma como su califa o jefe de Estado. Por su parte, los chiitas no reconocieron esta decisión y escogieron a Alí, yerno de Mahoma, como su líder. Para ejemplificar estas divisiones en el mundo actual, se puede poner en contraste a Irán, principal exponente del chiismo, y a Arabia Saudita, país que pertenece a la rama sunita, en donde se encuentran La Meca y otros lugares sagrados del islam.

¿”Estado” e “Islámico”?

Una cosa es decir que ISIS no es representativo del islam del mundo moderno, lo cual es cierto, y otra cosa muy distinta es decir que el EI no es islámico. En marzo de este año Graeme Wood escribió un artículo en The Atlantic en el que explicaba la razón de ser del Estado Islámico y sus principales diferencias con Al-Qaeda. Una de estas diferencias es la manera en la que un grupo y otro viven su religión. Bin Laden, como explica Wood, era un personaje del mundo secular, líder de una organización cuyas reclamaciones eran principalmente políticas y para quién el islam era una religión que podía convivir en la civilización moderna.

Al-Qaeda existía de manera clandestina, dividido en distintas células que operaban de manera autónoma sin necesidad de tener una organización vertical definida, ni un territorio para sobrevivir. Por su parte las motivaciones del EI son principalmente religiosas, éste fundamenta su razón de ser en una aplicación ultra ortodoxa del Corán y necesita de un territorio para justificar su existencia. La importancia del califato reside en que es una de las condiciones del islam para que sus leyes puedan ser llevadas a cabo. Más de la mitad de las escrituras no pueden cumplirse si no existe un califa que las aplique y un territorio en donde éstas puedan aplicarse.

Por otra parte, a diferencia de Al-Qaeda, el EI tiene la intención de purificar el islam y la misión apocalíptica de librar al mundo entero de los infieles y de los apóstatas. Esta última definición merece especial atención; en su aplicación ultra radical de las escrituras, el Estado Islámico ha decidido adoptar una versión ampliada del takfir o excomunión. El takfir es la doctrina mediante la cual un musulmán condena a otro por cometer apostasía, es decir, negar su fe. Es importante notar la diferencia entre un pecador y un apóstata: un pecador puede ser redimido mientras que la apostasía se paga con la muerte. La autoridad máxima para declarar que alguien ha cometido apostasía es el califa. La tarea es tan estricta que incluso el mismo califa puede ser acusado de apóstata si se muestra laxo o indiferente ante quienes cometen dicho crimen. Este elemento explica en gran medida los niveles de intolerancia del Estado Islámico ante cualquier elemento que sea ajeno a él.

El problema con esta visión del mundo, es que sus implicaciones son aterradoras. En realidad, el EI no está librando una batalla contra Occidente únicamente, como muchos han insistido en creer, la batalla es contra todos aquellos que han perdido el camino de la fe -musulmanes y no- y que se rehúsan a regresar al camino del verdadero islam, según la interpretación medieval de las escrituras por parte de los líderes ideológicos del Estado Islámico. De manera similar, el EI ha promovido y alabado la idea del martirio como la forma última última de glorificación y redención. Cuando un joven jihadista se inmola durante un ataque terrorista, automáticamente se vuelve un mártir que contribuye a la purificación del mundo y se gana un pase directo al paraíso.

Es preciso hacer hincapié en que dentro de las posibles causas de apostasía está incluida la negociación o cualquier tipo de reconocimiento a un régimen que no sea el establecido por el Corán. Lo que esto significa es que por principio el EI tiene prohibido negociar con cualquier gobierno o pertenecer a alguna organización internacional que se declare superior al régimen de éste y profese una ley que no sea la sharia. Esto dificulta cualquier posibilidad de llegar a un acuerdo con el EI mediante los medios que el sistema internacional y la diplomacia moderna ofrecen. La apropiación de territorio es fundamental para aplicar la sharia y concretar el proyecto de instaurar un califato global. El EI tiene una política exterior basada en la lucha ofensiva, el terror y la muerte de todos los infieles. Una cosa es cierta, el EI ha entendido la lucha sostenida con la coalición liderada por Estados Unidos como la batalla final entre el islam que predican y aquellos considerados como los responsables de la desacralización y la desvalorización de éste alrededor del mundo.

¿Por qué Líbano y París?

Anteriormente, ISIS se había enfocado principalmente en defender su territorio más que en lanzar ataques terroristas al extranjero. Sin embargo, en los últimos días, frente a los bombardeos de la coalición dirigida por Estados Unidos, de la cual Francia es miembro, el EI ha perdido aproximadamente un 25 por ciento de su territorio. Puede ser que al sentirse rebasados por fuerzas militares extranjeras no sepan cómo reaccionar y por lo mismo hayan recurrido a esta serie de ataques. Tal vez esta táctica tenga la intención de mostrarles al resto de sus enemigos los costos de enfrentarse a ellos y que esto disuada futuras ofensivas militares en Siria e Irak. De igual manera es muy probable que el EI busque promover la satanización del islam alrededor del mundo para seguir construyéndose como una alternativa importante frente a Occidente y de este modo conseguir mayores reclutas.

Para comprender los ataques en Líbano, hay que recalcar que el barrio en Beirut que fue atacado era un bastión de Hezbolá, grupo político chiita que opera principalmente en Siria y Líbano, aliado clave del régimen de Bashar al-Assad y facción enemiga del EI. Un principio similar aplica para el ataque en Bagdad. La principal motivación era el aterrorizar a los musulmanes chiitas de la región.

En cuanto a los eventos de Francia, es importante señalar, además de la larga participación de este país en contra del terrorismo en Medio Oriente, que Francia ha brindado indirectamente un escenario prolífico para la radicalización islámica y el reclutamiento de combatientes. Los suburbios parisinos y del resto de las grandes urbes francesas se han convertido en la máxima expresión de la marginación y el hacinamiento de las minorías de la Francia asimilacionista. Asimismo, las cárceles francesas -en donde más del 80 por ciento de la población es musulmana- son los principales focos de radicalización.

¿Qué pasó con el avión ruso?

El pasado 31 de octubre, un avión de pasajeros ruso se estrelló en la península del Sinaí, en Egipto, ocasionando la muerte de los 224 pasajeros que iban a bordo. Aunque no se encontró evidencia definitiva de que esto haya sido un ataque terrorista, militantes islamistas ligados al EI asumieron la responsabilidad del incidente. De ser esto cierto, la caída del avión representaría, junto a lo acontecido en Bagdad, París y Beirut, uno de los peores ataques terroristas desde el 9/11.

¿Por qué no hay que culpar a los refugiados, musulmanes o al islam de los ataques?

En primer lugar, es importante señalar que, como lo indica el Reporte de la Protección de Civiles en el Conflicto Armado de Irak de las Naciones Unidas, el EI ha asesinado a una gran cantidad de musulmanes en dicha zona debido a que se han opuesto a las políticas represoras del EI o se han negado a jurarles lealtad. Según el Índice Global de Terrorismo de 2014, entre 70 y 80 por ciento de las víctimas de ataques terroristas son musulmanes. Esta cifra nos da una perspectiva valiosa de las motivaciones de la población civil en Siria y demás áreas afectadas, la cual es primordialmente musulmana, para dejar su lugar de origen y buscar refugio en otros lugares.

Inmediatamente después de los ataques, diversas organizaciones, líderes e individuos musulmanes alrededor del mundo condenaron enérgicamente los ataques en Francia y en Líbano, haciendo especial énfasis en dejar claro que el EI no representa a la mayoría de los musulmanes. Campañas como Not In My Name ponen en evidencia el repudio que gran parte de los devotos sienten por esta organización terrorista.

Not it my name campaing

Mucho se ha hablado sobre si el islam es inherentemente violento o no. Aunque no hay una respuesta definitiva, es importante poner distintas opiniones en perspectiva. Para el académico y experto en religiones, Reza Aslan, las religiones son grandes y diversas, por lo que no son inherentemente buenas o malas y que, más bien, es la gente la que aporta a ellas estas cualidades. El describe, en sus propias palabras que:

“El islam no promueve la violencia ni la paz. El islam es sólo una religión y como cualquier religión en el mundo, ésta depende de lo que tú le aportes. Si eres una persona violenta, tu islam, tu Judaísmo, tu Cristiandad, tu Hinduismo van a ser violentos. Hay una banda de monjes budistas en Myanmar asesinado mujeres y niños. ¿El budismo promueve la violencia? Por supuesto que no. La gente es violenta o pacífica y eso depende de sus concepciones políticas, de su entorno social, de la forma en que ven a sus comunidades”.

Por su parte, Mauricio Meschoulam, internacionalista y doctor en políticas públicas, y profesor de la Universidad Iberoamericana, señaló que: “No todos los musulmanes son islamistas, ni todos los islamistas favorecen una misma ideología o apoyan los mismos métodos”. El Dr. Meschoulam comenta que a través de los tiempos, diversos grupos han usado el terror como medio para alcanzar fines políticos, que lo que vivimos no es un “choque de civilizaciones” sino una estrategia de violencia utilizada por grupos radicales que van más allá de la religión.

Por último, Federica Mogherini, Alto Representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad y Vicepresidenta de la Comisión Europea, declaró que todos los atacantes involucrados en el atentado de París habían sido identificados como ciudadanos de la Unión Europea. Esto nos da una buena razón para justificar que en buena medida las raíces del problema son internas. Abdelhamid Abaaoud, presunto autor intelectual de los atentados, es de ascendencia marroquí, pero de nacionalidad belga. Los responsables de estas atrocidades no fueron los refugiados como muchos han comenzado a señalar. Un poco de empatía y sentido común nos ayudarían entender que precisamente éste el horror del cual miles de personas están huyendo.

Si existe una solución para la desgarradora situación ante la que se enfrenta el mundo probablemente tenga que empezar con dejar la tendencia a interpretar de manera radical y literal todos los textos que le dan sentido a nuestros días, desde la Biblia y el Corán, hasta las constituciones de los Estados. Vivimos en un mundo que fluctúa y con él, el lenguaje y sus significados. No hay mayor amenaza para la civilización que aferrarse al pasado y negar la posibilidad de construir algo mejor. El mundo se encuentra en constante cambio, las personas también lo están, entonces ¿por qué nuestro entendimiento debería quedarse estático?

 

* Montserrat Arce (@mon_arce) es estudiante de Relaciones Internacionales en el ITAM. Sus principales áreas interés son la seguridad internacional, la sociología urbana y los Derechos Humanos. Carlos Quiroz (@friscoyote) es estudiante de Relaciones Internacionales y Ciencia Política del ITAM, así como editor de la sección internacional del periódico de alumnos del ITAM, El Supuesto. Particularmente interesado en la Teoría Política y los buenos libros.