Guerrero, ¿pa qué me eligen, si ya saben cómo soy?

blogeditor · 14 de octubre de 2014

Guerrero, ¿pa qué me eligen, si ya saben cómo soy?

Una de las lecciones aprendidísimas por el PRI en las últimas elecciones estatales, fue el tortuoso proceso de selección de sus candidatos, sobre todo para los que han pretendido ocupar la flamante silla de goberneitor.

Existen muchos ejemplos del pasado reciente, donde los errores cometidos por la dirigencia del octogenario partido al elegir a su gallo, los conduce a perder de tajo el poder en el estado en disputa y por tanto, la sillota de gobernador. Ahí están los casos de Sinaloa, Puebla, Oaxaca, Baja California, Tabasco y por supuesto Guerrero, en donde el liderazgo tricolor prefirió nombrar como “El Elegido” a alguien cercano a ellos, con poquísima experiencia a nivel de cancha (trabajo territorial que le llaman), conocido sólo por sus amigos del feis, pero eso sí, con harta alcurnia o pedigrí. El resultado, tremendos descalabros por parte de los tricolores (“fue suya, la tuvo y la dejó ir”, como dijera el gran filósofo mexicano contemporáneo, Perro Bermúdez) y sendas victorias para los partidos de oposición (sobre todo, el PRD), a donde se movieron los precandidatos del PRI (con toda y sus bases y su estructura territorial) no favorecidos por el dedo flamígero de su aristocracia partidista. Igualito a como uno le hace en la cola del súper, cuando observa con cara de ¿Juai da rito? cómo la fila de la caja de al lado empieza a avanzar velozmente mientras uno envejece en la propia, en la cual atiende un cajero pazguato que parece estar registrando los productos uno por uno con una cámara Phantom.

Es entonces que el PRD, ese otrora partido que se ha dicho ya casi a manera de mantra que defiende los intereses de los más desfavorecidos y que por lo tanto es de “izquierdas” (si él es comunista, que me apunten en su lista), se pone a adquirir cual mercado de pulgas, candidatos de segunda mano desechados por la alcurnia del PRI. En ese regateo político, por lo general importan poco los antecedentes del gallo de segunda mano, lo importante es que trae “trabajo y estructura” y que dado que ya formó parte del sistema, conoce cómo ganar la elección.

[contextly_sidebar id=”ho8P3xoyz6FIbC5cMK6QAxmlKBCKHW9G”]Ese es precisamente el caso de Guerrero. Ángel Aguirre Rivero, actual gobernador del estado de Guerrero postulado por el PRD, ya lo había sido de 1996 a 1999 desde las filas del PRI en sustitución de Rubén Figueroa Alcocer, quien solicitó licencia para separarse del carga debido a la matanza de Aguas Blancas, Municipio de Coyuca de Benítez, en donde varios campesinos fueron asesinados por agentes de la policía estatal (¿les suena familiar? ¿es un deja vu?). Además, en un par de ocasiones, fue diputado federal y senador de la República por el mismo PRI. Fue en el 2010 que dijo “yo quiero” y se lanzó por la candidatura del PRI a la gubernatura del ahora tan vapuleado estado de Guerrero. Sin embargo, al anunciar el PRI que no sería él (Ángel Aguirre Rivero, pues) su candidatazo, sino Manuel Añorve Baños, éste decidió cambiarse de fila (como nosotros en el súper) y coquetear con el PRD (se compra cascajo). Es entonces que este grandioso partidazo de izquierda, en uno de sus tantos arranques de pragmatismo político que lo ha caracterizado en los últimos años, digamos 15 ó 16 (desde que existe, pues), decidió postular a este destacado y ejemplar político guerrerense como su candidato a la gubernatura (ojo, es gUbernatura, no gObernatura, que conste que se los dije).

El resultado: más de 40 estudiantes desaparecidos, es decir, el Waterloo de lo que queda del PRD.

Esperemos que los escasos seguidores de ese partido de pana y pachuli decidan castigarlo de una u otra manera (con el voto, por ejemplo) por la decisión tan equivocada que tomó en ese momento (y otros tantos). Por supuesto que la matanza de Ayotzinapa no debe quedar impune (penalmente), que “se debe investigar a fondo y llegar a sus últimas consecuencias” (frase que escucho en mi cabezota cual cinta de moebio), pero también los políticos que decidieron que Ángel Aguirre Rivero era “una buena oportunidad” para retener el poder en Guerrero, deben asumir las consecuencias.

Debemos indignarnos y hasta encanijarnos por lo sucedido en Ayotzinapan, faltaba más. Sin embargo, creo que eso está lejos de ser suficiente. Tal vez un siguiente paso puede ser exigir a las autoridades electorales y a los partidos políticos mayor transparencia en los procesos de selección de los candidatos (y candidatas, por si alguna feminista está leyendo esta columna), en el uso de recursos públicos (el dichoso Gobierno Abierto no ha llegado a los partidos políticos aunque los Ocho Lobitos del Apocalipsis piensen lo contrario desde una cómoda sala de juntas en el Senado de la República), debemos también esforzarnos (realmente) por entender cómo funciona el aparato de justicia y ayudarle a explicarle a los que tienen menos herramientas analíticas para hacerlo (ojo, no me refiero a repartir besos a diestra o siniestra, o a decir “si votas por mí, votas por ti”), debemos TODOS comprometernos realmente con el Estado de Derecho y exigirle a las autoridades que también lo hagan.

Qué desesperación, carajo.

 

La Miscelánea de Don Marce

Dada mi ausencia en estas últimas semanas, hay tantas cosas que contar en esta sección que no tengo ni la más remota idea de por dónde empezar. Tal vez les podría contar que hace algunos días estaba cotorreando (choreando, pues) con un amigo periodista sobre la manera que el PRI debe enfrentar y resolver los problemas y las crisis políticas ahora en el contexto democrático. Usamos como ejemplo la marcha de los estudiantes del IPN a escasos días de la conmemoración de la masacre del 2 de octubre de 1968.

Argumentaba yo que en un contexto no democrático se podía presumir que el PRI resolvía las crisis o los conflictos de manera autoritaria (de ahí precisamente el 2 de octubre), pero que en la actualidad, bajo un contexto democrático (aunque con capacidades diferentes), las soluciones del Gobierno Federal tienen que ser mucho más creativas, acotadas y privilegiando las soluciones políticas sobre el uso de la fuerza y respetando lo que llamamos Estado de Derecho y por lo tanto, los Derechos Humanos.

Justo en el momento en que estábamos en pleno lavadero, Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación salía a negociar con los estudiantes del IPN en “mangas de camisa” (desconozco la razón por la cual este término se me hace bastante peculiar), chorea un rato con ellos y después éstos deciden irse a casa.

Colmillo político que le llaman.

Tal vez Santiago Creel Miranda hubiera en el mismo caso, instalado la mesa de negociación mil ochomil o Vicente Fox lo hubiera resuelto en quince minutos.

 

La Panza es Primero

Dice un cuate que existe vida más allá del eje hípster Roma-Condesa y tal vez tenga razón. Sin embargo, haciendo caso omiso de sus comentarios viperinos, les traigo la recomendación gastronómica de la semana. Agárrensen.

Haciendo gala de su larguísima experiencia en el bisne de la comedera y el chupe, los propietarios del clásico Pata Negra le apuestan a una modalidad de cantina entre clásica y hípster, al estilo de los días de gloria del Covadonga.

La Riviera del Sur, ubicada en la calle de Chiapas 174 (justo frente a las Urban Pizzas ya antes reseñadas), en la Colonia Roma, es una graaaaaan alternativa para el chupping (sí, en gerundio) vespertino y nocturno. Con un look entre clásico, pero estilizado, y con una carta de comida y bebida bastante apapachadora (la clásica de salón cantina) se puede convivir de buena manera con hípsters, godínez, ñoños, mireyes, periodistas y demás fauna chilanga, al mismo tiempo que echarse un buen trago, una buena botana y un taco de ojo.

 

@marco_cancino