Las guerras criminales, los especialistas de la violencia y la oportunidad con la ONU

Opinión y Análisis · 26 de octubre de 2026

Las guerras criminales, los especialistas de la violencia y la oportunidad con la ONU

La negativa de la presidenta Sheinbaum ante la posible asistencia de la ONU en materia de desapariciones equivale en gravedad, y al mismo tiempo se concatena en la historia, con la decisión de emprender una guerra improvisada de Calderón y la de bajar los de suyo débiles fusibles de los aparatos policial, penal y militar de López Obrador. Nada menos. Dos decisiones pasadas que han llevado al país a un desfonde inabarcable de violencias y una presente que agrega a la ruta, asegurando el debilitamiento estructural y alejando la contención de la crisis humanitaria.

Si bien la opción con la ONU no garantiza nada, es acaso la única puerta posible para romper el equilibrio del sistema político mexicano basado en la negociación de la impunidad y la manipulación de la justicia. Toda expectativa puesta en la reducción de la impunidad a través de este arreglo político y sin disrupciones desequilibrantes está condenada al fracaso. Creo que todas y todos lo sabemos bien y solo estamos dando vueltas en un ciclo de repetición que solo evoluciona a través de la agudización de la barbarie.

Mientras la representación del gobierno de México ante la Asamblea General de la ONU volvía a negar el diagnóstico del Comité Contra las Desapariciones Forzadas, que califica el fenómeno aquí como crimen de lesa humanidad y urge a la asistencia internacional para contenerlo y reducirlo, avanzaba yo en la lectura del monumental libro Accountability Shock. Why Transitional Justice Prevents Criminal Wars in New Democracies (Trejo, Tiscornia, Albarracín. 2026), obra que, en referencia a México, enfatiza que las guerras criminales en nuestro país no se explican sin su pivote llamado profesionales de la violencia.

Cito algunos pasajes de la obra (traducción mía): “Nuestros seis casos de estudio (Argentina, Brasil, El Salvador, Guatemala, México y Perú) muestran que los especialistas de la violencia en las autocracias de América Latina durante la guerra fría jugaron un rol clave en la zona gris (simbiosis crimen organizado/Estado), para el desarrollo de múltiples economías ilícitas. La evidencia indica que líderes de inteligencia militar, fuerzas militares de élite y escuadrones de la muerte —trabajando de cerca con comandantes militares de zona, mandos militares y policías militarizadas— se convirtieron en actores clave en el surgimiento de múltiples industrias ilícitas…”.

Sigue la obra: “Nosotros trazamos los vínculos que conectan la sobrevivencia de especialistas de la violencia de la fase del Estado autoritario y la prevalencia de su impunidad, con una mayor expansión de la zona gris de criminalidad en la fase de la democracia, culminando en el brote de las guerras criminales entre los cárteles vinculados al Estado”.

Militares y policías son agentes claves en la producción de la violencia criminal

En suma, los especialistas de la violencia, que incluyen agentes civiles y militares de inteligencia y representantes de las fuerzas armadas y las policías, “se convirtieron en actores clave en la producción de la violencia criminal bajo los regímenes democráticos. Ya sea que esos operadores del Estado participen en políticas militarizadas de mano dura, protejan a la delincuencia usando su posición de autoridad, o causen baja para ser brazo armado al servicio de grupos delictivos, son frecuentemente asociados en la investigación académica con la emergencia de guerras criminales de alta escala”.

Los primeros testimonios que recibí sobre el crecimiento del sicariato en la delincuencia organizada con exmilitares datan de los años 1990. Pero fue en este siglo cuando me relataron ya de manera regular la multiplicación exponencial del sicariato a manos de especialistas de la violencia, ocupando un mercado laboral ávido para ofrecer y enseñar las prácticas de las peores violencias y atrocidades.

Puedo calificar el libro que cité como la lectura más importante que he hecho en esta década. Nos enseña que el shock de rendición de cuentas a través de la verdad y la justicia que algunos países en América Latina activaron vía múltiples formatos de Justicia Transicional, inhabilitó la ruta hacia las guerras criminales. Los países como México que no lo han hecho, se sumieron en estas.

Lo escribí antes, lo reitero: la negativa de Sheinbaum a la ONU cobrará significado quizá como la más costosa decisión de su administración, en términos humanitarios, porque ni a ella ni a nadie en este país, decida lo que decida, le alcanzan las capacidades instaladas para colapsar la impunidad de quienes vienen sembrando la crueldad, precisamente porque fueron formados para ello y luego puestos a disposición de los mercados criminales que no hacen más que crecer.

Tan solo si hablamos de cómo el desfonde de la barbarie avanza también aplastando a las infancias y adolescencias, mírese la maquinaria del reclutamiento de niñas, niños y adolescentes a manos del crimen organizado en este texto que apenas publicamos.

Primero fue la guerra, luego fue la capitulación y ahora es la negativa ante la ONU. Sin reconsideración, a mi parecer, la continuidad de la crisis humanitaria está asegurada.♦ 

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