Redacción Animal Político · 10 de marzo de 2025
La guerra entre las dos principales facciones del Cártel de Sinaloa, los Chapitos y la Mayiza, lleva ya 5 meses y medio, misma que se ha traducido en un incremento de la violencia en Sinaloa, en especial, en Culiacán, Mazatlán y Badiraguato, así como en menor medida en entidades vecinas como Sonora, Durango y Chihuahua.
Sin embargo, el arresto de un número importante de operadores clave de ambos bandos, sobre todo de aquellos que forman parte del círculo cercano de sus líderes Iván Archivaldo Guzmán Salazar e Ismael Zambada Sicairos, así como el hecho de que tanto el Gobierno de México como el de Estados Unidos están enfocado recursos y efectivos para combatirlos, además de las presiones de las autoridades norteamericanas para arrestar a los líderes de las facciones, han generado la percepción en algunos medios de comunicación de que los bandos se están debilitando y eso abre la puerta para que cese el conflicto en las próximas semanas o meses.
No se puede predecir el futuro con exactitud y por tanto es un escenario posible, sobre todo si se da el arresto de los principales líderes de forma rápida. Sin embargo, hay al menos cinco razones, las cuales, combinadas, nos dan elementos suficientes para pensar que esta disputa se puede prolongar por años. Mismas que se enuncian a continuación:
Disputas criminales pasadas nos pueden dar pistas sobre el futuro de este enfrentamiento. En 2007 el Cártel de Sinaloa buscó arrebatarle Ciudad Juárez al Cártel de Juárez, lo que se tradujo en un enfrentamiento de años, que no ha terminado por completo y que convirtió a dicha ciudad en la más violenta de México de 2008 a 2011, y hasta 2024 formó parte del top 10 de homicidios dolosos en el país.
Como eran organizaciones de gran tamaño pudieron aguantar las hostilidades por años. Y a pesar de que el Cártel de Sinaloa sacó la mejor parte y el Cártel de Juárez perdió relevancia, la guerra en Ciudad Juárez aún continúa, a través de dos bandas, la Línea y Barrio Azteca, que son las herederas del Cártel de Juárez.
Un conflicto puede ser prolongado aún con una disparidad evidente en el tamaño de las organizaciones que la libran. Prueba de ello es lo que sucede desde 2017 en Guanajuato, en donde una gran organización como el Cártel Jalisco Nueva Generación ha buscado exterminar al Cártel Santa Rosa de Lima, una banda local de tamaño mediano, que ha aguantado los embates a pesar de ser significativamente menor, de haber perdido a su líder, José Antonio Yépez Ortiz “El Marro”, y del crecimiento del CJNG en las entidades vecinas.
Lo mismo se puede decir de la lucha que mantiene desde el 2019 el CJNG en Michoacán en contra de la organización de Juan José Farías Álvarez “El Abuelo”, que es conocida como el Cártel de Tepalcatepec y forma parte del conglomerado Cárteles Unidos, a la cual el Gobierno de Donald Trump también incluyó en la lista de organizaciones terroristas.
Si la guerra en Ciudad Juárez se ha mantenido viva por 18 años y también persisten las disputas del CJNG contra organizaciones regionales en Michoacán o Guanajuato, a pesar de la disparidad de fuerzas, es plausible que el conflicto por Culiacán entre las dos facciones del Cártel de Sinaloa con similar fuerza vaya para largo.
El Cártel de Sinaloa no es una estructura monolítica, se conforma por decenas de células semi independientes y de familias criminales en muchas entidades federativas, pero que ahora se fracturaron en dos grandes bandos. De las 38 principales células que conforman el Cártel de Sinaloa, 17 se alinearon en el bando de los Chapitos y 19 con la Mayiza. Tal como lo muestra el siguiente mapa.

Los Chapitos tienen mucha fuerza en Sinaloa a través de células como los Ninis o los Chimales, también en la parte oriente de Chihuahua con los Salgueiro y en Baja California Sur mediante la Empresa. Por su parte, la Mayiza controla Durango gracias a los Cabrera, la mitad de Chihuahua y casi toda Sonora a través de los Salazar y Gente Nueva, así como Baja California por conducto de los hermanos Arzate y los Rusos. Tal como lo muestra el siguiente mapa, que representa las zonas con mayor influencia de cada una de las dos facciones.

Lo expuesto en los párrafos precedentes no implica que esta disputa no vaya a traducirse en desgaste y costos para ambas facciones, de hecho, es muy probable que las bajas y los recursos perdidos en la guerra mermen su competitividad en los siguientes años y esto sea aprovechado por sus rivales, en especial por el CJNG, sin embargo, a pesar de ellos mismos puedan prever el deterioro de su poderío, ambas facciones no tienen incentivos para terminar en el corto plazo con las hostilidades.
* Víctor Manuel Sánchez Valdés (@victorsanval) es investigador de la UA de C, doctor por el CIDE, especialista en seguridad pública. Contacto: [email protected].