blogeditor · 21 de septiembre de 2015
‘Los que tienen memoria son capaces de vivir en el frágil tiempo presente; los que no la tienen, no viven en ninguna parte’.
Patricio Guzmán, ‘Nostalgia de la Luz’ (Chile. Documental, 2010)
La jovencita Pamela Yates huyó de su casa cuando tenía dieciséis años en la década de los setenta. Vivía en Clarks County, un rincón apartado de los Apalaches en el estado de Pennsylvania. Llegó a Nueva York, se inició en el periodismo como freelance y vivió algún tiempo en México. En 1982 viajó a Guatemala cuando el gobierno lo detentaba el general golpista y predicador estrella de la Iglesia Pentecostal de la Palabra, José Efraín Ríos Montt (1926), personaje empeñado en centroamericanizar estrategias de Tierra Arrasada con las que las fuerzas armadas de los Estados Unidos diezmaron a la población de Vietnam, Camboya y Laos durante la guerra en el sudeste asiático.
Se estima, aunque las cifras podrían ser conservadoras, que más de doscientos mil civiles murieron durante el conflicto de Guatemala. Ríos Montt fue, tal vez, la persona que incorporó con más perverso entusiasmo la doctrina importada de la Escuela de las Américas, defendida a ultranza por Ronald Reagan y George Bush padre –o después, por Dick Cheney y Bush hijo- durante sus respectivos mandatos.


Pamela Yates emprendió su viaje inicial en 1982 hacia Guatemala, para documentar las violaciones a los Derechos Humanos de la dictadura y acercarse a la insurgencia que combatía con Ejército y las fuerzas del orden. Pudo hacerlo por la relativa apertura mostrada en ese momento por el regimen de Ríos Montt hacia los medios internacionales, en una coyuntura eminentemente electoral. Acompañó a militares de alto rango en incursiones contra la guerrilla, y estuvo a punto de morir cuando el helicóptero en el que viajaba con algunos oficiales fue alcanzado por las balas de los francotiradores de la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca y tuvo que aterrizar de emergencia. Por contactos establecidos con la URNG, pudo filmar sus actividades de manera clandestina.
[contextly_sidebar id=”J3OvH2FGTxyquYkac3jelim8tt1wqRpH”]De estos esfuerzos informativos surgió Cuando las Montañas Tiemblan, impecable ilustración de la época en los que la administración republicana de Reagan y Bush padre defendían ‘valores democráticos’ condimentados con dosis furibundas de anticomunismo racista; entendiendo que se cometía en países como Guatemala una forma nada encubierta de genocidio. La faz ‘espiritual’ del protestante Ríos Montt poco hacía para esconderlo.
Cuando las Montañas Tiemblan
Con el paso de los años, las cosas cambiaron en Guatemala. Por mandato de Naciones Unidas, y a petición de la Presidencia, se estableció allá una Comisión Internacional contra la Impunidad que robusteció a instituciones tales como el Ministerio Público y la Policía Nacional Civil, y que ha colocado a connotadas figuras políticas acusadas de corrupción –antes intocables- en cárcel preventiva.
Una generación de intrépidos defensores de Derechos Humanos se abocó a denunciar a los militares guatemaltecos por crímenes contra la Humanidad en España, aprovechando la ventana de la Jurisdicción Universal y el ejemplo del caso contra Augusto Pinochet. A Pamela Yates le solicitaron que rastreara entre el pietaje guardado de su multipremiado documental, a efecto de fincarle responsabilidades sólidas a Ríos Montt y a sus compinches verde olivo. El resultado de sus pesquisas entre latas de celuloide, esmerada reflexión sobre las deudas humanas de la responsabilidad y el tiempo, fue Granito de Arena, estrenada en 2011.
Cómo atrapar a un Dictador
La entrevista que la realizadora hizo a Ríos Montt fue uno de los elementos que convenció al Juez de Instrucción español actuar contra el general evangélico.
Eventualmente, se le pudo prontuariar en España y Guatemala y tuvo que enfrentar a la justicia por actos que buscaban exterminar a una población mayoritariamente rural e indígena.
El 10 de mayo de 2013 José Efraín Ríos Montt, ex dictador guatemalteco de 86 años, golpista, ex Hombre Fuerte del Congreso de su país y fundador del Frente Republicano de Guatemala que llevó al populista corrupto y asesino Alfredo Portillo a la presidencia, fue condenado a 80 años por genocidio y crímenes contra la humanidad. La sentencia fue anulada diez días más tarde por la Corte Constitucional, ya que la jueza que llevaba la causa cometió errores de procedimiento de acuerdo a los estrictos criterios del tribunal superior.
Testimonio de Ríos Montt durante el juicio en su contra por genocidio
Pamela Yates también ha explorado otros ámbitos de Latinoamérica donde la violación sistemática de derechos humanos es la norma. Fundó una casa productora, Skylight Pictures, que se especializa en la creación de cortos, filmes y medios digitales de avanzada enfocados hacia la búsqueda de la justicia. En 2006 filmó Estado de Miedo, sobre la larga noche terrorista y la Comisión de Verdad y Reconciliación peruana.
El segundo documental guatemalteco de Pamela Yates viene acompañado de una página de consulta obligada. Granito: Cada Memoria Cuenta es un archivo interactivo ideado por la cineasta norteamericana ‘para compartir y dialogar’, e incluye testimonios como éste:
‘Mi padre fue secuestrado, torturado y asesinado por el ejercito de Guatemala el viernes 9 de Mayo de 1981. Su cuerpo fue encontrado el lunes siguiente en una zanja a la orilla de la carretera cerca de Cuatro Caminos, en el Occidente del país. Supimos que hombres altamente armados lo interceptaron en su vehículo cuando se dirigía a la escuela en donde trabajaba como Maestro de Educación Primaria. Supimos también que estuvo detenido en la brigada militar de Quetzaltenango a cargo de un militar de apellido Arroyave…’
Todo indica que José Efraín Ríos Montt volverá a ser procesado. Los esfuerzos de sus equipo legal por eludir, en segunda instancia, al juicio de la Historia no han corrido hasta ahora con el éxito que anticipaba. Será, eso sí, un procedimiento sui generis: sin condena ni acceso a medios y con la sola presencia de las víctimas. ‘No se le aplicará pena alguna debido a su condición’. Pero este paso tentativo constituye, dentro de las limitaciones del caso, un relativo avance.
Ya es demasiado tarde para cambiar de discurso. Los problemas de toda índole que asedian a nuestro país, requieren de soluciones contundentes.
Términos como Jurisdicción Universal, o Comisión Internacional contra la Impunidad en México, deben volverse cotidianos en nuestros países.
La justicia es parcial, excesivamente lenta y muy tardada. A pesar de multiples resistencias personales e institucionales, algún día (en Guatemala; en México, siempre y cuando se intensifiquen la participación ciudadana, la indignación colectiva y el nivel de exigencia) tendrá que llegar.