blogeditor · 10 de junio de 2013

Hace cuatro años cinco días, Abraham Fraijo esperaba llevar a Emilia a la playa después de recogerla en la Guardería ABC cuando entró a su celular una llamada que cambiaría su vida para siempre.
Fue el primer papá en ir al hospital en donde se encontraban los cuerpos de las niñas y niños víctimas del incendio y la negligencia.
Tuvo que identificar a su hija y velarla, mientras Ernesto Gándara –alcalde de Hermosillo en ese tiempo, hoy Senador federal del PRI con serias posibilidades de convertirse en candidato a gobernador en 2015- llegó con cámaras y micrófonos con la intención de dar el pésame rodeado por ese enjambre y salir en las noticias. Abraham le impidió el acceso a la capilla. Durante su campaña por la senaduría en 2012, Gándara dijo que ‘no lucró con la tragedia’.
Lo conocí a fines de junio de 2009, aquí en el DF. Vino a solicitar a la Suprema Corte, junto con otros integrantes del Movimiento Ciudadano por la Justicia Cinco de Junio que ésta ejerciera su facultad de investigación ante el encubrimiento y falta de resultados por parte de la procuraduría estatal (hoy su titular es diputado local; se llama Abel Murrieta, es del PRI y podría ser el próximo alcalde de Cajeme. Así se premia a la impunidad y el encubrimiento sistemático en México).
En octubre de ese año, estuve con Abraham y Julio Márquez, leyendo los nombres de 25 niñas y 24 niños en la Plaza de la Constitución: frente a Palacio Nacional. Caminamos por la misma ruta, tal y como sucedió el miércoles pasado.
También el 2 de junio de 2010, cuando entró a Los Pinos para entregar una carta que nunca recibió en persona Felipe Calderón. Algunas familias habían sido invitadas por el entonces presidente para reunirse con él en la Ciudad de México. El documento que Abraham llevaba consigo, y que únicamente fue sellado en Oficialía de Partes, exigía su presencia en el lugar de los hechos: Hermosillo, para enfrentar los reclamos de los papás y mamás que buscaban justicia sin encontrarla.
A la salida de la residencia presidencial, luego de recibir acuse.
O el 16 de junio de ese mismo año en la sala principal de la Suprema Corte de Justicia, durante la discusión final que rechazaba el proyecto de Arturo Zaldívar, y que concluyó que, en efecto, sí hubo violaciones graves a los Derechos Humanos de los niños pero ningún infractor señalado. El documento final sustituyó los nombres de los responsables, con asteriscos.
O en interminables sesiones en las dos Cámaras, tratando de convencer de viva voz a legisladores con Julio César Márquez y su esposa Estela Báez, para convencer a sus integrantes de todos las partidos y se aprobara la Ley Cinco de Junio.
Testimonio en la Comisión de Grupos Vulnerables de la Cámara de Diputados, septiembre de 2011.
O el 3 de junio de 2012, durante la Marcha de las Carreolas del Zócalo al Monumento de la Independencia. Abraham portó la misma bandera blanca, incluida entre 49 más para recordar a los bebés lesionados y sobrevivientes.
El Ángel, hace un año siete días.
Esta vez tomaríamos el camino contrario. El martes 4 de junio de 2013: tres años después de la Vigilia por el Primer Aniversario en el Ángel que contó con la presencia de Abraham y de varios papás y mamás que arribaron desde la capital sonorense con ese propósito, se llevaron a cabo eventos ‘espejo’ en Hermosillo (afuera de la Guardería ABC) y aquí, sobre la escalinata de la Columna de la Independencia. Las luces de la rotonda y el monumento fueron apagadas como a las diez de la noche –cortesía del Gobierno del Distrito Federal, por un problema técnico, según sus representantes- y no fue sino hasta las diecisiete horas del miércoles que se reanudaron las actividades correspondientes.




Abraham portó la bandera junto a una foto gigante de Emilia. Otras cuarenta y ocho imágenes de sus compañeritos le seguían en procesión silenciosa, sólo interrumpida por el nombre de cada uno de las víctimas y la respuesta, ‘no debió morir’. Llegamos al Zócalo. Colocamos las 49 gigantografías de cara a Palacio Nacional. Al grito de ‘ABC, Nunca Más’, las pusimos alrededor de la bandera que se había colocado a media asta. Guardamos todas y todos, un minuto de silencio; se leyeron de corrido los cuarenta y nueve nombres. La jornada concluyó con la proyección del gran documental de Pedro Ultreras (actualmente en cartelera en la Cineteca, y algunos cines más del DF y otras ciudades).





Nunca, jamás debí haberlo conocido en estas circunstancias. Ahora mismo podría estar con Emilia, jugando con ella o supervisando sus tareas, de no ser por los dueños y políticos que hicieron posible el crimen atroz que, aún ahora, cuesta trabajo creer que sucedió sin que hasta hoy se castigue a los culpables.
Su profundo e inagotable amor por Emilia lo lanzaron a esta aventura cívica sin retorno: hasta que la #JusticiaABC, contra los pronósticos, se haga realidad. No quiere él, bajo ningún motivo, que vuelva a repetirse otra pesadilla como la del cinco de junio de 2009. Para eso viven y luchan incansablemente decenas de padres de familia.
Porque es mi hermano, y las familias de los bebés fallecidos y lesionados una sola, no dejaré de acompañarlo. Los invito a que hagan lo mismo: cuantas veces sea necesario.
Aquí la galería ABC: Despertar de la Conciencia. Fotos tomadas por Abraham Fraijo, publicadas anteriormente en Animal Político.