blogeditor · 17 de agosto de 2020
Tras la captura de José Antonio Yépez Ortiz el Marro el pasado 2 de agosto, el secretario de seguridad pública federal, Alfonso Durazo, afirmó que los homicidios habían bajado en Guanajuato como consecuencia de la captura del capo del Cártel de Santa Rosa de Lima.
Unos días después, el presidente López Obrador se montó en el optimismo de su secretario: “A partir de la detención del jefe del Cártel de Santa Rosa de Lima se ha observado una disminución en los homicidios”, declaró desde Acapulco, Guerrero.
¿Es eso cierto? Solo doce días después de la captura de quien fuera uno de los capos más violentos en la historia del crimen organizado mexicano, es difícil sostener lo que el presidente y el secretario afirman, sin dejar de reconocer la relevancia de la captura de Yépez Ortiz.
¿Qué dicen los datos? Veamos.
De acuerdo con cifras del SESNSP, Guanajuato promedió 13.68 homicidios diarios de enero a junio. Además, de acuerdo al reporte más reciente de la organización Causa en común, Guanajuato es el estado con el mayor número de atrocidades registradas en el primer semestre de 2020 con 283 en total: 105 masacres, 27 asesinatos de niñas, niños y adolescentes, 57 descuartizamientos, 4 actos de terrorismo y 31 calcinamientos. En fin, un infierno.
El dato acumulado de homicidios registrado por el SESNSP es, además, 13 por ciento mayor al del conteo diario que realiza la SSP, un subregistro que hay que considerar si revisamos los homicidios ocurridos del 3 al 14 de agosto, periodo posterior a la captura de “El Marro”.
Según esas consideraciones, el promedio de homicidios diarios en agosto es de 11.7, una cifra apenas dos puntos menor que el promedio anterior a la captura de “El Marro”. ¿Significa eso una reducción sustancial? La respuesta es no sabemos. Todavía no.
Y no sabemos, como bien lo explicó Alejandro Hope hace algunos días, por distintas razones: el subregistro del conteo diario, el ruido estadístico y la demora en el registro de cada homicidio.
Sí, urgía capturar al capo que se atrevió a retar y amenazar en video a las autoridades estatales y federales mexicanas. La detención y, esperemos que también su procesamiento jurídico, constituyan un precedente ejemplar de justicia en el país.
Pero lo cierto es que con solo doce días de información el gobierno federal no puede cantar victoria todavía: Guanajuato sigue siendo un estado sumamente violento.
De los doce días posteriores a la detención del Marro, en once han habido más de 3 asesinatos diarios, lo que califica para considerarse como una “atrocidad”, entre otras acepciones del mismo concepto.
En el pasado reciente Guanajuato se convirtió en una de las regiones más prósperas del país, esa prosperidad y progreso se puso en entredicho con la escalada de violencia que vive ahora el estado.
Las autoridades federales y estatales deben ser capaces de hacer a un lado sus diferencias partidistas y asumir su responsabilidad de coordinarse para reducir sustancialmente los niveles de violencia. Para que eso sea posible, hay que asumir la complejidad local de la situación y no caer en buenas intenciones ni falsos optimismos: la situación sigue siendo grave y requiere de toda la voluntad e inteligencia del gobierno federal y estatal.
¿Será Guanajuato más pacífico sin el Marro? La experiencia nos ha enseñado en México que la captura de capos no altera la configuración sistémica de los cárteles ni sus dinámicas violentas, sobre todo si no son acompañadas del desmantelamiento de sus redes criminales y estructuras financieras, así como de un combate genuino a la corrupción policial que las posibilitan.
Capturar al Marro era urgente y necesario, pero si se quiere avanzar en serio en pacificar Guanajuato, hay que desmantelar completo al Cártel de Santa Rosa de Lima. Entre otras cosas.