Redacción Animal Político · 23 de agosto de 2023
La semana pasada, la Fiscalía de Justicia de Guanajuato y el Poder Judicial del mismo estado fracasaron en su obligación de garantizar el acceso a la justicia para la familia de Javier Barajas Piña, al dictar una sentencia absolutoria a los perpetradores del homicidio del buscador y defensor de derechos humanos. El mensaje de impunidad que este fallo transmite a todas las personas buscadoras es terrible.
Don Javier Barajas y Doña María del Tránsito, padre y madre de Javier, han luchado con denuedo y valentía por la justicia, tras haber sido tocados por la violencia de forma brutal. El 29 de febrero de 2020 fue desaparecida su hija Guadalupe y desde entonces, la familia se concentró en su búsqueda. En octubre de 2020, gracias a su trabajo y al de diversos colectivos de búsqueda, el cuerpo de la joven maestra fue encontrado en la fosa más grande del estado, junto con 80 cuerpos más en el municipio de Salvatierra, estado de Guanajuato. Javier, su hermano, dedicó de lleno sus esfuerzos a la búsqueda de personas desaparecidas e incluso ingresó a trabajar en la Comisión Estatal de Búsqueda. Lamentablemente, el 29 de mayo de 2021, Javier fue privado de la vida a causa de su activismo. Luego de que les arrebataran a dos hijos, Don Javier y Doña María del Tránsito tuvieron que dejar su hogar y vivir desplazados.
A pesar del dolor y los riesgos, Javier y María del Tránsito han continuado con la exigencia de verdad y justicia por la desaparición y asesinato de sus hijos, denunciando en múltiples foros la crisis que vive Guanajuato. En mayo de 2022, recibieron el premio anual de la organización internacional Front Line Defenders por su activismo a favor de los derechos de los familiares con personas desaparecidas en México.
En buena medida gracias a su empuje, la judicialización de la investigación abierta por el homicidio de Javier Barajas avanzó paulatinamente y después de años años del proceso penal, dos perpetradores fueron llevados ante la justicia. El juicio oral comenzó a finales de junio y culminó la semana pasada.
Lamentablemente, pese a que las pruebas eran consistentes, aun cuando la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (OACNUDH) monitoreó estrechamente el juicio a lo largo del proceso, y sin obstar que la propia familia de Javier asistió a todas y cada una de las audiencias, el juez a cargo del proceso emitió una sentencia absolutoria, profundamente injusta. Los asesinos fueron absueltos.
El fallo no es definitivo y la familia Barajas presentará los recursos correspondientes. Además, las dos personas a quienes se ha atribuido responsabilidad permanecerán privadas de la libertad por otros procesos pendientes.
Pero estas circunstancias no atenúan la enorme gravedad de esta determinación ni aminoran la sensación de profunda frustración e inminente peligro que generan en las personas que integran los colectivos de personas desaparecidas en Guanajuato. Porque siendo muy pocos los casos que llegan a juicio, que uno de carácter emblemático, que ha sido seguido por instancias internacionales, desemboque en la más flagrante y dolorosa impunidad es devastador para la familia y para la sociedad en su conjunto.
El mensaje de impunidad contribuye a perpetuar la violencia; las familias y los valientes colectivos de búsqueda se quedan en la primera línea, vulnerables frente a los riesgos y el desasosiego que provoca esta sentencia. Por otro lado, el juicio en contra de los perpetradores de la desaparición de Guadalupe se llevará a cabo próximamente y la familia teme que nuevamente llegue a conocimiento de una judicatura con estrechez de criterio frente a las pruebas.
“Para esto vivimos”, ha dicho Don Javier Barajas cuando se le pregunta sobre el sentido de buscar justicia tras el asesinato de Guadalupe y Javier. Como ocurre con muchos familiares de personas desaparecidas o ejecutadas, lo que el profesor Barajas expresa es cómo para ellos y ellas el acceso a la justicia se vuelve una aspiración, tras haber vivido una violencia inenarrable, porque puede dotar de sentido los esfuerzos de los familiares que sobreviven. Precisamente, cuando la impunidad se impone no sólo no se asignan a los perpetradores las consecuencias jurídicas que les corresponden, sino que también se arrebata a las familias de su motor de vida y fuente de resiliencia. El daño es, así, inconmensurable.
La familia Barajas Piña, sin embargo, no se dará por vencida y, con las organizaciones que les hemos asesorado, seguirá luchando por la justicia. Para un estado como Guanajuato en el que la crisis de desapariciones no se ha atenuado, esta valiente determinación es sin duda un ejemplo. Pese a la adversidad y pese a que, por momentos, la impunidad parece imbatible, hay que seguir acompañando.