Jorge Avila · 15 de mayo de 2026
La Copa Mundial de la FIFA 2026 se perfila como uno de los eventos deportivos más grandes de la historia. También podría convertirse en uno de los más contaminantes. Aunque esta edición marca el inicio de la estrategia hacia torneos “más verdes”, hay un elemento fundamental que sigue fuera de la conversación: la alimentación sostenible.
De acuerdo con estimaciones de Scientists for Global Responsibility y el New Weather Institute, el Mundial 2026podría generar alrededor de 9 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, más del doble de lo emitido en ediciones anteriores. Parte importante de esa huella provendrá de los viajes aéreos, pero también de los alimentos y bebidas consumidos en estadios, zonas de hospitalidad y eventos paralelos, según el informe Pitches in Peril, elaborado por Football For Future y Common Goal.
Ante este panorama, la FIFA estableció cuatro pilares para la sostenibilidad del torneo: social, medioambiental, económico y de gobernanza. En el papel, el componente ambiental contempla acciones como la medición de emisiones, la reducción de carbono en cadenas de suministro, el impulso a proyectos climáticos y la promoción de turismo sustentable. Sin embargo, la implementación de estas medidas dependerá de las ciudades anfitrionas.
Amy Hopfinger, directora de Estrategia y Planificación de la FIFA, fue clara al señalar que las sedes “serán las garantes de que la competición tenga repercusiones positivas en sus comunidades y se cumplan los objetivos medioambientales”.
La conversación sobre sostenibilidad no puede reducirse al manejo de residuos o a eliminar plásticos de un solo uso. Hablar de acción climática implica revisar qué producimos, qué consumimos y cómo alimentamos a millones de personas durante un evento de esta magnitud.
Mientras distintas ciudades del mundo comienzan a incorporar criterios de alimentación sostenible en grandes eventos deportivos y culturales, el Comité Organizador de Guadalajara decidió no integrar esta estrategia como acción prioritaria. La omisión resulta difícil de justificar cuando el sistema alimentario es responsable de alrededor de un tercio de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.
Desde Alianza Alimentaria y Acción Climática no solo hemos señalado esta omisión, también hemos presentado una propuesta técnica concreta al Comité Organizador de Guadalajara para incorporar criterios de alimentación sostenible en el torneo. Nuestros cálculos muestran que la ciudad podría reducir las emisiones equivalentes a recorrer 93,000 kilómetros en automóvil y ahorrar lo equivalente a 550,000 garrafones de agua, solo aplicando estos criterios en las comidas destinadas al voluntariado del certamen.
La medida es viable, medible y escalable: podría extenderse a restaurantes, proveedores y espacios turísticos vinculados al Mundial 2026, multiplicando su impacto positivo y destacando la relevancia de la diversidad dietaria. Sin embargo, hasta ahora, no ha habido una respuesta pública ni avances claros por parte del Comité.
No se trata de imponer formas de alimentación ni de cancelar tradiciones gastronómicas. Se trata de reconocer que las decisiones alimentarias también son decisiones ambientales y de salud pública. Incluso un ajuste parcial, como aumentar en 25 % la oferta de proteínas vegetales —como legumbres— tendría efectos medibles.
México ya cuenta con Guías Alimentarias impulsadas por la Secretaría de Salud que promueven patrones sostenibles, saludables y culturalmente pertinentes. Además, el derecho a una alimentación adecuada está reconocido en la Constitución.
La afición parece entenderlo mejor que el propio Comité Organizador. El informe Pitches in Peril revela que el 96 % de las personas aficionadas mexicanas considera que la Copa Mundial 2026 debería ser un referente global de sostenibilidad. Una proporción importante también respalda que los estadios ofrezcan opciones de alimentos más sostenibles.
También hay otro factor: la falta de transparencia. El Comité Organizador de Guadalajara no ha hecho públicos sus compromisos específicos en materia de sostenibilidad. Por entrevistas, sabemos que los esfuerzos para reducir emisiones se concentran en eliminar desechables en el Fan Festival y en mejorar la movilidad hacia el estadio. Solo eso.
A la opacidad se suma la ausencia de diálogo. Cuando existen propuestas concretas y no se atienden, la inacción deja de ser omisión y se convierte en una postura.
Además, la Comisión de Medio Ambiente, Recursos Naturales y Cambio Climático del Senado de la República exhortó hace un par de semanas a las tres sedes mundialistas a impulsar, a través de sus comités organizadores y secretarías de turismo, la adopción de estrategias de consumo responsable en hoteles, restaurantes y estadios.
El fútbol no puede aspirar a proteger su futuro sin hablar del clima. Y no podemos hablar del cambio climático sin incluir la alimentación en la conversación.
Todavía hay tiempo para corregir el rumbo. Guadalajara tiene la posibilidad de convertirse en una sede que entienda la sostenibilidad de forma integral, no como una estrategia de imagen. Las soluciones existen, las herramientas también y en Alianza Alimentaria y Acción Climática estamos listas para colaborar.
Porque si el Mundial quiere dejar un legado positivo, ese legado debe sentirse también en la salud de las personas y del planeta.
Sofía Ruiz Oldenbourg es Gerente de Políticas Alimentarias en Alianza Alimentaria y Acción Climática. Ingeniera ambiental por el Instituto Tecnológico de Colima, tiene más de 10 años de experiencia en el ámbito ambiental y de sostenibilidad en el sector privado y en organizaciones de la sociedad civil.
Alianza Alimentaria y Acción Climática es una organización mexicana sin fines de lucro que está transformando el sistema alimentario hacia prácticas más éticas y sostenibles. También trabaja con el sector público y privado implementando menús sostenibles en los comedores de las organizaciones para reducir impactos ambientales y riesgos a la salud asociados a patrones alimentarios. Síguenos en X: @AlianzaAliment