Golpizas policiales de primer mundo

blogeditor · 26 de abril de 2021

Golpizas policiales de primer mundo

“Solo llevo dos semanas con el uniforme de policía y ya soy cómplice de una paliza a un joven inmigrante”, relata el periodista infiltrado en la policía nacional de Francia. Paliza a la que le siguió esta frase de uno de los uniformados: “No te preocupes, los tíos como ese merecen la muerte”.

Escribe Valentin Gendrot, autor de esta investigación sin precedentes: “Los agentes de policía tienen la obligación de presentar un informe de cada intervención, servicio u «operación»…, debe quedar constancia de cada tarea del día, por mínima que sea… El servicio de hoy nunca constará en un informe. Para empezar, porque se trata de una intervención «inesperada», por iniciativa propia de mis compañeros. Y, además, porque la solidaridad entre polis dicta que lo que pasa en el furgón, se queda en el furgón”.

Los editores del material apenas traducido y publicado en español, resumen así parte de la experiencia: “Desde el primer día, el periodista infiltrado tiene la sensación de formar parte de «una banda» desbocada. Se queda atónito. Sus compañeros policías tutean, insultan y propinan palizas a los que llaman «los bastardos», que son, en su gran mayoría, jóvenes negros de origen árabe o inmigrantes. El «código deontológico del policía y del gendarme» que se enseña en la escuela de policía parece haberse creado para otro mundo, un mundo de burocracia desconectado de la realidad”.

Explican los editores respecto al ingreso de Valentin a la institución uniformada: “Su formación en la escuela de policía de Saint-Malo solo duró tres meses, en contraposición a los doce de media necesarios para convertirse en policía. Según las palabras que pronuncia el propio instructor, esta formación reducida llenaría la vía pública de «una policía low cost». Este hecho queda patente en la formación para atender a las víctimas de violencia doméstica, que dura un total de tres horas”. Dos de esas tres horas, se dedican a ver una película, responde el periodista en la entrevista que abajo cito.

Valentin Gendrot explica que al principio él se infiltró en la policía y “al cabo de tres o cuatro meses, fue la policía la que se infiltró en mí. Hice mías palabras, códigos y actitudes de mis colegas”.

Golpizas policiales en el quehacer policial cotidiano, nada menos que en la cuna moderna de los derechos humanos. “La mayoría cubre con el silencio a la minoría”, dice el investigador en esta nota del año pasado, cuando se publicó Le Flic (título original del libro), material que “está teniendo un gran impacto en Francia por la polémica en la que se ha visto envuelta la policía en los últimos meses con la muerte por resolver del joven negro Adama Traoré. Tras la publicación  del libro, la Fiscalía de París abrió investigaciones por algunos episodios, que estarán a cargo de la división de Asuntos Internos de la policía”.

Malas nuevas, si escuchamos la entrevista al periodista -quien ya ha hecho varias infiltraciones en otras partes, antes de la policía-, cuando señala que uno de los problemas es justamente que la policía que investiga a la policía no es independiente, porque está supeditada también al Ministerio del Interior.

Francia ahorrando para sacar a la calle fast track a policías que, respaldados por el uniforme y la placa, abusan y cometen tortura principalmente contra inmigrantes, en especial cuando nadie está viendo más que la policía misma.

Mis primeras conversaciones con policías extranjeros, a principios de los noventa, fueron con inspectores franceses, agregados de la embajada de su país en México, durante mi paso por la PGR en áreas de asesoría. Supe por ellos y he confirmado siempre, habiendo visitado instituciones policiales en más de 20 países, que el abuso policial está en todas partes.

En el saber hegemónico sobre este tema, Francia representa uno de los modelos policiales más avanzados y prestigiados, en términos comparados. Tal vez, en realidad, ni ese país ni ninguno se cuenta ni se contará jamás la historia de lo que aloja realmente la policía, en mayor o menor medida: “una banda desbocada” por donde fluyen, desde el Estado mismo, algunas de las peores expresiones de discriminación y de la violencia asociada.

@ErnestoLPV