Jorge Avila · 17 de marzo de 2026
Uno de los dichos más comunes que escucho en casa es “barrer por donde se fija la suegra”, es decir, dar la apariencia de pulcritud. En lugar de limpiar a profundidad y procurar que cada aspecto y parte del hogar esté en buen estado, y prevenir con ello que se generen plagas o problemas, al limpiar superficialmente, ignoramos las cosas que hacen que una casa funcione bien y se conserve. Algo similar pasa con la política, y sobre todo con la política oficialista: solo gobierna por donde se fija la suegra, llámese el capital privado, Estados Unidos o las fantasmagóricas encuestas de popularidad que tanto le importan.
El fin de semana tuvimos dos ejemplos claros de esta forma de gobernar. Por un lado, el más frívolo, está Clara Brugada y la clase de fútbol más grande del mundo. En lugar de atender los problemas de inseguridad, inhabitabilidad e inaccesibilidad en la Ciudad de México, de dedicar recursos y apoyo formal del gobierno federal para resolver los problemas de transporte público, frenar la especulación inmobiliaria y la expulsión de la población por la gentrificación, Brugada pagó millones por un récord irrelevante. Mientras la Ciudad de México se cae a pedazos, se encarece y se asfixia por obras a medias que crean más problemas de los que resuelven, su interés está en cuidar su imagen pública con eventos, no con hechos.
Por el otro, está la difusión de las listas de personas pensionadas bajo el régimen de confianza de varios organismos descentralizados del Estado, entre ellos CFE, Luz y Fuerza del Centro, Pemex y Bancomext, con el pretexto de denunciar las supuestas pensiones millonarias limitadas por la última reforma constitucional. Entiendo que sea una obligación de transparencia, pero difundir sin más las listas, enmarcadas a rajatabla como pensiones millonarias, es una irresponsabilidad política absoluta. No solo porque una parte mínima de las pensiones compartidas rebasa el nuevo límite, sino porque la mayoría ni siquiera se acerca a él. En lugar de atender los problemas de corrupción que aquejan a estos organismos, o de iniciar procesos administrativos y judiciales contra las contadas pensiones exorbitantes, se abre un tribunal público contra todas las personas pensionadas, en perjuicio de su seguridad.
No importa la transparencia ni la rendición de cuentas, sino aparentar que cumplen; no importa combatir la corrupciónni el despilfarro de recursos, sino aparentar que le importan al gobierno. Tanto a Clara Brugada como a Claudia Sheinbaum les importa aparentar que gobiernan, que cumplen con sus promesas y sus programas, aunque en los hechos no sea así. Ya sean las pensiones, un récord irrelevante en el marco del Mundial de fútbol, o la voluntad popular, a ambas gobernantes, como a Salomón Jara o Rubén Rocha Moya, solo les importa la apariencia, no cómo gobiernan.
Incluso el propio Andrés Manuel López Obrador asomó la cabeza con motivo del cerco a Cuba para solicitar donaciones a una sospechosa asociación civil en apoyo a la isla. Más que importarle el pueblo cubano, le importa dar la cara para que lo vean. Durante su gobierno solo envió petróleo y recursos, pero nunca abrió canales efectivos para procurar el bienestar de la isla. Ahora quiere aparentar ser el nuevo Lázaro Cárdenas convocando a sus seguidores, pero solo busca ser visto. No importa que sea AMLO, Brugada o Sheinbaum; al final, en Morena, solo gobiernan por donde se fija la suegra.