Redacción Animal Político · 1 de junio de 2025
Este domingo 1 de junio en las elecciones judiciales no se cuentan los votos, pero se cuentan chistes. Y aunque muchos de ellos duelen más que provocar risa, vale la pena nombrarlos. Porque en la política nacional, ponerle nombre a la trampa, y a la simulación, es un acto de resistencia. Aquí un glosario —agridulce como la historia democrática nacional— de las prácticas, personajes y valores que pueblan nuestra aún vigente República.
Definición: Animal político nocturno, experto en operar en las sombras, entrenado para cometer toda irregularidad posible sin dejar huella (al menos no legal). Su hábitat natural son las oficinas partidistas y los vehículos sin placas.
Definición: Forma ancestral de selección de candidatos. El dedo señala, el pueblo asiente.
Definición: Acto cívico-financiero en el que el ciudadano cobra por su voluntad política lo que el gobierno jamás le dio en servicios públicos. Trato implícito entre necesidad y desesperanza.
Definición: No es atracción de feria, sino circuito de boletas recicladas. Juego electoral donde la boleta da más vueltas que el mismísimo “Ratón Loco”. Ideal para que el voto pase por más manos que un billete de 20.
Definición: Deporte electoral extremo que consiste en mandar al votante de una casilla a otra hasta que se le olviden sus derechos.
Definición: Manjar electoral no apto para demócratas. Se trata de un conjunto de boletas dobladas.
Definición: Votantes que descansan en paz… menos el día de la elección, cuando “resucitan” para apoyar a un candidato que probablemente los mató de coraje.
Definición: Prueba de amor al partido, exigida como selfie obligada para canjear el voto por una despensa o promesa vacía.
Definición: Excursión “voluntaria” a las urnas. Incluye torta, jugo y amenaza pasivo-agresiva de tu jefe o sindicato.
Definición: Lugar mágico donde absolutamente todos los votos son para el mismo partido. Milagro estadístico inexplicable… salvo por el fraude.
Definición: Lubricante financiero que suaviza la crítica en medios.
Definición: Político saltarín con una habilidad especial: brincar de partido en partido sin tocar el piso… ni la vergüenza.
Definición: Extraña y valiente decisión de participar activamente en la vida pública sin esperar a que te regalen una torta o te amenacen.
Definición: Conciencia incómoda que obliga a exigir cuentas incluso después de las elecciones.
Definición: Derecho temido por los autoritarios.
Definición: Actitud de construir comunidad con base en el respeto, no en la manipulación.
Definición: Ecos de una promesa de 1910 que seguimos persiguiendo.

La democracia mexicana no ha muerto, pero lleva rato con dolor de cabeza. Entre tacos, dedazos y chayotes, sufre, pero no se rinde. Porque mientras exista una casilla vigilada por ciudadanos libres, una denuncia que se haga viral o un voto que se emita con dignidad, habrá esperanza.
No es poca cosa que, en medio del desencanto, aún haya quienes madrugan para cuidar urnas, quienes se forman para votar sabiendo que podrían engañarlos, quienes renuncian a un pago por un principio. Esos actos minúsculos, casi invisibles, son los que sostienen el edificio tambaleante de nuestra democracia.
Y eso —que el poder teme más que al fraude expuesto— es lo único que puede cambiar la historia. Porque la democracia, al final, no es el dominio de los partidos, sino la terquedad de la gente en querer vivir con dignidad.