Gloria Contreras: Las raíces rusas en el ballet mexicano

Rubén Aguilar · 30 de septiembre de 2011

Boris Illarionov

Consejo Nacional para la Cultura y las Artes

México, 2009

pp.274

 

Soy mexicana, pero en mi vive el espíritu ruso 

– Gloria Contreras

Hoy, como siempre, Gloria nos convoca.

 

El motivo, la presentación del libro Gloria Contreras: Las raíces rusas en el ballet mexicano, de Boris Illarionov, historiador y crítico de ballet. Me congratulo por esta publicación de CONACULTA. El trabajo de Illarionov, de la Universidad Estatal de San Petersburgo, es un acucioso análisis de la obra y el aporte de Gloria. Es un texto fundamental para entender el trabajo de “la figura más importante de la danza mexicana”, como la califica el entrañable y generoso Guillermo Arriaga.

 

La trayectoria de Gloria, con más de 200 creaciones, puede ser abordado de múltiples manera como lo hace el autor del texto. Yo ahora voy a subrayar la influencia fundamental que en ella tuvo el ruso Georgi Balanchivadze, que no es otro que George Balanchine (1904-1983).

 

El formidable coreógrafo ruso nació en San Petersburgo y de 1921 a 1924 bailó en el escenario del Teatro Mariinsky. Ese año abandona Rusia y de 1925 a 1929 trabaja en el Ballet Ruso de Sergei Diaghilev. En 1933 se establece permanentemente en los Estados Unidos. En ese país va a influir de manera definitiva en la formación del ballet.

 

El encuentro:

 

Gloria, como sabemos, encuentra a Balanchine en Nueva York. Ella va a estudiar y está a la búsqueda de su superación personal y como bailarina. En esa ciudad crea sus dos primeras coreografías El Mercado (1958) y Huapango (1959), que presenta al ruso. Cuando Balanchine las ve, elogia de la primera sus movimientos plásticos, y de la segunda -pese a no gustarle- hace comentarios sobre la buena exposición y desarrollo de los temas.

 

Él, en esa ocasión, le pregunta ¿por qué quieres ser coreógrafa?. Ella responde: Porque me interesa crear y expresar trabajando con los cuerpos, partiendo de sus posibilidades. Él comenta: Construir con los cuerpos es la única manera de crear la danza.

 

Balanchine vio desde el primer momento que Gloria era una coreógrafa y que debería dedicarse a componer danzas. A partir de entonces le otorgó una beca y le permitió usar los salones de la Escuela de Ballet Americano donde él enseñaba y ella estudiaba.

 

Le dio también la oportunidad de ahí montar dos obras de la compañía que ella había fundado en 1962, The Gloria Contreras Dance Company, que fueron Serenata concertante y Ocho por radio. La ruptura con Balanchine viene cuando ella espera su primer hijo. El no toleraba que “nada” interfiriera en el trabajo artístico. Nunca más se volvieron a encontrar, pero su influencia será definitiva.

 

La influencia:

 

De Balanchine dice Illarionov: “buscó los medios de trasmitir, en el movimiento puro de la danza clásica, profundas estructuras musicales, sin conformarse sólo con las analogías superficiales entre los sonidos y los movimientos”. Lo mismo puede decirse de Gloria, la discípula de Balanchine. Ella siempre lo ha reconocido como su maestro y la persona que más influyó en su concepción del ballet y en sus creaciones.

 

Balanchine, como lo propone Illarionov, “apoyándose en las imágenes y las tradiciones clásicas, adoptó la idea de una danza sin trama basada en las leyes sinfónicas creadas por Petipa. Balanchine, continúa, desarrollo esa idea y le dio una forma lógica, acabada, depurada”.

 

El autor afirma que Gloria es seguidora “de los principios de interacción entre la música y la danza que él (Balanchine) trasmitió: las ideas de expresividad independiente de la danza abstracta pura y el principio denominado sinfonismo coreográfico en la crítica del ballet ruso. Por lo tanto es justo examinar las obras concretas de Contreras, y su labor creativa en general, desde el punto de vista del sinfonismo coreográfico (dancístico) –un principio de la composición de la danza y la estructura del ballet- que se remonta a la práctica del teatro del ballet ruso de la época de Petipa”.

 

Gloria, a través de Balanchine, no sólo se pone en contacto con la formidable y muy potente tradición del ballet ruso, sino lo hace con lo mejor que en ese momento ella puede ofrecer. La influencia de ese encuentro será decisiva y ha estado siempre presente en cada una de sus obras.

 

La discípula:

 

Gloria dice que su formación la hizo en Nueva York, pero que sus maestros siempre fueron rusos. “El más importante, el que formó mi visión del mundo, fue George Balanchine”. El maestro ruso nunca tuvo alumnos en el sentido tradicional de la palabra, pero a Gloria, con carácter de excepción “le ofreció” –como dice Nikita Dolgushin– condiciones especiales. Le permitió estar cerca, observar su proceso de trabajo, entrar en la atmósfera de su creación, impregnarse de su musicalidad, su don de la composición dancística. Gloria “lo absorbió todo”.

 

Ella siempre ha dicho que no imita a su maestro, que él “inventaba movimientos por el movimiento mismo, más por la forma que por el contenido. El transmitía lo espiritual a través de lo estético”, y continúa, “prestaba mucha atención a la forma musical”, pero para mí, en cambio, “lo más importante es el hombre. Procuro lograr que cada movimiento refleje el alma del danzante, hable de sus sentimientos”.

 

De los ballet de Gloria -dice Lev Guitelman en el prefacio del libro- son “imaginación incontenible, poesía y, al mismo tiempo, un deseo real de entender al hombre en su pasado y en lo que le emociona hoy en día: la historia y la actualidad”.  La dialéctica maestro-alumna, la propia de Balanchine y Gloria, ha estado siempre presente en el trabajo de la mexicana. Ella es -siempre lo ha reconocido como también lo hacen los críticos rusos- heredera del ballet ruso, de la estupenda y potente tradición de Marius Petipa, Mikhail Fokine, Fedor Lopukhov y Kasián Goleizovsky, que llegó a ella por Balanchine.

 

Para concluir:

 

Me pregunto, les pregunto:

¿Qué admirar más de Gloria, esa mexicana de espíritu ruso?

¿Su talento, disciplina, constancia y entrega?

¿Su dulzura, sensibilidad, creatividad?

¿Su sentido de la belleza y su capacidad de arriesgar?

¿Su fidelidad a sus convicciones?

 

Yo tengo una respuesta: Me quedo con todo, me quedo con ella, con Gloria Contreras.