Redacción Animal Político · 31 de julio de 2024
Tras el proceso de elecciones políticas que se vivió en México se ha resaltado la necesidad urgente de atender a las regiones históricamente marginadas. Más allá de los cambios políticos centrales, es esencial dirigir la mirada hacia los desafíos locales que configuran nuestras comunidades. En este contexto crucial, no solo se requiere atención a los nuevos líderes en el gobierno, sino también a las realidades únicas que enfrentan nuestras diversas poblaciones a lo largo y ancho del país.
Las prácticas tradicionales de manejo del agua, enfocadas únicamente en satisfacer la demanda, ya no son adecuadas frente a los impactos del cambio climático. El agua continuará reequilibrando su ciclo a través de eventos meteorológicos cada vez más impredecibles, pero la pérdida de agua de calidad para el consumo humano podría desencadenar una crisis de derechos humanos de dimensiones aún mayores a las actuales. Resulta importante reflexionar sobre cómo replantear la introducción de infraestructuras grises que sólo atienden la demanda de agua para comenzar a considerar el valor social del suelo y una gestión del agua que respete su ciclo.
En el marco de las políticas ambientales de AÚNA y el Plan Nacional de Descarbonización y Resiliencia Climática de la Coalición México Resiliente, y de su capítulo BCS, abordamos en este texto estrategias vitales para el manejo sostenible del agua y el suelo. Se destaca la importancia de adaptar soluciones eficientes que no solo abordan el estrés hídrico, sino que también promuevan un desarrollo resiliente y armonioso con el entorno natural.
La necesidad de un desarrollo regenerativo y resiliente se hace evidente al considerar lugares críticos como Baja California Sur. La creciente presión de los sectores inmobiliarios y turísticos está comprometiendo gravemente el ciclo hidrológico y la salud de las fuentes de abastecimiento, especialmente en su fase subterránea. Esta región, rica en ecosistemas únicos y biodiversidad significativa, requiere medidas de protección urgentes frente a la deforestación y la creciente impermeabilización del suelo.
La introducción de infraestructura azul y verde (IAV) y otras soluciones basadas en la naturaleza (SBN) constituyen los primeros pasos hacia un cambio de paradigma en la gestión del agua y el suelo, crucial para asegurar un futuro sostenible en las regiones áridas y semiáridas.
El Banco Mundial en su reporte de escasez de agua, publicado en 2020, señala que las regiones áridas y semiáridas, que abarcan aproximadamente el 40% de la superficie terrestre, enfrentan estrés hídrico considerable. Estas áreas, caracterizadas por bajas precipitaciones, altas tasas de evaporación y recursos hídricos limitados, presentan desafíos significativos para la vida humana, la agricultura y los ecosistemas naturales.
Como lo señala el ambientalista Peter H. Gleick en su libro The Worlds Water. Vol 8 (Island Press) las prácticas tradicionales de manejo del agua, basadas en infraestructuras costosas y de gran impacto ambiental, han demostrado ser inadecuadas para garantizar la seguridad hídrica y el desarrollo sostenible. En América Latina, las zonas áridas y semiáridas abarcan más de 4 millones de kilómetros cuadrados en 22 países, destacando México, Argentina, Chile y Brasil. Los problemas de estas regiones han sido ampliamente documentados.
Es crucial explorar soluciones alternativas más eficientes y sostenibles adaptadas a estas condiciones. Esto incluye realizar diversas técnicas como: el tratamiento integral de agua de lluvia, tecnologías de riego de precisión y la reutilización de aguas residuales tratadas; entre otras, como lo recomiendan la Asociación Mundial para el Agua, la ONU y la FAO.
Los sistemas áridos se caracterizan por la escasa precipitación, alta evaporación y recursos hídricos limitados en superficie, lo que crea un entorno desafiante para la vida humana, la agricultura y los ecosistemas naturales. La disponibilidad de agua en estas áreas varía significativamente de manera estacional y anual, y la alta evaporación reduce aún más el agua utilizable, tanto superficial como subterránea.
Históricamente, las comunidades en zonas áridas han desarrollado prácticas de manejo del agua adaptadas a estas condiciones extremas, pero estas soluciones tradicionales a menudo son insuficientes ante la creciente demanda y los impactos del cambio climático.
La sostenibilidad ambiental y social del agua en zonas áridas implica considerar la cantidad de agua disponible. Sin embargo, la presión sobre el agua ha aumentado debido a tecnologías eficientes de extracción y mayores consumos en agricultura, industria y turismo, lo que ha llevado a la sobre extracción de agua subterránea y la degradación de humedales, afectando negativamente a la biodiversidad y los servicios ambientales.
La relación entre cantidad y calidad del agua en zonas áridas es estrecha, ya que la capacidad de depuración es limitada. Los problemas de calidad del agua pueden reducir su disponibilidad para usos esenciales, exacerbando la sensación de escasez. Además, el consumo intensivo de reservas no renovables puede sostener un desarrollo socioeconómico elevado temporalmente, pero con consecuencias negativas para las futuras generaciones, como lo apuntó la científica ambiental Donella Meadows en su libro Más allá de los límites del crecimiento (FCE, 1992).
La infraestructura azul-verde combina sistemas naturales y seminaturales en la planeación urbana para mejorar la gestión del agua y el medio ambiente. Incluye cuerpos de agua como ríos y lagos (infraestructura azul) y espacios verdes como parques y techos verdes (infraestructura verde). Las soluciones basadas en la naturaleza (SBN) utilizan procesos naturales para abordar desafíos ambientales y sociales, tales como la restauración de ecosistemas, la reforestación y la creación de corredores biológicos.
En las últimas dos décadas, la popularidad de la infraestructura azul-verde y las SBN ha crecido debido a preocupaciones por el cambio climático, la rápida urbanización y la necesidad de enfoques sostenibles para la gestión del agua y la biodiversidad. Estas soluciones son especialmente relevantes en zonas áridas, donde ofrecen beneficios como la mejora de la calidad del agua, la reducción del riesgo de inundaciones y la adaptación al cambio climático.
Existen varios ejemplos exitosos de implementación de infraestructura azul-verde (IAV) y SBN en regiones áridas. En el Medio Oriente, Israel ha desarrollado avanzados sistemas de gestión de agua, incluyendo la reutilización de aguas residuales tratadas y tecnologías de riego eficiente que han permitido la agricultura sostenible en zonas áridas. En Australia, la ciudad de Melbourne ha implementado sistemas de drenaje urbano sostenible y parques acuáticos que mejoran la resiliencia urbana frente a las sequías.
La región árida del norte de México, en particular La Paz en Baja California Sur, enfrenta grandes desafíos en la gestión del agua debido a su clima seco y la escasez de recursos hídricos. La implementación de IAV y SBN puede ser una estrategia eficaz. Sin embargo, es crucial que estas soluciones se integren en un plan amplio y comprensivo. No se debe esperar que, por sí solas, estas estrategias generen un cambio radical en la problemática actual del agua. A continuación, se enumeran algunas alternativas que pueden ser parte de un plan integrador:
Los factores que influyen en el éxito o fracaso de la IAV y las SBN en zonas áridas incluyen:
La implementación de IAV y SBN en la región árida del norte de México, especialmente en La Paz, Baja California Sur, puede ofrecer respuestas regeneradoras a los desafíos de gestión del agua. Sin embargo, es fundamental que estas soluciones se integren dentro de un plan amplio y comprensivo para la gestión integral del agua y del suelo, ya que por sí solas no pueden resolver la problemática de manera radical. Solo a través de un enfoque coordinado y holístico se puede asegurar la sostenibilidad a largo plazo y la adaptación efectiva al cambio climático y a las demandas crecientes de agua en estas regiones áridas.
* Mariana Orozco Camacho (@morozca) especialista en políticas públicas y gestión integral de la ciudad. Carmen Julia Navarro Gómez es doctora en ciencia y tecnología ambiental.