Redacción Animal Político · 17 de julio de 2024
Tras explorar en nuestra primera entrega de esta serie de textos de análisis los desafíos postelectorales para armonizar el crecimiento urbano con la conservación ambiental, en esta segunda colaboración continuamos explorando cómo las políticas ambientales de AÚNA y el Plan Nacional de Descarbonización y Resiliencia Climática de la Coalición México Resiliente y de su capítulo Baja California Sur pueden contribuir en la construcción de políticas públicas que faciliten un crecimiento urbano regenerativo, así como un ordenamiento territorial más resiliente y la introducción de infraestructuras que respondan a los desafíos hídricos y ambientales que definirán nuestras próximas décadas.
El desafío de integrar la gestión del agua en el crecimiento urbano resuena con particular urgencia en el contexto actual de México. Mientras celebramos avances estratégicos como la Estrategia Nacional de Ordenamiento del Territorio 2020-2040, nos enfrentamos a una realidad crítica en nuestras ciudades. La expansión urbana, impulsada por la presión económica, inmobiliaria y turística, amenaza con alterar irreversiblemente el ciclo hidrológico y la calidad de nuestras fuentes de agua en regiones como Baja California Sur.
Las consecuencias de esta expansión y el ritmo con el que se introducen infraestructuras grises son evidentes: la deforestación y la impermeabilización del suelo ha fragmentado paisajes naturales, aumentando la vulnerabilidad de nuestra biodiversidad y exacerbando los desafíos ambientales, al tiempo que se reduce la calidad del espacio público. En este escenario, la gestión del agua se vuelve no sólo una necesidad técnica, sino una cuestión de regeneración y resiliencia urbana.
La ciudad de La Paz, BCS, ejemplifica estos desafíos y oportunidades. Situada en una zona costera árida, enfrenta sequías recurrentes y presiones crecientes sobre sus recursos hídricos en su fase subterránea, al mismo tiempo que se otorgan cambios de uso de suelo basados en potenciales calculados desde el escritorio sin considerar el valor del territorio y se planean infraestructuras que no respetan el ciclo hidrológico en búsqueda de satisfacer la interminable demanda de agua en la ciudad.
A través de un análisis crítico, se explora cómo La Paz y otras urbes pueden alinear sus políticas de crecimiento urbano y de infraestructura con las dinámicas naturales del agua, promoviendo un ordenamiento regenerador y la integración de infraestructuras verdes y azules como una solución prometedora para reequilibrar el ciclo hidrológico urbano y dar los primeros pasos para fortalecer la resiliencia de sus ecosistemas locales.
Los centros urbanos son grandes promotores de cambios, aunque lamentablemente esto no es siempre positivo. Por lo tanto, la atención sobre las ciudades resulta central en la búsqueda de trayectorias hacia estados más regenerativos. Muchos de los impactos negativos de las urbes están relacionados con el agua, por la concentración y aumento de su consumo, como por la alteración de su cantidad y calidad debido a los procesos propios de la urbanización.
En el marco de la búsqueda de ciudades más sustentables, es clave empezar por entender al agua no solo como un recurso, sino como un elemento central de la naturaleza que media la mayoría de los procesos que ocurren en ella. Para avanzar en esta aproximación, es necesario asumir que las ciudades son un sistema complejo, que por sus características lo definimos como un socioecosistema. Esto implica que en el espacio donde se encuentra la ciudad, primeramente los ecosistemas se desarrollaron a partir de las condiciones impuestas por las propiedades físicas del sitio, y que las sociedades, y por lo tanto las ciudades, se desarrollan a partir de las condiciones planteadas por los ecosistemas. Por lo tanto, los impactos sobre las propiedades físicas (ej. afectaciones en la dinámica hidrológica) o sobre los ecosistemas (ej. reducción de espacios verdes por urbanización) afectan las posibilidades de avanzar hacia ciudades más sustentables.
Para fomentar estas trayectorias más sustentables en las urbes resulta clave considerar, desde la gestión urbana e hídrica, las propiedades físicas y fomentar la resiliencia de los ecosistemas, y con ello incentivar la aparición y conservación de los beneficios relacionados al agua que dichos ecosistemas brindan. Para esto es necesario asumir que las ciudades están inmersas y dependen de un sistema natural, y que el límite urbano, arbitrario y artificial, no debería negar o ir en contra de las dinámicas naturales relativas al agua. Sin embargo, al ingresar en suelo urbano la gestión del territorio suele centrarse en la utilización de tecnología, con un alto consumo energético, para extraer, mover y limpiar agua, yendo incluso en contra de las dinámicas naturales.
Existen ciudades que han avanzado en considerar las dinámicas relativas al agua dentro de las ciudades, alineando el ordenamiento urbano y la gestión del agua con las propiedades físicas y biofísicas del socioecosistema. Estos casos se pueden dividir en dos grandes categorías: 1) los que incorporaron la visión sistémica para recuperar y fomentar la resiliencia de los ecosistemas en la urbe y en la cuenca (ej. restauración de espacios verdes y azules urbanos y periurbanos), y 2) la incorporación y uso de las propiedades físicas y biofísicas del sistema a través de innovaciones tecnológicas (ej. captura de agua de lluvia y reúso de agua).
Un aprendizaje clave de las ciudades que han avanzado en la incorporación de una visión de cuenca, y de socioecosistemas, en la gestión urbana del agua es su conocimiento y consideración de las propiedades específicas de cada sistema. Esto, con el fin de evitar trasladar soluciones de una ciudad a otra con características diferentes.
Considerando, por ejemplo, las características particulares del socioecosistema de La Paz, Baja California Sur, en México, por ser una ciudad inmersa en una zona costera árida, hacen que la búsqueda de soluciones para sus problemas relacionados con el agua deba ser pensada a partir de estas propiedades biofísicas tan particulares de la región. Por un lado, conocer, entender y considerar las propiedades físicas del sistema (ej. cantidad de lluvia, pendientes, fenómenos naturales como huracanes), es clave para generar políticas y proyectos que las consideren desde su diseño. Asimismo, la relación de estas propiedades físicas con las características y resiliencia de los ecosistemas presentes en la cuenca, dentro y fuera de la urbe, y cómo éstos se relacionan con los problemas relativos al agua, es prioritario para avanzar hacia una urbe más sustentable.
La ciudad de La Paz, al igual que gran parte de los centros urbanos, sufre sequías y la presencia de inundaciones. Esto generalmente se vincula con la falta de consideración de las propiedades biofísicas del sistema en los procesos de urbanización. Algunos aprendizajes relevantes de otras ciudades al respecto remarcan la importancia de la conexión entre los procesos de ordenamiento territorial y desarrollo urbano con la dinámica natural del agua y la gestión de este recurso desde las ciudades. Sin embargo, las ciudades chicas y medianas, como La Paz, parecen tener la oportunidad de repensar su relación con el territorio y alinear cada vez más su desarrollo urbano con las dinámicas y procesos naturales. Esto podría evitar el llegar al estado de otras ciudades que urbanizaron zonas naturales estratégicas, por ejemplo, para la recarga de los sistemas subterráneos del agua o la prevención de inundaciones, y que ahora están buscando revertir estos procesos de urbanización.
Lo planteado anteriormente es un proceso que debe empezar cuanto antes, y sus resultados se evidenciarían en el mediano o largo plazo. De forma complementaria, considerando la urgencia de los problemas de escasez de agua, parece prioritario que La Paz comience a enfocar esfuerzos en el reúso de agua, y así generar un aumento en la disponibilidad del recurso para un uso más eficiente y justo. En este marco, cabe resaltar que la confianza de la población es una barrera identificada frecuentemente ante la estrategia de reúso de agua, por lo que además de construir infraestructura, es necesario promover el monitoreo de información confiable y transparente para la población sobre su calidad y usos, así como la comunicación y educación para fomentar el entendimiento y la apropiación social de estos proyectos.
Es importante considerar que, para avanzar en la solución de los problemas urbanos de agua, no alcanza con enverdecer las ciudades, conseguir nuevas fuentes de agua o mover rápidamente el agua que genera inundaciones. Dicho avance requiere considerar en las políticas y proyectos de desarrollo urbano y gestión hídrica, las propiedades físicas y ecosistémicas en la cuenca, dentro y fuera del territorio urbano. Esto implica plantear una relación sociedad-naturaleza de manera tal que asumamos nuestra pertenencia y dependencia a un mismo sistema, el socioecosistema, y por lo tanto promovamos la resiliencia de los ecosistemas dentro y fuera de las urbes, para caminar hacia ciudades más sustentables.
* Marcelo Canteiro es Doctor en Ciencias Biológicas. Mariana Orozco Camacho (@morozca) es especialista en políticas públicas y gestión integral de la ciudad.