blogeditor · 11 de diciembre de 2020
Se ha dicho que no hay nada nuevo bajo el sol o que todo es la misma gata nomás que revolcada. Casi siempre son exageraciones, sin embargo, en la naturaleza solo hay 98 elementos de la tabla periódica, y todo lo que vemos está hecho de ellos. De unos más, de otros menos. Una mesa, un pato, unas enchiladas. Una neurona de Einstein, lo mismo que una de Hitler; el cuerpo de Gisele Bündchen, lo mismo que el de Donald Trump, llevan en su “receta” los mismos ingredientes, unos contados elementos. Lo que cambia es la forma de preparación. Por cierto, el sol apenas está hecho de 10 elementos, aunque los científicos reconocen que en otras galaxias puede haber algunos elementos no conocidos aquí, o que aquí sólo existe en estado artificial y a veces por solo unos instantes. Reduccionismo aparte, hay quienes opinan, en cierta forma, que hasta los sentimientos estarían hechos de los mismos materiales, como el amor que tiene entre sus ingredientes a la oxitoxina. No descartemos que algún día en las farmacias haya drogas para el mal de amor.
Quizá ya en el extremo desconsolador, en esa falta de identidad de los átomos, y siguiendo a los grandes divulgadores de la ciencia -porque seguir a la misma ciencia parece imposible-, el tiempo también sería una consecuencia de esos materiales y finalmente como tiempo no existiría. Y entonces sí podríamos decir que todo está hecho de lo mismo. Imaginemos cómo pudiera ser que los 6 minutos que te lleva leer esto estuvieran hechos de algunos átomos de carbón y algunos de oxígeno, etc. En la materia viva también se cumple la falta de identidad de los materiales. Aunque la oveja Dolly (1996-2003) pagó alto precio por los supuestos de la manipulación de los genes de ¿sus padres?, sí nos demostró que somos copias de nosotros mismos, pero luego supimos que ni nosotros mismos somos los mismos siempre.
Dos átomos de oxígeno en realidad son idénticas copias y Bonnie (1998- ) es la hija de la oveja Dolly; no hay nada nuevo bajo el sol. Pero si las cosas están hechas de lo mismo, ¿porque hay tanta diversidad? ¿También las historias estarán hechas de los mismos elementos? Hay gran variedad de historias y de contadores de historias. No es lo mismo anónimo que tanto ha escrito sin más ambición que la de ocultar quien es, que el autor de Cien años de soledad que todo mundo sabe quién es y no tuvo nunca el ánimo ni vocación de ocultarlo. Ni tampoco es lo mismo Pedro Páramo hablando con los muertos que El quijote hablando con todos, existieran o no. Las historias cambian aunque las letras no.
La materia de las historias
La materia está hecha de átomos y éstos de partículas, pero ¿y de qué están hechas las historias? Sabemos que de tiempo; éste las transforma. A tal grado que las puede cambiar de género. Como diría Woody Allen, la comedia es una tragedia más tiempo. Pero antes que nada, las historias se hacen de oraciones, y éstas de palabras y éstas de letras, que son a la literatura lo que los átomos a la naturaleza. Hay combinaciones mejores que otras, aunque tengan los mismos ingredientes -excepto quizás Finnegans Wake en la historia de la literatura-. Kurt Vonnegut en su último libro en forma, Un hombre sin patria, incluyó en el mismo el capítulo Una lección de escritura creativa, donde a forma de ensayo comienza con algunos consejos del tipo “Primera regla: no uses semicolon. Solo son hermafroditas trasvestis que no representan absolutamente nada más, excepto que fuiste al colegio. Algunos de ustedes tendrán problemas en distinguir cuando estoy hablando en serio y cuando de broma. Por eso a partir de ahora diré cuando estoy bromeando. Por ejemplo, únete a la marina o a la guardia nacional y enséñales democracia. No es cierto, es broma. Estamos a punto de ser atacados por Al Qaeda. Ondea banderas si las tienes. Eso siempre parece asustarlos. No es cierto, es broma. Si de veras quieres lastimar a tus padres y tienes el nervio de ser gay, lo menos que puedes hacer es meterte a las artes. Es en serio”. Y así. Después de toda su fiesta nos dice cómo graficar algunas historias y recomienda algunos trucos de marketing para escribir creativamente. Un estúpido cínico. Es broma.
Fórmulas narrativas
En su lección se fascina haciéndonos ver cómo las historias son tan similares que puede generarse gráficas que explican muchas historias a la vez. En realidad, solo cambian los nombres de lugares o personajes. Diseña su gráfica con el eje vertical que va desde lo más bajo que es el infortunio hasta lo más alto que es la fortuna. Luego el eje horizontal que viene desde el comienzo y va hasta su fin que es la entropía. Su primer diagrama (figura 1) representa la historia del hombre en el hoyo que –nos aclara- no tiene copyright y que a la gente le gusta oír una y otra vez. El hombre (que puede ser una mujer), está en problemas. Comenzó muy bien, cae y luego regresa a la felicidad. Vonnegut lo dibuja de propia mano, porque también era dibujante, pero quizá su dibujo -al contrario de la historia universal que representa- sí tiene copyright, así que lo representamos aquí, con diagramas menos expresivos, aunque más profesionales y sin copyright; ese derecho que si consideramos bajo la perspectiva de “la misma gata, pero revolcada” no debería existir, pues todo es una copia de algo. Aunque los diagramas que presentamos son menos expresivos que éstos, funcionan, como funciones que son. Para los curiosos, la figura 1, se trata de la función coseno(x), aunque no nos lo diga Kurt, porque quizá kurt-iría su ensayo demasiado.
Vonnegut también enseña en su lección que podemos comenzar al revés, es decir, con un chico (puede ser chica) muy estándar que comienza a crecer, y luego ocurre un infortunio, pero vuelve a crecer. Queda representada en la figura 2. Para los curiosos es la función seno(x). Pero hay historias menos optimistas y que no permiten a sus protagonistas al menos conocer el sabor de la fortuna, como la de la figura 3: el personaje comienza sin gran decrecimiento, pero de pronto se cae al infinito, nunca conoce la fortuna o cosas similares como la felicidad. Adivinaron: Kafka. La historia es más simple, pero la función más complicada: f(x)=4/(4x-1).
Finalmente, Vonnegut nos ofrece el espacio sin gráfica, en la figura 4. Se trata de Hamlet, por supuesto, sin representación matemática, o bien con palabras más técnicas podríamos definir la gráfica como el conjunto vacío. Esto puede parecerle a alguien muy radical -también hay niveles de radicalidad-. Borges en su célebre conferencia El arte de contar historias, nos dijo que se han contado sólo tres historias: la de Troya, la de Ulises y la de Cristo: “Digamos que durante muchos siglos, estas tres historias –la de Troya, la de Ulises, la de Jesús– le han bastado a la humanidad. La gente las ha contado y las ha vuelto a contar una y otra vez; les ha puesto música, las ha pintado. Han sido contadas muchas veces, pero las historias perduran, sin límites. Podríamos pensar en alguien que, dentro de mil o diez mil años, una vez más volviera a escribirlas”. Así que quizá el plagio no es plagio, y todas las conocidas acusaciones a Camilo Cela, Saramago o Fuentes, y a otros, sean sólo producto de la gata revolcándose. Y hablando de fuentes, vemos en el plagio un delito inútil, pues es mejor irse a la fuente: Cristo, Ulises o Troya, poseen derechos ya vencidos. Hollywood sabe bien que sólo hay unas cuantas historias. Recordemos que Tom Marvolo Riddle dice I am lord Voldemort. La repetición no ocurre solo con las historias, también con las palabras y con las letras. Así Pedro Páramo podría acabar siendo un anagrama, Poder Amparo, y terminar las mismas letras revueltas en un manual de jurisprudencia. ¡Qué desperdicio!
Aritmética de las letras
Quizá si alguien dijera que todos los electrones son iguales, otra persona le preguntaría si ya los comparó todos. Si alguien nos dice que todas las historias son iguales, le diremos que no, porque la de Hamlet es distinta que la de un hombre atrapado en un proceso en su propia casa; ese personaje de Kafka, la humanidad lo ha tratado de victimizar, como si no se tratara de un banquero; que como tal, muy probablemente estuvo en un mal manejo de fondos y entonces el misterio solo lo es a medias.
Los biólogos experimentan con ovejas como Dolly para ver que no es la misma oveja, pero revolcada. Los físicos tienen sus aceleradores, donde al mismo tiempo aceleran las partículas y la visión que tenemos del mundo. Así que debe considerarse un derecho fundamental la experimentación, por eso hemos formulado el siguiente experimento, pero con letras. Así como hay quien se ha enojado por la experimentación con animales, habrá quien se enoje por llevar a cabo experimentación con obras casi sagradas de la literatura universal. Veámonos ortodoxos sólo un momento.
Material: 8 novelas de la literatura universal en lengua española en un archivo de texto plano, una computadora y un programa de conteo de letras, especialmente diseñado para este experimento. Posteriormente, se realizó un mapa de un teclado para representar cada tecla con un color que represente la frecuencia con que cada tecla se presiona.
Método: se contaron cada una de las letras (de la a a la z); en cada obra se contó la frecuencia de cada letra de la a a la z; en cada una de las novelas y los datos se almacenaron en una base de datos, aquí es donde entra el programa hecho en el lenguaje Phyton.
Resultados: regresemos a la heterodoxia.
Si alguien nos dice que las historias están todas hechas de lo mismo, también podremos preguntarle si ya las comparó todas. Lo cual es muy imposible, pero hemos podido comparar algunas de las más conocidas de la lengua española. Seleccionamos 8 de la lengua española con un balance geográfico, de México Pedro Páramo (Juan Rulfo); de Guatemala Señor Presidente (Miguel Angel Asturias), sin ánimo de seguir alguna moda contemporánea; de Colombia, Cien años de Soledad (Gabriel García Márquez); de Perú, El reino de este Mundo (Vargas Llosa); de Chile 2666 (Roberto Bolaño); de Argentina, Rayuela (Julio Cortázar) y de España dos clásicos, El lazarillo de Tormes (anónimo) y Don Quijote de la Mancha (Miguel de Cervantes). Realmente la elección geográfica no tiene que ver con el problema geográfico al que vamos. No son necesariamente las más importantes, o las más vendidas, pero están disponibles y más o menos existe consenso en que son grandes obras que no tienen gran conflicto con mucha gente. Digamos que son obras que no molestan a nadie.
En el conteo de palabras resultó la tabla que se presenta. El programa hecho en lenguaje Phyton genera una tabla donde nos dice cuántas aes, bes, ces hay en todo el texto. Luego calculamos el porcentaje de cada letra en el texto de donde fue obtenida. En la tabla podemos apreciar el conteo de letras de cada una de estas novelas y luego calcular el porcentaje sobre el total de letras.
Tabla 1. Frecuencia de letras en 8 obras cumbre de la literatura en español
Vemos que la proporción de cada letra es prácticamente la misma en todas las novelas. Aunque en aritmética 5 es diferente de 6, en estadística 5 puede ser igual a 6 si tenemos un error de, digamos, 2. Considerando un margen de error, digamos aceptable, la proporción para cada letra en cada novela se puede considerar la misma. Los estadísticos no aceptan esta conclusión tan fácil, pues les tenemos que decir qué entendemos por “aceptable”, para lo cual hay pruebas, tras las que ellos aceptan la conclusión. En este caso no hay duda de que la aceptarían como tampoco hay duda que al público general no le interesan esas pruebas.
Es relevante saber que Pedro Páramo y el Reino de este mundo tienen prácticamente el mismo número de letras; la segunda es histórica y la primera parece ser de otro mundo. Las dos son grandes novelas, aunque la primera es una piedra angular de la literatura. La primera es de un autor que solo escribió dos libros y la segunda de un autor prolífico en cuanto al número de libros. Otras dos obras fundamentales de la literatura universal tienen casi el mismo número de letras: Cien años de soledad y Don Quijote de la Mancha. Los escritores no fuerzan su uso por alguna letra, quizá solamente Jardiel Poncela, cuando en sus cuentos evitaba alguna letra. Oscar de la Borbolla con su enigmático Las vocales Malditas va más allá y escribe cinco cuentos que solo llevan cada uno, una de las vocales. Fuera de ahí, quizá todos los escritores están condenados a partir de los mismos ingredientes con el mismo gramaje de cada uno. Ni modo.
¿Y los políticos?
Nos preguntamos si ese mundo de los mismos ingredientes y distintas recetas vale solo en el mundo literario. Y no. Resulta que si hacemos el mismo experimento con una muestra de obras de políticos, resulta lo mismo. Hemos procesado cuatro obras de una candidata presidencial y los tres últimos presidentes. Repitamos el experimento.
Material: 4 obras de personas de la política mexicana…
Método: ibid.
Resultados: ibid.
Ocurre lo mismo. Los ingredientes son estadísticamente en las mismas proporciones. No ha de significar que los políticos nos dicen lo mismo que los escritores y poetas, pero sí que usan las mismas dosis de cada letra. Como un coctel de medicinas que las puedes cambiar de orden y dan resultados diferentes, pero son los mismos ingredientes.
Tabla 2. Frecuencia de letras en 4 obras cumbre de personas de la política mexicana
Esto no solo se aplica a letras sino que también a palabras. Desde los años 40, el lingüista Zipf formuló una ley según la cual, en las lenguas, si la palabra más común se repite x veces sobre una extensión, la siguiente se repite la mitad, y la siguiente más frecuente un tercio de veces de la primera y así. La formulación es
N es la enésima palabra más frecuente y a un número real mayor que 0.
Es más, también se da en los números. Algunos matemáticos han estudiado las repeticiones en series numéricas. Como la ley de Benford que a rasgos generales dice que en secuencias numéricas el primer dígito que más se repite es el 1, luego el 2, y así. Cuando una secuencia no obedece esta ley, es muy probable que esté siendo manipulada. Por ejemplo, si se aplica en una serie de gastos en una corrida fiscal y no ocurre el patrón, es muy probable que haya una manipulación contable. O en una elección, podríamos pensar en un fraude. ¿Qué pasaría si una obra de la literatura o de la política no cumpliera con la distribución de letras que hemos visto? ¿Quizá deberíamos pensar que fue “manipulada” en cierta forma? Como hacen los autores de lipogramas -de los que George Perec escribió su historia, que pueden hacerlos por fobia como la que tenía Gottlob Burmann a la letra R (que escribió decenas de poemas sin la letra R) o por reto como en algunos cuentos de Ponceda o las Vocales malditas de De la Borbolla. Tan sólo así empieza: “Abraham amaba a Sara cada mañana clara: pasaba la manaza, arañaba la lana, arrancaba la bata, la abrazaba; clavaba las garras hasta matarla”.
Geografía imaginaria
Se cree que la geografía siempre son mapas de lugares de la tierra. Hay mapas de la luna. Pero también hay mapas de los llamados, de la imaginación. Como los que reúne Katharine Harmon o Frank Jacobs, que logran entender la geografía y la cartografía como un sistema de referencia que nos permite comprender algo y no necesariamente un sistema de ubicación. Las novelas que examinamos pueden ser representadas en mapas de la imaginación. Para lograrlo y consumar el experimento propuesto, utilizamos un sistema de información geográfica (SIG) libre (QGis) y el conteo que hicimos de las letras. Un SIG es un programa que asocia un valor a cada punto en un espacio, y después permite llevar a cabo gráficas que terminan siendo mapas y cálculos. Así, para cada novela construimos el mapa que le corresponde. Pero a cada letra le asociamos el punto central donde cae el dibujo de un teclado. Así, el teclado se vuelve un mapa base. Luego, utilizamos el mismo programa para emular una tomografía. Y a cada punto le asociamos un color de acuerdo a la frecuencia de la letra que le corresponde. Es como si pensáramos que durante la escritura de cada novela una tecla se puso más o menos caliente dependiendo del número de veces que se oprimía. El resultado es un conjunto de mapas de calor, como los que vemos en la figura 5. Unas teclas serían más calientes que otras. De hecho se llaman mapas térmicos.
Lo sorprendente es que todos los mapas son prácticamente iguales, al menos si consideramos igual como se hace en estadística. Las diferencias son tan pequeñas que no son apreciables más que siendo muy detallista. 8 novelas y todas tienen el mismo mapa. Esto recuerda cuando Lewis Carrol en su inmortal Caza del Snark muestra un mapa en blanco, pues es del mar. Así, cualquier lugar del mar tendría el mismo mapa. Un mapa vacío. Valdría la pena considerarlo cuando alguien pregunte si es posible mapear la felicidad. Vemos nuevamente que el mono de Borel está condenado al fracaso. Ese mono imaginario fue puesto por su autor (Borel) a escribir en una máquina teclazos al azar. Se supone que algún día debería resultarle El Quijote. Es completamente improbable que Borel, con una técnica aleatoria, diera por resultado un patrón que se cumple sin esfuerzo en quizá todas las obras (solo estamos seguros de 8).
Es como si cada escritor recibiera una cantidad de letras con la misma proporción siempre de aes, de bes, ces, des … zetas. Cada letra es un ladrillo y todos los escritores tienen dotaciones de ladrillos equivalentes. Pero uno cuenta una historia de muertos, y otro de vivos, uno una historia real y otro una de la fantasía. Y al final, todo era lo mismo. Cada uno mueve las letras a su modo como si fueran un gran anagrama y obtienen distintas cosas, como en todo anagrama. Como el creme brulée y el flan, que llevan los mismos ingredientes. Este mismo ensayo que el lector está por concluir, no tendrá todo el carisma del Quijote, pero tiene el mismo mapa, una semejanza tendría que tener (Figura 5). La misma gata, pero revolcada, nos han dicho; lo que a veces se olvida decir, aunque va implícito, es que si está revolcada, ya no es la misma gata. Y quizá lo mismo no es en realidad lo mismo.
Figura 5. Mapas térmicos imaginarios de algunas de las más importantes novelas en lengua española
Figura 6. Mapas térmicos imaginarios de algunas obras de políticos mexicanos
Es cierto que todos y todas escriben con las mismas letras, pero no con las mismas palabras. Vemos en las nubes de palabras de la figura 7, cómo las palabras más frecuentes denotan las preocupaciones más frecuentes de cada político. Los tres hombres del grupo analizado tienen entre una de sus principales palabras México. En cambio Josefina Vázquez Mota repite más las palabras mujer y vida, y una palabra relacionada con ambas: hijos. También repite nuestra, nuestras, nuestros y nuestro incansablemente. Y palabras como todos, años, amor. Calderón repite más PAN y Gobierno, mientras que AMLO, que aun no era presidente cuando escribió el libro representado, repite millones, país, ciento, corrupción y Calderón. Ambos repiten mucho política. En cuanto a Peña Nieto repite más palabras “técnicas” tipo “informe de gobierno” como población, sistema, sociedad y seguridad. Cada quien saca su perfil, pero con las mismas letras. Y todo esto nos hace pensar que siempre oímos lo mismo, pero revuelto, igual en historias de la ficción que en la ficción de historias que es la política.
* Tonatiuh Meaney es responsable de análisis espacial. GITS-IGG-UNAM. Coordinador de impacto social Plurmac. Urbanista, criminólogo y estudiante de matemáticas. Profesor de geoestadística de la UAEM. Jair Arriaga es ejecutivo de geoinformática. Registro Único de Vivienda. Luis Chías es coordinador general de GITS-IG-UNAM. Investigador de tiempo completo UNAM. Doctor, maestro y licenciado en geografía. Coordinador general de GITS-IGG-UNAM.