Genes, chicas, el Dr. Watson y una pintura de David Hockney

blogeditor · 6 de febrero de 2015

Genes, chicas, el Dr. Watson y una pintura de David Hockney

El pasado diciembre el Dr. James Watson –codescubridor de la estructura del ADN– puso a la venta su medalla Nobel para comprar una pintura de David Hockney. La medalla Nobel –del tamaño de un pequeño sartén– se compró en subasta por 4.1 millones de dólares. El comprador fue un ricachón ruso muy sentimental que se comprometió a devolver la medalla al pobre Dr. Watson, a quien, nuevamente, la sonrisa socarrona le volvió al rostro.

Anteriormente, en el 2013 se vendió la medalla Nobel del Dr. Francis Crick –el otro codescubridor de la estructura del ADN– por 2.27 millones de dólares. La medalla fue puesta en remate póstumamente por los herederos del Dr. Crick años después de su muerte por cáncer. Pero el Dr. Watson está todavía vivo, aunque defenestrado por las academias científicas, esas entidades grandilocuentes e incuestionables que lo endiosaron y que él tanto amaba.

El Dr. Watson hizo su brillante carrera en la investigación científica –la cual terminó casi después de haber colaborado para resolver la estructura del ADN en 1953– buscando siempre el reconocimiento personal. Al recibir el Nobel de Fisiología en 1962, se dedicó exclusivamente a engordar la academia y dirigir administrativamente instituciones y proyectos de investigación. La alta burocracia le sentaba bien. Dirigió en 1990 el Programa del Genoma Humano rivalizando con el santón del genoma sintético: el Dr. Craig Venter. Salvo aristócratas disputas de egos todo marchaba bien para el Dr. Watson: dinero, fama, chicas, libros autobiográficos y una medalla Nobel. Pero empezó a soltarse en público y su bocaza lo llevó a la ruina social.

[contextly_sidebar id=”ckDq3Ukl5LHTzFuIhxPKrrBlPqvMCCBk”]La historia del descubrimiento de la molécula de ADN concluye con el modelo estructural y funcional de doble hélice propuesto por James Watson y Francis Crick en 1953. Pero su descubrimiento inicia con los trabajos solitarios y personalísimos del químico suizo Friedrich Miescher en 1860, quién identifica por primera vez la molécula y la llama “nucleina”. El término derivó luego en “ácido nucleico”, y finalmente en “ácido desoxirribonucleico” o ADN. Medio siglo después el prolífico bioquímico ruso Phoebus Levene continuaría con los trabajos de Miescher para resolver la estructura, composición y función de la molécula. Seguidamente, el bioquímico austriaco Erwin Chargaff –inspirado en el trabajo sobre genes de Oswald Avery, Colin MacLeod y Maclyn McCarty de 1944– contribuyó notablemente a resolver la estructura de la molécula y allanó el camino para el modelo resuelto por Watson y Crick. Igualmente, los trabajos sobre la naturaleza de los enlaces químicos por el biólogo molecular Linus Pauling, así como los datos estructurales por difracción de rayos X colectados por los cristaloquímicos Rosalind Franklin y Maurice Wilkins –datos fundamentales y usados sin su consentimiento– contribuyeron significativamente a resolver el modelo tridimensional, doble hélice de Watson y Crick publicado en 1953. Una punta de iceberg en la Biología.

Últimamente, el Dr. Watson ha sido calificado de racista, homófobo, sexista, republicano, ateo, decadente y socialmente pernicioso. Y todo esto por expresar sus pensamientos en voz alta y hacer comentarios en cartas y libros que atentan contra la corrección política. La corrección política en la academias científicas se multiplica alarmantemente y se intensifica durante las décadas de los años 70’s, 80’s y 90’s hasta convertirse eventualmente en un dogma cruel y ridículo. La hipocresía y la descalificación oportunista son actualmente la línea a seguir en la corrección política surgida del siglo XX, y la cual nos persigue hasta ahora.

El Dr. Watson fue neutralizado mayormente por sus comentarios chabacanos sobre los atributos de las mujeres, el diagnóstico genético de la homosexualidad, y la evolución de la inteligencia en los negros. Todas sus opiniones están basadas en el mecanicismo materialista de la genética y el determinismo amoral de la estadística que, para el Dr. Watson son infalibles. El Dr. Watson dice que la homosexualidad se explica por el determinismo genético y su predisposición debe alertarse debidamente. También supone que la terapia genética puede acabar ya con las mujeres feas, produciendo solo mujeres bonitas, y sugiere que se debe aceptar definitivamente que el intelecto de los negros africanos ha evolucionado tardíamente. De acuerdo al Dr. Watson, la cultura humana actual no está preparada para los cambios que propone la terapia genética, la cual se basa en hechos duros y no en criterios morales.

Sin embargo, los comentarios del Dr. Watson nunca llamaron al odio. Solamente son las opiniones desmesuradas y contradictorias de un soñador grotesco e iletrado. Refleja en sus opiniones la sabiduría oscura del genetista y estructuralista del siglo XX, es un apasionado del dato duro, y típicamente no es más que un hombre de su época: ese siglo XX que se resiste a soltarnos. Es un hombre de su época que ha vivido con la angustia que le produce “el otro”: el negro, el homosexual, la mujer, el extranjero.

El Dr. Watson fue obligado a renunciar a la academia y al autobombo de la conferencia magistral. Ningún Instituto o Universidad quiere saber de él, es impresentable, apesta a problemas. La corrección política de la academia lo sentenció al olvido. Pero ahora vuelve –después de la venta de su medalla Nobel– a ocupar su papel de antihéroe y a darnos una experiencia de vida que podemos diseccionar en varias lecturas: [1] Los científicos laureados con el Nobel tienen su momento, pero pueden ser tan insulsos como cualquiera. [2] El descubrimiento científico se va produciendo por el trabajo continuo de muchos, es un saber acumulado, pero solo las individualidades –ese impulsivo que busca su autoafirmación– son quienes lo concretan. [3] Las academias son irrelevantes para el descubrimiento científico, fomentan el espíritu gregario y sancionan duramente el individualismo –ese tipo impulsivo ingobernable– mediante el dogma atroz de la corrección política. [4] Históricamente, el descubrimiento científico se obtiene por el individualismo y menos por el espíritu gregario. [5] Una pintura original de David Hockney puede remplazar definitivamente una devaluada medalla Nobel.

¿Qué pintura eligió el Dr. Watson? Posiblemente una de aquellas de la época californiana de Hockney, donde aparecen retratados potentes rubios de nalgas lustrosas y piscinas azules y ondulantes. Paisajes dorados e idílicos de la vida suavemente disoluta del homosexual clasemediero. La América bella, el siglo XX, el mejor de los genomas.

 

* Francisco Riquelme (@FCO_RIQ) es Paleontólogo y Doctor en Ciencias por la UNAM.