Generosidad

Redacción Animal Político · 30 de marzo de 2011

Generosidad

El alto funcionario de procuración de justicia recibía a un conocido en su oficina.

– “No entiendo por qué estás aquí –dijo el amigo- si en tu despacho podrías ganar 5 veces más de lo que cobras en este puesto…”

El funcionario se le quedó mirando y le dijo:

– “Se llama servicio público.”

La generosidad es un término que muy pocas veces se ve asociado a la política. Este hábito de dar y entender a los demás es desde luego una práctica social deseable, en tanto útil para ayudar en caso de necesidad a quien menos puede o tiene; pero aplicada a la política, y en especial a la política mexicana podría parecer un contrasentido.

La política busca gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Está orientada –desde luego- ideológicamente; pero el fin al menos en su definición, es el mismo: el beneficio de la sociedad. Es por ello que el servicio público debe ser una actividad intrínsecamente generosa.

Las acciones para alcanzar el poder político –y por ende realizar servicio público- parecieran estar regidas al menos en México por criterios diametralmente distintos al ejercicio del mismo, lo cual es una vez más un contrasentido, aunque en la práctica parece ser cierto. Les comparto a continuación algunos hechos que me han hecho reflexionar al respecto:

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Hace unas semanas, el senador Manlio Fabio Beltrones difundió su propuesta de reforma fiscal que entre otros puntos busca generalizar un IVA menor al actual excepto una canasta básica, eliminar el nefando IETU y bajar las tasas de ISR. Al legislador sonorense le fue excelente con esta iniciativa, ya que más se tardó en presentarla que todos los demás en criticarla. Incluso diputados de su propio partido se lo pusieron como lazo de cochino. La Secretaría de Hacienda se dedicó a denostar la propuesta; los diputados del PAN lo bañaban con cubetadas de cifras y el senador, feliz, respondía de todo a todos. Sobra decir que las menciones al también suspirante a la Presidencia de la República aumentaron considerablemente en los medios de comunicación, por lo que Beltrones debe estar muy, muy feliz.

Los elementos más importantes de la iniciativa habían sido propuestos ya por el PAN en años anteriores (Señaladamente el IVA generalizado con canasta básica) y resultó casi patético, como contribuyente y como panista, ver como el PAN y SHCP se volcaron a descalificarla de entrada.

¿Qué hubiera pasado –aventuro aquí una “idea imposible” como las llama mi amigo @GoMonroy- si al ser presentada dicha iniciativa, las comisiones del Senado la dictaminaran al otro día y en la siguiente sesión se aprobara por la mayoría del PAN y del PRI? Bueno, que los contribuyentes hubiéramos recibido una bonita señal de nuestro gobierno (No del senado, ni del senador necesariamente) y si bien la recaudación no hubiera tenido un aumento considerable, sí se hubieran establecido las bases para hacer una verdadera revolución fiscal. Y ya de pasada, el senador no hubiera tenido tantos reflectores, al armarse sin dilación un consenso plural.

¿Por qué una situación como la anterior es imposible? Porque la iniciativa no se estudió en sus méritos (si es que se estudió) y –como todo en las cámaras- se valoró desde el punto de vista de la ganancia política inmediata; ajena a toda posible generosidad.

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El jueves 24 de marzo, en un movimiento que sorprendió a muchos -incluyéndome-, más de 700 medios firmaron en el entorno del movimiento “Iniciativa México” el “Acuerdo para la cobertura informativa de la violencia” que establece una serie de criterios editoriales básicos que ayuden a presentar a la sociedad una visión objetiva y correcta de lo que representa la amenaza de la delincuencia organizada y a cerrar filas frente a ésta. Sólo un diario, una revista, y una estación de radio relevantes no lo firmaron. El grado de consenso alcanzado fue inédito; el hecho de que se hubiera insertado en el entorno de un movimiento cuestionado como es “Iniciativa México” fue aún más extraño.

Muchos opinadores, periodistas y trabajadores incluso de los propios medios que firmaron, se pusieron de inmediato a cuestionar el acuerdo. Que si le sobra, que si le falta, que si implica la posibilidad de que se coarte la libertad de expresión, que si es ambiguo, que si es omiso. La verdad es que la principal razón en contra del acuerdo es que lo hayan promovido las grandes televisoras. El documento en sí; en sus méritos, no tiene a mi parecer ningún problema.

Veremos en el futuro qué beneficios conlleva la firma del acuerdo. Mientras tanto el histórico consenso; un mensaje en bloque de una sociedad frente al crimen organizado, ha evidenciado ya la generosidad de sus firmantes y la mezquindad de los ausentes.

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El día de hoy mi admirada Xóchitl Gálvez se reunió con su otrora adversario Francisco Olvera, para acordar que el gobierno del priísta ganador impulsaría 3 proyectos importantes que ella promovía en su campaña. Dichos proyectos tendrían plazos concretos, y sin duda Xóchitl será la primera en estar pendiente de ellos, aunque no formará parte del gobierno. Sabiendo cómo se las gastan los priístas -y más los priístas hidalguenses- estoy seguro que Xóchitl tiene varios agravios pendientes. Las acusaciones vertidas en los recursos presentados al tribunal electoral son graves e incluso su propio equipo sufrió una agresión directa del gobierno estatal.

¿Por qué entonces, después de este proceso rudo, va Xóchitl a sentarse con su enemigo y a acordar una serie de programas? ¿Por qué perdona? Porque estos programas benefician a las personas con quien ella tiene verdadero compromiso: la gente de su estado. Para cualquier político esto sería un suicidio; para ella es un acto simple de congruencia que solo puede entenderse desde una perspectiva de generosidad.

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La generosidad como parte de la estrategia política. La generosidad como fuerza para el servicio público. El perdón como estrategia generosa; y finalmente el agradecimiento –como decía mi padre- como justicia del corazón.