Necesitamos hablar de género y medio ambiente en la misma oración

Redacción Animal Político · 29 de septiembre de 2025

Necesitamos hablar de género y medio ambiente en la misma oración

Del 21 al 28 de septiembre se reunieron en la Semana del Clima en Nueva York líderes mundiales y empresariales para hablar de la transición hacia energías limpias, la creación de empleos verdes y finanzas climáticas. Mientras esto sucedía, el presidente Donald Trump dio un discurso ante la Asamblea General de las Naciones Unidas dedicado en gran medida a argumentar que las energías renovables “son un chiste”, que la huella de carbono “es una farsa” y que el Acuerdo de París “es una estafa”. Más allá de las mentiras e hipérboles que caracterizan al presidente de los Estados Unidos, lo que sí logró fue poner en el centro de la discusión, aunque sea por unos días, al cambio climático, y a mí me gustaría aprovechar esta ola para hablar de una vertiente que no recibe suficiente atención: la relación entre el género y el medio ambiente.

Por si nunca habías escuchado que existe una conexión entre género y medio ambiente, acá te lo cuento. Está comprobado que el cambio climático -como todo- no afecta de la misma manera a todas las personas. Afecta más a las personas de países del Sur que del Norte Global, más a las personas pobres que a las ricas, más a las personas indígenas y racializadas que a los blancos, y más a las mujeres que a los hombres. Si además las mujeres cumplen con una o más de estas características, los efectos y peligros de los desastres naturales y del cambio en el medio ambiente son lo peor de lo peor.

¿Por qué pasa esto? En gran medida tiene que ver con los roles de género, los estereotipos y las expectativas que como sociedades imponemos a las mujeres y a los hombres. Empecemos por estos roles que en muchos lugares siguen relegando a las mujeres a los espacios privados y a las tareas de cuidados. Esto es importante porque cuando ocurre un desastre natural, o cualquier tipo de crisis, las mujeres están en mayor medida en los hogares, con hijos o personas mayores a su cargo y con menos ayuda para sobrevivir. Según la ONU, en estas situaciones, las mujeres y los niños tienen 14 veces más probabilidades de morir que los hombres, un dato devastador.

Otra consecuencia de esta distribución desigual de tareas es que las mujeres cuentan con menos medios económicos que los hombres, esto lo sabemos. Las mujeres en el mejor de los casos ganan menos; en el peor, no producen dinero precisamente porque están ocupadas cuidando de otras personas o haciendo tareas del hogar no remuneradas. Entonces, cuando hay un desastre natural, ¿cómo te preparas? ¿Cómo te previenes? ¿Cómo evacúas sin recursos? ¿Cómo decides a quién dejar atrás? Sin estos medios económicos, las mujeres quedan en mayor medida desprotegidas ante cualquier tipo de crisis o imprevisto, y con menos posibilidades de recuperación después de que ocurre un desastre.

Por si fuera poco, hay que sumar los problemas de seguridad y salud que se vuelven más graves por la pobreza, la corrupción, la violencia y el aumento de muertes y enfermedades que surgen durante y después de  las crisis. Las mujeres entonces no se pueden prevenir ni tampoco recuperar, porque existe una expectativa social de que serán ellas quienes, de nuevo, se encarguen y actúen como las principales cuidadoras de niños, ancianos y enfermos.

Entonces, si cada vez vamos a presenciar de maneras más fuertes los efectos del cambio climático en forma de desastres naturales, tenemos la urgencia y la responsabilidad de tomar acciones encaminadas a que estas desigualdades entre mujeres y hombres dejen de existir. ¿Cómo hacemos eso? Con políticas públicas climáticas con perspectiva de género que empujen y acompañen un cambio social.

México cuenta desde el 2012 con una Ley General de Cambio Climático que define las acciones y las políticas nacionales para la mitigación y adaptación. Esta Ley se reformó en el 2024 para incluir los derechos de los pueblos y comunidades indígenas y afromexicanas, las comunidades locales, los migrantes, los niños, las personas con discapacidad y las personas en situación de vulnerabilidad y el derecho al desarrollo, así como la igualdad de género, el empoderamiento de la mujer y la equidad intergeneracional.

Es decir que, desde su creación, la Ley no tenía una perspectiva de género. Y seamos sinceros, reformar un párrafo para incluir la palabra género no implica que ya la tenga. Lo que sí es positivo es que por primera vez se va a incluir en la mesa de toma de decisiones a las mujeres representadas por la nueva Secretaría de la Mujer. Con este gobierno será la primera vez que se presente una política climática que haya sido negociada y planeada con un organismo que tiene como mayor objetivo lograr la igualdad sustantiva entre hombres y mujeres. Habrá que estar muy atentos para ver si -ahora sí- podemos decir que tenemos una política climática con perspectiva de género que no vulnere ni perjudique a más de la mitad de la población mexicana.

* Luisa Barbosa (@luisa_bd) es maestra en Estudios de Género por la Universidad Autónoma de Madrid, con especialización en el análisis y evaluación de políticas públicas con perspectiva de género.