Género: un factor determinante

Redacción Animal Político · 25 de enero de 2023

El género es uno de los factores que determinan las vivencias, vulnerabilidades y oportunidades de una persona. Se trata de una de tantas intersecciones (como la raza, etnia, nivel socioeconómico o discapacidad) que marcan el nivel de desigualdad o violencia a la que una persona se enfrenta en su vida.

Entendiendo que el género también determina nuestro comportamiento, pues a través de estereotipos y roles se nos dicta cómo debemos actuar para ser buenas hijas, madres o esposas, influyendo en las aspiraciones y planes de vida, podemos estimar qué lleva a una mujer a delinquir.

Analicemos un poco el contexto: el género también diferencia a la delincuencia femenina y masculina.

En México es un hecho que las mujeres delinquen en menor medida que los hombres. Aunque la tasa de criminalidad femenina ha aumentado a través de los años, en 2021 solo el 5.5 % de los delitos cometidos en el país fueron cometidos por mujeres; sin embargo, el 53 % de ellas no cuenta con una sentencia dictada. 1 De ellas, el 72 % abandonó sus estudios por motivos económicos, terminando en promedio la educación secundaria.

Así mismo, el 25.5 % de estas mujeres vivieron con padres con problemas de abuso de sustancias y 32.8 % vivieron violencia física, psicológica y/o sexual en sus hogares. 2 Un aspecto preponderante es que un porcentaje significativo de estas mujeres mencionó haberse involucrado en el delito por tener un vínculo con el autor del delito o la víctima.

Asumiendo un rol protector de madres o esposas, han terminado privadas de su libertad al encubrir a sus hijos o esposos, haciéndose responsables de los delitos cometidos por ellos. La investigación “Género y privación de la libertad” de La Cana y el Centro de Investigación para la Paz México, A. C. sigue esta línea, detallando cómo el 48 % de las mujeres entrevistadas mencionó estar en la cárcel directa o indirectamente por un hombre. 3

Entre los delitos por los que han sido privadas de la libertad se destacan el robo, secuestro, homicidio y narcomenudeo. Delitos castigados con altas penas, pero que también proveen gran compensación económica a quien lo comete. De esta forma, podría inferirse que la delincuencia femenina es una criminalidad funcional sesgada por el género que tiene como finalidad conseguir dinero para solventar carencias y necesidades económicas, involucrándose en actividades delictivas por razones de género, como sumisión o codependencia.

El género también diferencia las posibilidades de reinserción, mostrándose más difícil para las mujeres debido a que su tiempo en la cárcel también es más difícil. En general, al momento de ingresar a un centro penitenciario, la mayoría sufre de abandono por sus familias, perdiendo así sus redes de apoyo.

A pesar de que la Ley Nacional de Ejecución Penal delega a las autoridades penitenciarias el trabajo de reinserción,  4 por limitaciones en la capacidad u operatividad institucional, y fallas estructurales del sistema, sus necesidades y vulnerabilidades han sido olvidadas por el sistema penitenciario.

La violencia y marginalización también continúa una vez que han sido privadas de su libertad. El 64.4 % de la población de mujeres privadas de la libertad sufrió algún acto de violencia por parte de autoridades después de su detención y el 49.1 % recibió agresiones físicas por parte de la policía que la detuvo: 29.8 % recibió patadas o puñetazos, 15.3 % fueron asfixiadas y el 15 % víctimas de agresión sexual. 5

Por otra parte, las condiciones de hacinamiento en las que se encuentran, los limitados servicios básicos y la carente oferta laboral y de capacitación dentro de los penales incrementan la desigualdad a las que estás mujeres deben enfrentarse, mujeres que en su mayoría tienen dependientes económicos fuera de prisión.

En este entendido, el 60.9 % de la población de mujeres privadas de la libertad considera que el haber estado en un centro penitenciario afectará sus posibilidades de reintegrarse al ámbito laboral una vez que cumplan su condena, y el 31.2 % manifestó que su estancia en prisión afectará el poder reintegrarse a su familia al abandonar dicho centro. 6

Es indudable que como sociedad le hemos fallado a estas mujeres. Marginalizando a este grupo vulnerable, sostenemos incluso prejuicios y perpetuamos su discriminación una vez que obtienen su libertad, ignorando por completo los factores que les han llevado a estar en prisión.

Por estas y otras razones es indispensable identificar al género como un factor determinante. He aquí, la importancia de segundas oportunidades para aquellas mujeres en donde, por razón de género, su vida ha sido permeada por violencia, discriminación y vulnerabilidad.

He aquí, la necesidad de apostarle a una reinserción efectiva para todas.

* Diana Bañuelos es coordinadora de Monitoreo y Evaluación de La Cana (@LaCanaMx).

 

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