El género, un nuevo lubricante social que aglutina a la derecha para arremeter contra los derechos

Redacción Animal Político · 27 de julio de 2023

¿Qué es ser una mujer? Si puedes responder rápidamente a esta pregunta, seguramente sea porque estás simplificando décadas de debate filosófico, jurídico y de la biología. Porque la realidad es que actualmente responder a esta pregunta es complejo. Por ejemplo, si quieres conocer a través de un formulario el perfil de las personas que asisten a un evento, ¿preguntas por su sexo, su género o ambos?

Esta cuestión es relevante porque el género ha vuelto al centro del debate público como una forma de impugnar distintos fenómenos relacionados con las identidades sociales, las luchas feministas y el avance de los derechos, sobre todo por parte de grupos conservadores de oposición, pero también por parte de algunos grupos de izquierda que recientemente se han sumado a las retóricas en contra de las personas trans. Esto nos preocupa desde los feminismos por las implicaciones en materia de derechos garantizados y por garantizar que tantas luchas políticas nos han costado (a vivir vidas libres de violencia, a la educación, al voto, a la propiedad, al matrimonio igualitario, a la no discriminación, el reconocimiento a la identidad de género, por mencionar solo algunos y con grandes pendientes todavía).

En septiembre de 2016 grupos cristianos, sectores conservadores y padres y madres de familia coreaban por las calles de la Ciudad de México “¡Con mis hijos no te metas: no a la ideología de género!”. Movilización que posteriormente se aglutinó en el “Frente latinoamericano por el derecho a la vida y a la familia”, un movimiento de familias conservadoras, grupos religiosos, actores de la sociedad civil y la iniciativa privada que busca defender los derechos de la “familia natural”: padre, madre e hijos.

En América Latina vemos desde 2016 el auge de las manifestaciones antigénero, especialmente en el contexto de procesos electorales, como el Referéndum por los Acuerdos de Paz en Colombia (2016) y las elecciones presidenciales en Costa Rica (2018), Brasil (2018) y Uruguay (2019). 1 La agenda antigénero también se expresa en campañas y movilizaciones sociales como, por ejemplo, la campaña #ConMisHijosNoTeMetas contra la educación sexual, creada en Perú en 2016 y rápidamente transportada a otros países de la región.

En México, varios Congresos de diversos estados presentaron y votaron iniciativas a las leyes de educación locales conocidas como “pin parental”, que buscaban que los padres de familia dispusieran de mecanismos para rechazar impartición de conocimientos que no vayan acorde  con sus convicciones ideológicas, básicamente una estrategia para que las madres, padres o tutores legales pudieran decidir si sus hijes recibirían información sobre educación sexual, salud reproductiva y no reproductiva, diversidad sexogenérica, pero también sobre derechos de las mujeres y de las personas lgbtiq+.

La noción de “ideología de género” se ha extendido rápidamente por América Latina como un cesto vacío para la ropa sucia, un significante para impugnar todo aquello que huela a igualdad o a protección y garantía de derechos para poblaciones históricamente marginadas.

Con un estilo popular, que apela al estado natural de las cosas desde el sentido común y se adapta fácilmente a múltiples sectores y audiencias, el lenguaje antigénero ya no habla sólo desde la religión. Ahora desarrollan argumentos alternativos desde el derecho (el derecho a la vida desde la concepción o el derecho a la libertad de expresión para discriminar escudándose en postulados como “es mi opinión, no es odio”); desde la biología (sosteniendo que el sexo es binario, ininmutable, ahistórico y transcultural, y negando los avances y conocimientos desde la biología molecular que han invalidado este tipo de caracterizaciones sobre el sexo); 2 desde la biomedicina (defienden que hay un lobby de poder queer y trans que quiere imponer la mutilación genital y la hormonación obligatoria a las infancias y adultes lgbtiq+) 3 y, en definitiva, desde la democracia y la ciudadanía (queriendo restaurar valores tradicionales en torno a la  “familia natural”, la división sexual del trabajo y los órdenes sexuales y de género profundamente racializados y desiguales).

A la vieja oposición de grupos religiosos contra el aborto se le han sumado un conjunto de infraestructuras políticas heterogéneas y seculares en contra de los derechos de las mujeres y las poblaciones lgbtiq+, de los avances en los derechos sexuales y reproductivos, de la justicia racial (anti-género y anti-woke, 4 cocktail perfecto) y de la igualdad y la no discriminación en cualquier ámbito de la vida social y política. Esto -aunado a un contexto material de precarización y flexibilidad de las condiciones de vida, incertidumbre por un presente y futuro en crisis,  violencia y militarización estructural- moviliza la emoción social, desatando la nostalgia de un pasado conservador “que siempre fue mejor”, fomentando el miedo a la incertidumbre de un futuro que provoca rechazo al cambio social y el odio a todo aquel que sea diferente y parezca obtener ventaja de esta situación.

La emergencia del lenguaje antigénero derechiza el campo político, es decir, recorre las posiciones políticas hacia el marco de la discusión de la derecha, y nos obliga a responder ante guerras culturales con falsos debates sobre querer hormonar a las infancias con expresiones de género no normativas, querer racializar y queerizar el cine con sirenitas negras o besos lésbicos en Lightyear, o querer borrar a mujeres por el solo hecho de buscar la ampliación de derechos entendiendo que no existe La Mujer, sino las mujeres atravesadas por diversas condiciones de clase, racialidad, identidad de género, orientación sexual, corporalidades y capacidades.

Frente a ello, desde el Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir seguimos apostando por la formación política de una mayor masa crítica que genere estrategias colectivas de incidencia, y que no solo haga contrapeso a los discursos de odio de los grupos antiderechos, sino que avance en la agenda feminista por la igualdad y la justicia de género y racial desde un enfoque interseccional, para crear puentes, conexiones y alianzas entre movimientos que luchan contra la desigualdad y las políticas que buscan perpetuarla.

Por eso el pasado mes de junio, en el marco del Laboratorio de Acción Narrativa, 50 activistas de todo México vivieron un proceso de formación y creación en el Museo Universitario del Chopo que derivó en la muestra “Insurrectas”, un espacio de experimentación política y artística  para generar narrativas con el potencial de transformar los significados negativos asociados a la diversidad y la diferencia. Un espacio para que activistas de la diversidad y disidencia sexogenérica, las luchas antirracistas, indígenas y afrodescendientes, y por los derechos sexuales y reproductivos, convergieran desde un enfoque interseccional, robustecieran sus capacidades narrativas y abrieran diálogos para tejer puentes entre agendas, explorar conexiones insospechadas entre movimientos y construir estrategias conjuntas frente a los grupos antiderechos a partir de lenguajes artísticos que promuevan la transformación política, social y cultural.

Porque la formación sigue siendo un motor de transformación social y política para jóvenes que buscan mundos más justos para todes. Porque desde los feminismos sabemos que la diversidad es importante para la democracia. Porque el retroceso a los derechos de unas, puede implicar el retroceso a los derechos de todas, como hemos visto recientemente en Estados Unidos con el abrazo letal de las políticas en contra de las personas trans y las políticas en contra del aborto. Motivos para seguir construyendo unos feminismos fuertes con proyectos de transformación sólidos para todas, todos y todes, no nos faltan.

 

1 Sonia Correa (ed.), (2021)  Anti – gender politics in latin america. Summaries of Country Case Studies. Brasil. Sexuality Policy Watch (SPW), Brazilian AIDS Interdisciplinary Association (ABIA).  Disponible aquí (10 de julio de 2023).

2 Lean a Lu Ciccia (2022) La invención de los sexos. Cómo la ciencia puso el binarismo en nuestros cerebros y cómo los feminismos pueden ayudarnos a salir de ahí. México. Siglo XXI Editores.

3 Una de las formas en que se quiere demostrar es la gran cantidad de personas arrepentidas de la transición de género y los cambios corporales. Como dato curioso: La tasa de arrepentimiento en cirugías de reasignación de género se ha estimado en un 1%. La de operaciones del reemplazo de rodilla es del 30%. Fuentes aquí y aquí.

4 Woke: término que inicialmente se usaba para referirse a quienes se enfrentan o se mantienen alerta frente al racismo. Posteriormente, llegó a abarcar una conciencia de otras cuestiones de desigualdad social, por ejemplo, en relación con el género y la orientación sexual