Redacción Animal Político · 30 de marzo de 2024
Una de las omisiones más importantes que esta administración dejará al próximo gobierno es la reducción en los recursos destinados a los aprendizajes de las niñas, niños y adolescentes (NNA) de nuestro país.
Es pertinente hacernos la siguiente interrogante: ¿cómo estamos gastando en la educación? Pregunta que muchos ciudadanos pueden estarse haciendo y para el cual no hay una respuesta sencilla. Es un tema que siempre está presente e implícito cuando escuchamos noticias sobre la calidad de la infraestructura de las escuelas, las instalaciones inadecuadas en zonas con climas calurosos, la falta de materiales, conexión a internet o mobiliario y un largo etcétera.
Pero hay un rubro de gasto que pasa desapercibido: el presupuesto destinado al aprendizaje. Este tipo de gasto es muy difícil de identificar y cuantificar por su inmaterialidad. A diferencia de los otros tipos de gasto que pueden identificarse con relativa facilidad, tales como sueldos, libros, becas, etcétera, este gasto busca relaciones sociales destinadas generar cambios en las NNA. Tal vez por eso a los políticos no les gusta invertir en algo que no pueden presumir en sus giras.
En Mexicanos Primero consideramos que el gasto educativo bien invertido es aquel que sirve para que las y los estudiantes aprendan en la escuela. No lo decimos por decir. El gasto educativo debe, según la Constitución, buscar el aprendizaje de las NNA. En ella se establece como uno de los criterios que rigen los servicios educativos promover el máximo logro de aprendizaje de los estudiantes. Esto quedó establecido desde las reformas constitucionales de 2011, 2013 y la actual de 2019.
Además, este tipo de gasto ha estado respaldado en todas las administraciones federales en este siglo como podemos comprobar al revisar las estrategias programáticas sexenales.
En efecto, los programas sectoriales de educación que fijan las prioridades educativas coinciden en la importancia del gasto para el aprendizaje. Desde 2007 se han formulado 18 objetivos educativos por parte del gobierno federal; el 39 % se refieren a la promoción del aprendizaje de los estudiantes (7 objetivos), 28 % a las políticas de acceso (5 objetivos), y a la participación educativa 11 % (2 objetivos). El resto de los objetivos se han orientado a temas específicos relacionados con la revalorización docente, educación física, el arte y la cultura y la educación tecnológica.
Estas prioridades deben reflejarse en el gasto educativo que anualmente formula la Secretaría de Hacienda y aprueba la Cámara de Diputados. Aunque en última instancia todos los programas presupuestales contribuyen a este objetivo fundamental, hay programas que contribuyen más directamente. Pensemos en dos ámbitos de gran relevancia: la enseñanza y los contenidos mínimos a enseñar.
Aunque todos los recursos destinados a poner en operación las escuelas contempla a final de cuentas estos dos aspectos, hay dos tipos de programas de gran relevancia para el fortalecimiento de las capacidades de los docentes: los programas de formación continua y los de implementación curricular. En el primer caso, están destinados a fortalecer las prácticas pedagógicas de las y los maestros en servicio y en el segundo aquellos que buscan que las escuelas puedan cumplir con los contenidos del plan y programa de estudios, aseguren los procesos de cambio curricular o promuevan estrategias de innovación curricular. En el contexto de la implementación de la denominada Nueva Escuela Mexicana que actualmente está en marcha, su importancia es aún mayor.
¿Qué ha pasado con estos programas? El presupuesto en formación continua de docentes dejó de ser una prioridad para la actual administración. En el periodo 2001-2006 se autorizaron recursos por un monto de 4,290 mdp en términos reales, en 2007-2012 estos ascendieron a 5,367 mdp, en 2013-2018 a 7,067 mdp y en la actual administración a 1,261 mdp. Como puede notarse, hoy solo se destina una quinta parte de lo que la anterior administración invirtió.
Lo mismo pasa con el segundo tipo de programas. En las últimas dos décadas han existido más de 100 programas presupuestarios destinados al fortalecimiento de las capacidades de las escuelas. En el periodo 2001-2006 estos programas tuvieron recursos autorizados por un monto de 28,567 mdp; en 2007-2012 ascendieron a 39,487 mdp; en 2013-2018 a 124,784 mdp y en la actual administración disminuyeron a 24,833 mdp. Como puede notarse, fue en la pasada administración cuando más recursos se asignaron. En la administración de Felipe Calderón y la actual de Andrés Manuel López Obrador fue cuando menos se invirtió.
Los resultados de la prueba PISA que se presentaron a finales del año pasado mostraron el grave retroceso en los aprendizajes que los estudiantes tiene el día de hoy. Pero los resultados de 2019 del Estudio Regional Comparativo y Explicativo (ERCE) también mostraban el estancamiento justo al final del periodo de mayor inversión. Estamos obligados a cambiar lo que estamos haciendo mal. No se trata sólo de la cantidad de inversión sino la calidad de la misma.
Uno de los retos para la próxima administración es diseñar una estrategia de inversiones más inteligentes que consideren una nueva teoría de cambio sobre el aprendizaje y que considere más la importancia del aprendizaje autogestivo entre los maestros y estudiantes, y un mayor acompañamiento, retroalimentación y mentoría. Es hora de superar los atavismos ideológicos. El futuro de las NNA está en juego.
* Fernando Ruiz (@fruiz_ruiz) es investigador en Mexicanos Primero.