García Luna, ¿manzana podrida o barril podrido?

Redacción Animal Político · 19 de enero de 2023

García Luna, ¿manzana podrida o barril podrido?

Las organizaciones delictivas son redes de personas operando en acuerdo para producir rentas ilegales. Si se demuestra que García Luna es responsable de los delitos que se le imputan, eso muy probablemente implicaría que hubo un andamiaje integrado por personas vinculadas adentro y afuera de la institución bajo su responsabilidad. Estaríamos acaso ante lo que se ha llamado redes de macro criminalidad. De esto se siguen al menos dos preguntas: a quién más se llevará a la justicia y cómo operaron esas redes de soporte.

Una de las más útiles estratagemas para reproducir la impunidad entre quienes utilizan cargos y recursos públicos para delinquir es el conocido discurso del “caso aislado”. Lo encontramos un día sí y otro también. Cuando se exhiben públicamente a quien o quienes delinquen desde el Estado, la mayoría de las veces las autoridades hacen todo lo que está a su alcance para evitar que se investigue el concierto de voluntades que frecuentemente hace posible la institucionalización de prácticas desviadas.

El juicio a García Luna en Nueva York está enseñando, una vez más, que no queremos aprender de la experiencia. La teoría de la rendición de cuentas policial ha sostenido por décadas que no debemos hablar de manzanas podridas sino de barriles podridos. Las manzanas son las personas y los barriles son las instituciones. La tesis central es muy sencilla: lo que las personas en tareas policiales hacen o dejan de hacer, legal o ilegalmente, solo puede explicarse adecuadamente si se analizan los resortes institucionales que promueven o toleran esas conductas.

Un ejemplo lo deja muy en claro: las policías modernas instalan sistemas de alertas para detectar desvíos y activar mecanismos precisamente institucionales que aseguren las consecuencias. Cuando no hay alertas funcionales los desvíos se institucionalizan.

Si García Luna es la manzana podrida entonces la Secretaría de Seguridad Pública bajo su cargo era un barril podrido -hasta determinada proporción-. No hay de otra, es un sinsentido pensar en instituciones sólidas alojando comportamientos desviados sin consecuencias, en especial cuando las redes internas delictivas son lideradas desde las más altas jerarquías.

Cuando afirmo que no aprendemos, me refiero a que, una vez más, toda la crítica (y el monumental espectáculo) asociado al juicio en Nueva York señala a la persona, pero no cuestiona la estructura institucional de soporte, con énfasis en la debilidad crónica de los controles.

Esto no quiere decir desde luego que cuando la cabeza delinque todas las personas subordinadas delinquen. Quiere decir que cuando la cabeza delinque y no hay contención, entonces están rotos los controles internos y externos y de esa manera se convierten tramos enteros del aparato de Estado en maquinarias criminales.

La teoría de rendición de cuentas policial justo nació a consecuencia de la repetición histórica de delitos y violaciones graves a los derechos humanos en instituciones policiales de todo tipo, repetición que en la mayoría del planeta aún provoca más el cambio de las personas y menos el rediseño del andamiaje de soporte. Creo que en buena medida justo por esto la ONU apenas denunció el incremento de la brutalidad policial en todas las regiones del mundo.

García Luna sería una representación quizá extrema de los dos ámbitos interdependientes de descomposición, el de las conductas personales y el de los sistemas institucionales. Si le hiciéramos caso a este paradigma conocido en inglés como police accountability, estaríamos discutiendo no solo sobre la relevancia del juicio sino además resolveríamos o al menos trataríamos de resolver cómo reformar el sistema de controles, con énfasis en uno de los aprendizajes más significativos de esa teoría: es indispensable la operación simultánea de controles internos y externos robustos.

Si estuviéramos aprendiendo, como sucede en otras partes del mundo, ya habría prosperado la creación en México de la nueva figura de supervisión policial especializada externa, entre otras medidas indispensables que nos llevarían a confirmar el diseño e implementación de reformas eficaces a favor de controles robustos internos y externos.

Mientras eso no sucede, el riesgo de manipulación institucional para fines delictivos, incluso desde las más altas jerarquías, está presente. ¿O alguien todavía se traga el cuento de la manzana podrida en las instituciones policiales y en las instituciones militares en tareas policiales?

@ErnestoLPV