Las ganas de aprender no bastan para comprender

Joel Aguirre · 8 de octubre de 2026

Las ganas de aprender no bastan para comprender

Por Alejandro Ordóñez González*

—¿Cómo te fue en la escuela?

—Bien.

En siete palabras termina la conversación típica sobre la escuela y la educación de los hijos, frases que se escuchan cada vez menos según lo reportan los datos de la prueba PISA 2025 que la OCDE publicó en septiembre pasado.

Más allá de los resultados para nuestro país (1 de 2 no alcanza el nivel mínimo en ciencias ni en lectura y 7 de 10 no alcanzan el puntaje mínimo en matemáticas), llama la atención lo que responden los estudiantes mexicanos con respecto a si sus padres o tutores les preguntan cada semana qué hicieron en la escuela y si tuvieron problemas escolares: en la primera pregunta, la proporción bajó de 71 a 63 % y para la segunda, de 56 a 42 %, es decir, se habla menos en casa de lo que viven en el aula, y las pláticas sobre sus problemas escolares ya ocurren en menos de la mitad de los hogares. 

Si bien el apoyo familiar se redujo en la mayoría de países evaluados entre 2022 y 2025, esto es especialmente relevante porque a las y los jóvenes que sí tienen ese apoyo y alguien en su familia les pregunta al menos una vez a la semana por su día en la escuela, les va mejor en ciencias (35 puntos a nivel internacional) con una ventaja casi de año y medio de aprendizajes aun comparando familias de nivel socioeconómico similar. 

En una entrevista con Andrés Oppenheimer, Andreas Schleicher, director de Educación de la OCDE, afirmó que, en Latinoamérica, quienes tienen padres involucrados aventajan hasta por dos años a aquellos estudiantes con familias que no participan, sugiriendo que este creciente desinterés se explica porque las mamás y papás se asumen como clientes de la escuela y ven al docente como un proveedor minando el involucramiento que antes se percibía.

¿Por qué nos debe importar lo que pasa en la escuela?

En contraste, nuestros jóvenes reflejan que sí tienen ganas de aprender: 80 % dijo sentir curiosidad contra el 73 % promedio en la OCDE, y 76 % se esfuerza más cuando una tarea se complica, contra el 60 % de la media. Pero “echarle más ganas” no basta para aprender y menos para comprender, ya que solo la mitad alcanza el nivel mínimo en lectura, frente a 69 % en la OCDE, y entre 2015 y 2025 la proporción por debajo del nivel básico en lectura creció 8 puntos porcentuales. 

Si hoy tenemos jóvenes con ganas de aprender, pero adultos que les preguntan cada vez menos qué aprendieron, el éxito y la mejora en desempeño seguirán eludiéndonos. La solución que plantea Schleicher no exige a las familias horas extra de tarea, sino genuinamente mostrar que nos importa lo que pasa en la escuela, tomar en serio a la escuela y la autoridad de las y los maestros.

La respuesta puede estar en el librero, ya que un libro sigue teniendo un papel importante en el disfrute de la lectura y en los resultados de desempeño. En PISA, las y los jóvenes que habían leído libros de más de 100 páginas mostraron mejores habilidades en el mundo digital; y tiene sentido: un libro nos obliga a imaginar personajes y entender sus interacciones, recordar lo que pasó y relacionar ideas. Eso es comprender, no solo leer. 

La estrategia del conoce, cuestiona, comparte…

Desde la campaña Comprender lo cambia todo proponemos “las 3C” para pasar del “¿cómo te fue en la escuela?” (que se contesta con una palabra) a tres preguntas que podemos realizar a los hijos sobre cualquier cosa que hayan leído: un cuento, la tarea, la receta de la cena o el anuncio que aparece en un juego del celular:

Conoce: ¿qué dice el texto?

Cuestiona: ¿por qué lo dice?

Comparte: ¿me lo explicas con tus palabras?

No se trata de evaluar ni de corregir sino de conversar y escuchar, de hacer preguntas y, si hace falta, regresar juntos al texto para responderlas, y esto se puede hacer en cinco minutos durante la comida, en el tránsito, en el transporte público o antes de dormir.

La meta de la campaña es que todas las niñas y los niños comprendan lo que leen antes de los 10 años, porque la habilidad de comprensión lectora no se construye en secundaria (donde se aplica PISA), sino mucho antes, hacia los 10 años (4° o 5° de primaria) justo cuando se deja de aprender a leer y se empieza a leer para aprender. Quien no comprende un texto sencillo a esa edad vive lo que se conoce como “pobreza de aprendizaje” y arrastra el rezago en todo lo demás. 

Rompamos la costumbre, elevemos expectativas y ambición por nuestras niñas y niños. 

La escuela no puede sola. PISA 2025 nos devuelve la tarea de volver a preguntar. Hoy, cuando lleguen a casa, no pregunten cómo les fue. Pregunten qué leyeron.

Si falta inspiración para saber qué preguntar entra a comprenderlocambiatodo.org y encontrarás recursos para apoyar a tus hijos, y también ahí mismo puedes firmar tu compromiso como familia.♦ 

*Alejandro Ordóñez González es director de Vinculación en Mexicanos Primero. redes: @alex_ordnz

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