Manuel J. Molano · 4 de abril de 2012
Ayer asistí a la presentación del libro “Futuro para todos”, coordinado por los economistas Harinder Kohli y Claudio Loser del Centennial Group en Washington, DC. IMCO (@imcomx) y México Evalúa (@mexevalua) colaboramos durante 18 meses con Centennial para llevar a cabo este reporte. Si no te apabullaron las noticias sobre sismos y francesas secuestradoras en las últimas dos semanas, te encontrarás con mucha cobertura de medios sobre este tema. De hecho, tenemos un sitio web especial para este libro,aquí mero en esta liga. El libro ya está en las principales librerías.
Claudio Loser (se pronuncia Loser, no Lúser) fue el responsable del Fondo Monetario Internacional para el hemisferio occidental durante un buen rato. Tuvo la oportunidad de negociar con secretarios de hacienda desde Silva Herzog hasta Paco Gil y banqueros centrales desde Miguel Mancera hasta Guillermo Ortiz. Es decir, le tocaron todas las crisis mexicanas y sus soluciones. Harinder Kohli es un ingeniero y economista indio con una trayectoria de 25 años en el Banco Mundial, con amplia experiencia en sector financiero e infraestructura, especialmente.Ellos desde Centennial lideran una iniciativa llamada el Emerging Markets Forum, que vincula a gurús de la política pública y jefes de estado presentes y pasados, sobre todo en Asia. Han hecho análisis prospectivo de latinoamérica como región y algunas otras cosas que se encuentran aquí.
Moderó la sesión de ayer nada menos que Carla Hills, quien fuera titular de la oficina del US Trade Representative durante la negociación el TLCAN, e hicieron comentarios del libro dos mexicanos de lujo: El Embajador Arturo Sarukhán y el Doctor Santiago Levy, previamente director general del IMSS y hoy vicepresidente en el Banco Interamericano de Desarrollo.
Mucho se habla de que México es un país sobreestudiado y sobrediagnosticado. (De hecho, muchas charlas de cafetín empiezan así en México). Esto, si bien puede ser cierto, deriva en una consecuencia en el imaginario popular: que hay que pasar de la etapa del diagnóstico a la acción. El problema con este primitivo silogismo es que implica que todos los diagnósticos anteriores son completos, suficientes y correctos. Francamente, si le damos una revisada a la mayoría de lo que se escribe sobre México y como cambiarlo, o las reformas requeridas están completamente diluidas porque pasan por el matiz de la factibilidad política o la ideología, o simplemente no son factibles por ignorar las realidades de la grilla mexicana. El diagnóstico nunca es solamente diagnóstico – en la ciencia médica, por ejemplo, el diagnóstico es determinante para prescribir el tratamiento. Nuestro diagnóstico actual sin tratamiento o prescripción posible es más lamento que diagnóstico. Este libro intenta cambiar eso.
“Futuro para todos” resume una colección de ensayos realizados por 17 expertos extranjeros y mexicanos con reflexiones importantes respecto a cómo cambiar a México. A mi me tocó escribir el ensayo sobre competencia y competitividad, y aportar algunas otras ideas generales al libro. No hay muchas cosas nuevas en el diagnóstico pero creo que la visión externa e interna de México es diferente en esta colección de ensayos. Hay un México soviético, que es el del corporativismo de antaño, de disciplinas e instituciones anacrónicas muy claramente representado en Pemex y su sindicato, la educación y su sindicato, el corporativismo ejidal. También hay un México post-soviético, de prebendas para grupos privilegiados que se apoderaron de los despojos de un estado que antes todo lo abarcaba y lo cubría. El tercer México, que todavía no acaba de nacer, donde las plazas no se venden, el que innova, crea y se desarrolla, es un México amolado porque tiene que pagarle renta a los otros dos Méxicos.
Mi conclusión después de trabajar en este proyecto con un grupo de gente tan diversa y brillante como los mencionados y Juan Pardinas, Roberto Newell, Jeff Puryear, Edna Jaime y Hervè Ferhani es que necesitamos que haya una política de competencia que le entre a sectores complicados, como el sector energía. La constitución no dice que la distribución de combustibles debe estar reservada al Estado – deberíamos permitirle a las petroleras internacionales vender combustibles en México, y a los particulares importarlos y hacerle competencia a los concesionarios de Pemex. Debemos dejar de crear monopolios por decreto, como la política de concesiones que crea monopolios en carreteras, aeropuertos y oligopolios en telecomunicaciones. Nuestro sector financiero es muy sólido pero es pequeñito e irrelevante, y en buena parte debido a su interacción con el Estado. Ningún candidato habla de esto ahora, pero hay que entrarle a estos temas desde la política porque hoy son áreas en donde la Comisión Federal de Competencia no se puede meter – donde el estado de derecho de México simplemente no es suficiente.
Santiago Levy dijo algo brillante: que nuestro “equilibrio triste” – en donde la economía no crece y a ningún político le importa – se debe a que existen rentas. 2 a 3 porciento del PIB viene del petróleo, y nadie tiene que trabajar por él. Hay otras rentitas a partir de los monopolios, donde algunos agentes económicos le quitan riqueza a otros. El libro establece que el equilibrio triste puede reemplazarse por un equilibrio intergeneracional, en donde la renta petrolera sea para nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, no para nuestro goce y dispendio actual. Santiago dijo que ya nuestro problema no es macroeconómico – es de políticas microeconómicas que incentiven a todos a hacer lo correcto cuando tienen que hacerlo.
Pensar así hará que crezcamos mucho más – nuestra hipótesis es que podemos duplicar y quizás triplicar la tasa de crecimiento de los últimos 30 años. Si eso ocurre en 30 años nuestro ingreso per cápita se parecerá al de alemanes o franceses.
De eso trata el libro y te invito a que lo leas. Una vez que se acaben las campañas, la versión completa con todos los ensayos estará disponible – ojalá que el próximo gobierno la tome en serio y la ponga en práctica sin reservas, atajos ni privilegios.