Jorge Avila · 27 de abril de 2026
Una de las armas predilectas del crimen organizado en México son los fusiles Barrett, aunque se trata de un arma difícil de conseguir, incluso para las redes de tráfico ilegal de armas, lo cierto es que se ha vuelto un símbolo de poder entre los cárteles de la droga, porque se le considera un arma de estatus, por la importante capacidad que tiene para generar daño.
Se trata de un rifle de asalto de gran calibre (.50 BMG), que puede hacer tiros de precisión de más de un kilómetro de distancia, cuyas balas perforan blindajes nivel III y en ocasiones hasta nivel IV, lo que la hace el arma perfecta para ataques sorpresa o a larga distancia, en especial para atacar vehículos de las organizaciones rivales o de las autoridades, ya que de hecho puede traspasar por completo un vehículo, sobre todo si el mismo carece de blindaje.
Como ya se mencionó, se trata de un arma difícil de conseguir, primero porque en el único país en el mundo en donde un ciudadano puede comprar esta arma es en los Estados Unidos, en el resto de las naciones se reserva a fuerzas militares, de seguridad o en muy pocos se puede comprar con un permiso especial para cazadores, que es altamente difícil de conseguir, porque no es un arma pensada para la caza deportiva, sino para la guerra.
Pero también existen restricciones para este tipo de armas en varios estados de los Estados Unidos, por ejemplo, en California, uno de los cuatro que hacen frontera con México, está totalmente prohibida su venta, también en estados como Nueva York, Illinois, Washington, Maryland, Massachusetts, Connecticut, Nueva Jersey y Delaware. Sin embargo, es importante mencionar que, sí es posible comprarlos en Texas, Arizona y Nuevo México, los otros tres estados que colindan con nuestro país.
De igual forma, se trata de un arma costosa, cuyo precio, si bien varía, no se puede conseguir en menos de 7 mil dólares y puede llegar a costar hasta 10 mil dólares en el mercado legal en los Estados Unidos, pero si se trafica a México, las organizaciones criminales terminan pagando por ellas entre 12 mil y 16 mil dólares. Y si bien las bandas criminales tienen mucho flujo de dinero, lo cierto es que por la misma cantidad podrían comprar un mayor número de otros rifles populares en el mercado.
Incluso es complicado pasarla de contrabando a México, porque es un arma de alto volumen de casi metro y medio de largo, que pesa cerca de 14 kilos y además tiene una base para colocarla en el piso y permitir disparos más estables, por lo que se vuelve más complejo su tráfico.
Estos factores propician que las Barrett sean consideradas un artículo de lujo en los arsenales de las organizaciones criminales, pero ello no implica que no hayan llegado muchas a nuestro país.
Del 1 de enero de 2018 al 28 de febrero de 2026, las autoridades mexicanas han decomisado 897 fusiles Barrett, dicha información se desprende de la solicitud de información 340026400069626 realizada a la Secretaría de la Defensa Nacional. Dicha cantidad podrá parecer pequeña, pero tenemos que asumir que solo es una ligera muestra de las que realmente siguen en las calles y cada uno de estos fusiles puede hacer más daño que varias armas juntas.
En este mismo periodo del 2018 al 13 de febrero de 2026, las autoridades mexicanas han asegurado 72,597 armas, por lo que los rifles Barrett representan el 1.2% de las armas recuperadas, pero sacar una Barrett de las calles es más importante que recuperar muchas armas de bajo calibre, porque estos fusiles son los que se utilizan para atacar a las fuerzas armadas, la Guardia Nacional y las policías estatales y municipales.
Algo que debe preocuparnos es que la tendencia de aseguramientos va al alza, tal como se puede ver en la siguiente gráfica, ya que en 2018 hubo 61 fusiles recuperados, en 2019 creció a 86, cifra que se mantuvo estable los siguientes dos años probablemente por la pandemia, y los siguientes años ha crecido de forma constante, 101 en 2022, 113 en 2023, 155 en 2024 y el máximo histórico el año pasado con 189, y si bien el 2026 sigue en curso, para febrero se llevaban 23 casos.

Fuente: Elaboración propia a partir de la solicitud de información 340026400069626 a la Secretaría de la Defensa Nacional.
También es interesante analizar la dispersión geográfica de los aseguramientos, ya que se trata de un fenómeno altamente concentrado, por ejemplo, 262 de los fusiles, que corresponden al 29.2% de los casos se dieron en Tamaulipas; le sigue Sinaloa con 152 casos, que representan el 16.9%; Sonora con 119 casos, que son el 13.3% de los mismos; Michoacán con 106 casos, el 11.8% del total; Jalisco con 74, que son el 8.2%; Chihuahua con 48, que equivale al 5.4%; Guerrero con 23, que tienen un peso del 2.6%; mientras que en el resto del país se distribuyen los 133 casos restantes, que equivalen al 12.6%.
Es decir que tres entidades federativas concentran más de la mitad de los casos y en 7 entidades se sobrepasa el 87% de los mismos, por tanto, si bien el tráfico de armas es un problema generalizado en el país, los patrones de distribución de los fusiles Barrett, nos muestran que las armas de mayor poder se distribuyen en zonas muy específicas.

Fuente: Elaboración propia a partir de la solicitud de información 340026400069626 a la Secretaría de la Defensa Nacional.
En cambio, existen 10 entidades en las que no se tuvo ningún aseguramiento de fusiles Barrett en el periodo de análisis, entre ellas la Ciudad de México, Veracruz, Morelos, Tlaxcala, Yucatán, Querétaro, Oaxaca, Tabasco, Colima y Baja California Sur, también hay otras 8 entidades que tuvieron menos de tres registros, en donde destacan Coahuila y Durango, que están rodeadas por entidades de alta incidencia, pero registran solo 2 casos cada una.
De hecho, se puede advertir dos grandes clústeres regionales, el primero es la franja fronteriza con los Estados Unidos, en donde se debe incluir a Sinaloa que si bien no hace frontera está cerca de la misma y donde la única excepción con pocos casos es Coahuila, como ya se mencionó. El otro clúster se encuentra en la franja costera del Pacífico, en los estados de Jalisco, Michoacán y Guerrero, que, aunque es menos relevante que la del norte, sigue concentrando muchos casos.
Ello nos aporta una idea clara de las organizaciones criminales que están detrás del tráfico y compra de estos fusiles, comenzando por el Cártel de Sinaloa, en sus dos facciones, también el Cártel Jalisco Nueva Generación, las dos facciones principales del Cártel del Golfo y el Cártel del Noreste.

Fuente: Elaboración propia a partir de la solicitud de información 340026400069626 a la Secretaría de la Defensa Nacional.
Ello queda más claro cuando se analizan los municipios con mayor incidencia, ya que la lista la encabeza Culiacán con 82, Nuevo Laredo con 64, Miguel Alemán con 43, Reynosa con 32, Camargo con 32, General Plutarco Elías Calles (Sonoyta) con 20, San Luis Río Colorado con 19, Caborca con 17, Elota con 17, Ciudad Mier con 15, Matamoros con 15, Nogales con 13 y Uruapan con 9.
Analizar la dispersión geográfica de los decomisos de los fusiles Barrett es relevante más allá del arma en cuestión, porque se trata de lo que conocemos en metodología como un proxy, es decir, una variable que nos puede aportar información más allá de ella misma, por ejemplo se puede suponer que en los lugares donde la lucha por el control territorial es más complicada, es donde las organizaciones criminales envían el armamento más sofisticado, como las Barrett, por ende podemos saber que las hay zonas de disputa con armamento más sofisticado en el norte de Tamaulipas, en Culiacán y sus alrededores, en el noroeste de Sonora y en la frontera entre Michoacán y Jalisco.
Sacar este tipo de armas de las calles es complicado, suena difícil que las autoridades puedan decomisar las que ya se encuentran en el país y quizá sea mejor concentrar los esfuerzos en que este tipo de armamento ya no ingrese al país, comenzando por instalar escáneres de alta tecnología que pueden detectar armas al interior de los vehículos en todos los cruces fronterizos que tenemos con los Estados Unidos, tal como los tiene el gobierno de nuestro país vecino.
Aunque la solución de fondo sería que Estados Unidos pusiera restricciones a la venta de este tipo de armas y que hubiera una coordinación efectiva con México para atacar las redes de tráfico de armas, pero ello es más complejo por la tradición de consumo de armas que tienen los norteamericanos.
@victorsanval
1 Profesor investigador de la Universidad Autónoma de Coahuila, especialista en seguridad pública y doctor en políticas públicas por el CIDE. Correo de contacto: [email protected]