Freire: la alfabetización como acto político para la transformación y la justicia social

Redacción Animal Político · 22 de septiembre de 2024

El 8 de septiembre se celebra el Día Internacional de la Alfabetización, para resaltar la importancia de la lectura y la escritura como ejes centrales del desarrollo personal y social de cada individuo. Como derecho humano fundamental, la alfabetización es un medio para acceder a otros derechos y mejorar la calidad de vida. No obstante, esta interpretación se queda corta si no se incorpora en un proceso educativo más amplio, que permita a las personas entender y transformar su entorno.

Desde una mirada crítica es necesario preguntarnos si esta visión es suficiente para afrontar los desafíos educativos y sociales de hoy. ¿Estamos limitando la alfabetización a un instrumento técnico, ignorando su potencial transformador? El enfoque tradicional de la alfabetización promovido por organismos internacionales suele centrarse en preparar a las personas para integrarse al mundo laboral o mejorar su calidad de vida. Para el pedagogo brasileño Paulo Freire, la alfabetización -más allá de aprender a leer y escribir- es una herramienta de concientización. Además, advierte sobre los peligros de reducir este proceso a una habilidad técnica desconectada del contexto social. Para él, la educación representa un acto político y transformador. ¿Cómo podemos vincular el derecho a la alfabetización con la capacidad de transformación social?

En México, la alfabetización ha sido un desafío, y a pesar de que el Instituto Nacional para la Educación de los Adultos (INEA) lo ha afrontado, el país enfrenta un problema más profundo: el analfabetismo político. Continuando el diálogo con las apuestas educativas de Freire, encontramos que éste es uno de los tipos de analfabetismo, al que se suman el técnico y el funcional. El analfabetismo político es el más preocupante pues limita la capacidad de cuestionar y transformar las desigualdades; refiere a la incapacidad de interpretar y actuar sobre la realidad social y política. Es decir, aprender a leer y escribir no es suficiente; es necesario aprender a leer la realidad, a cuestionar las estructuras de poder y a participar activamente en la construcción de una sociedad más justa.

Estos procesos de aprendizaje deben estar estrechamente vinculados con el desarrollo de una conciencia crítica que entienda el mundo, lo cuestione y actúe sobre él. Esto es, continuar la defensa de una educación dialógica, en la que educadores y educandos construyan conocimiento de manera conjunta hacia la transformación de su realidad. De esta manera, la alfabetización crítica es clave para construir una sociedad más justa y democrática. Al respecto, Freire sostiene que la educación debe ser una práctica de la libertad, no de la domesticación. En lugar de preparar a los estudiantes para integrarse a un sistema que perpetúa las desigualdades, propone una educación que fomente habilidades como el pensamiento reflexivo, el diálogo, el cuestionamiento profundo de la realidad social y la acción consciente para cambiarla.

Si analizamos esta forma de pensar los procesos educativos, ¿tener altos grados académicos es suficiente para tener una conciencia crítica sobre el entorno social? Esta es una de las reflexiones más relevantes en torno a la educación como mera técnica. Desde la educación popular se reconoce que el conocimiento sin una capacidad crítica, puede ser utilizado para mantener un sistema que defiende los intereses de unos pocos.

Para nuestro país, el INEA y el sistema educativo enfrentan el reto de promover una alfabetización más allá de lo funcional. El analfabetismo político sigue siendo uno de los grandes obstáculos para el desarrollo de una ciudadanía activa y comprometida. Por supuesto, el Estado tiene una responsabilidad fundamental en este proceso. No basta con implementar políticas que busquen reducir el analfabetismo en su forma tradicional; es esencial diseñar programas educativos que promuevan la conciencia crítica y fomenten la participación política. Esto implica, revisar y reorientar los contenidos y métodos de enseñanza para asegurarse de que no se limiten a la adquisición de habilidades técnicas.

Una educación liberadora reconoce la igualdad de todas las personas y se compromete con la justicia y el respeto por los derechos humanos. Esto es crucial para que las personas puedan convertirse en agentes de cambio social, que identifiquen y confronten las estructuras de poder que les oprimen. Continuar los diálogos sobre el tipo de educación que queremos para nuestra sociedad y si es suficiente enseñar a leer y escribir, nos permitirá caminar hacia la comprensión y transformación de nuestra realidad.

¿Queremos una alfabetización que prepare a las personas para integrarse pasivamente en el sistema, o una que nos forme para cambiarlo? Freire nos recuerda que la educación es un acto político y, como tal, debe estar orientada hacia la emancipación y la justicia social. En un país con profundas desigualdades, una alfabetización crítica es una herramienta fundamental para construir una sociedad más democrática y justa.

* Ixchel Cisneros Alvarado es colaboradora del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CentroVitoriaMX).