blogeditor · 16 de febrero de 2016
Las visitas papales han sido para miles de mexicanos y mexicanas eventos de gran emoción. La presencia en México de quien para muchas y muchos es el representante de Dios en la Tierra es un magno acontecimiento que provoca grandes movilizacioness y expresiones de fe. Sin embargo, como ha sido comentado con amplitud, la visita de este papa es diferente.
El papa Francisco ha llamado la atención por manifestar una postura divergente sobre la manera en la que el mundo está organizado. En distintas oportunidades ha hablado sobre la degradación conjunta y vinculada del medio ambiente y las sociedades; la situación de las mayorías humanas que viven en pobreza, poseedoras de corazones gobernados por el miedo y la desesperación, como él mismo ha sugerido en sus exhortaciones apostólicas.
Pues bien, ese mundo al que se ha referido ampliamente tiene expresión en México. Francisco viene a un país profundamente desigual, que además ha sido azotado por dramáticas violaciones a derechos humanos cometidas en el marco de una crisis de seguridad, corrupción e impunidad. Y lo sabe. Tiene conocimiento de las denuncias de tortura y desaparición que, junto con otras violaciones, han robado la paz a decenas de miles de personas. En palabras de él, México lidia con un “pedacito de guerra”.
[contextly_sidebar id=”1UVHutVMdbTvlF5fesskC6mGP6AKui8E”]Recordemos que hace tan sólo algunas semanas desaparecieron de manera forzada cinco jóvenes en Tierra Blanca, Veracruz, luego de que policías estatales los entregaran al crimen organizado, hecho que nos muestra que, para tragedia de todos y todas, Ayotzinapa no es única y sí es repetible. Es decir, Francisco visita un país en el que la desaparición de jóvenes no es un hecho aislado; un país en el que la “cultura del descarte” (incluyendo de personas) señalada por él en su encíclica Laudato Si’ (párrafo 22) es cosa de todos los días.
Visita nuestro México, donde la tortura es una práctica normalizada y ampliamente utilizada para fabricar culpables (ahí radica, dicho sea de paso, la importancia de que las iniciativas de Ley General contra la Tortura y Ley Nacional de Ejecución Penal, que se discutan y aprueben en este periodo de sesiones en el Senado, sean eficaces y conformes con los estándares internacionales). Visita un país donde las mujeres siguen siendo víctimas de feminicidio, especialmente en algunos estados como el Estado de México y Oaxaca. Uno donde defensores y defensoras, incluyendo ambientales, campesinos e indígenas, son hostigados o criminalizados por defender sus bosques, sus tierras, el agua que todas y todos requerimos para vivir.
A lo largo de sus actividades en México Francisco podrá ver en los ojos de aquéllos y aquéllas que lo reciben y acompañan una profunda fe católica, pero también conocerá y reconocerá en esas miradas las de aquellas víctimas de violencia y desigualdad. Conocerá sus historias y compartirá el dolor del corazón desgarrado de quienes experimentan abusos y exclusión. Habrá, por lo tanto, que seguir de cerca sus pasos y sus palabras, pues seguramente Francisco prestará su voz a quienes no la tienen o a quienes han sido privados arbitrariamente de hacer uso de ella.
Pero además de escucharlo con atención, y al margen de la religión o creencia que cada persona profese en ejercicio de su libertad, reflexionemos sobre la situación en nuestro país; las luchas diarias emprendidas por defensores y defensoras de derechos humanos para hacer de este país uno más justo en beneficio de todas y todos. Reflexionemos sobre cómo acompañamos esas luchas; cómo hacemos nuestro el dolor ajeno y cómo nos sumamos a las exigencias de verdad y justicia.
* Julián Lomelín Gascón (@julianlomg) es estudiante de Ciencias Políticas y Administración Pública, y Denise González Núñez (@den_gn) es coordinadora del Programa de Derechos Humanos de la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México (@PDHIBERO)