Francia esquiva la bala (por ahora)

Redacción Animal Político · 9 de julio de 2024

Francia esquiva la bala (por ahora)

Los libros de historia en todo el mundo nos enseñan que fue la Revolución francesa la que marcó un hito en Occidente defendiendo el famoso eslogan de “libertad, igualdad, fraternidad”. ¿Cómo es que un partido con una historia de discursos racistas, segregacionistas y nacionalistas logró ganar tanto las elecciones europeas del 9 de junio de 2024, como la primera vuelta de las elecciones legislativas del 30 de junio de 2024, de la nación que se considera ella misma como un modelo de universalismo? Esta pregunta inundó los diarios del mundo la mañana del 10 de junio de este año, al conocer los resultados que colocaron al partido tradicional de extrema derecha (Agrupación Nacional) en primer lugar con un 31 % del voto.

A pesar de estas victorias de la extrema derecha, y contra todo pronóstico de las encuestas locales, la coalición de izquierdas (El Nuevo Frente Popular) ganó la segunda vuelta legislativa en Francia este domingo 7 de julio 2024 al colocarse como primera fuerza política en la Asamblea Nacional francesa (su Cámara de Diputados), seguida de la formación de Emmanuel Macron y de la extrema derecha en tercer lugar. El caso francés es solo un ejemplo de lo que está pasando a nivel geopolítico en el continente europeo: Alemania, Austria, España, entre otros países, viven un aumento espectacular de la fuerza política (no solo electoral) de la extrema derecha, y en países como Italia es la fuerza política que gobierna desde 2022.

El avance electoral del partido Agrupación Nacional (RN) en Francia no se logró de la noche a la mañana en 2024, ha tenido un incremento gradual elección tras elección, mismo que se intensificó en los últimos doce años: tan solo en elecciones legislativas sus votos se triplicaron entre 2012 y 2024, pasando de 3 millones a 9 millones; en cuanto a elecciones presidenciales, Marine Le Pen (líder del partido) obtuvo más de 6 millones de votos en la primera vuelta de 2012, aumentó a 7 millones en la primera vuelta de 2017 y logró más de 10 millones en la segunda vuelta frente a Emmanuel Macron. Pero su nivel más alto (hasta ahora) fue la segunda vuelta de 2022, cuando obtiene más de 13 millones de votos de los 48 millones de franceses habilitados para votar.

La sorpresa de muchos analistas ha sido mayor cuando se desentrañan las características sociodemográficas del voto, pues las cifras constatan un cambio radical en varios perfiles de la población que votaban tradicionalmente a partidos de izquierda o centro y que votan cada vez más a la extrema derecha. Tal es el caso de las clases populares o de nivel socioeconómico bajo: empleados u obreros (cuyo voto pasó de 33 % a 57 % por este partido). La extrema derecha ha logrado además atraer el voto de jubilados (quienes tradicionalmente votaban por las formaciones de derecha) y de las clases superiores.

Varios factores explican este contexto. El llamado “voto de castigo” al gobierno de Emmanuel Macron es uno de estos factores. Desde hace años Macron ha hecho todo lo que la extrema derecha quería: gobernar por decreto sin consenso e imponiendo reformas mayoritariamente impopulares (reforma al sistema de pensiones); desdeñar la oposición popular como ignorante, reforzando su imagen de líder tecnócrata alejado de la gente; centrar el debate y la agenda pública en los temas favoritos de la extrema derecha (inmigración, poder adquisitivo, regulación tecnocrática), y por último, construir como “enemigo” nacional a la izquierda.

La descomposición del sistema de partidos, característica que comparten muchos estados en todo el mundo actualmente, colapsó el nivel del voto de los partidos tradicionales en las últimas elecciones, lo que causó que éstos comenzaran a buscar el voto del electorado de los partidos de extrema derecha y de extrema izquierda. Esto ha causado a su vez la polarización de la política y de la sociedad misma. La llamada “crisis de representación” del sistema político no es sino el reflejo de una sociedad compleja que ya no se reconoce en formaciones políticas surgidas en la posguerra del siglo pasado.

A esto se suma la derechización predominante del debate público y del ambiente político desde hace años en varias sociedades europeas: la inmigración aparecía como uno de los primeros temas de mayor preocupación antes de las elecciones europeas, aunque los datos desmientan esta percepción. El surgimiento en Francia de un segundo partido de extrema derecha (Reconquista), aún más extremista en su programa, coloca a la extrema derecha tradicional como moderada en comparación.

La victoria de la izquierda sorprendió entonces este domingo 7 de julio a todo el mundo. No obstante, la extrema derecha logró duplicar el número de sus diputados en la asamblea, por lo tanto su derrota es solo relativa. Ya que ninguna de las tres formaciones logró la mayoría absoluta (289 diputados) necesaria para formar gobierno, varios escenarios inéditos se esperan para Francia: 1) un gobierno de coalición entre partidos de ideologías diferentes e incluso contradictorias (situación nunca conocida en Francia); 2) alianzas ad hoc según los temas de la agenda política (situación extremadamente volátil que derivaría en un Estado ingobernable; 3) el nombramiento de un gobierno de “expertos” nombrados por el presidente (tecnócratas encargados de sobrellevar las funciones del gobierno); o 4) la parálisis política, consecuencia del fracaso de alguna (o todas) de las opciones anteriores.

La izquierda tiene en sus manos una responsabilidad única. El aumento al salario mínimo, la derogación de la reforma a las pensiones macronista o la indexación de precios para contener la inflación son solo algunas de sus promesas de campaña. Ante un escenario nunca antes visto, Macron pidió a su primer ministro saliente conservar su puesto “mientras tanto”, ya que ante los resultados de las elecciones es él quien debe nombrar un primer ministro perteneciente a la fuerza política más votada, es decir, la izquierda. Si Francia logró esquivar por poco un gobierno de extrema derecha este domingo, solo un cambio radical en sus políticas recientes podrá desactivar una bomba de tiempo que puede estallar en 2027, año en que los franceses renovarán a su presidente. Y esta vez será muy difícil convencerles de no votar a la extrema derecha.

* Víctor Hugo Ramírez García (@vhramirezgarcia) es politólogo, investigador de la universidad de Newcastle, Inglaterra.