Fracking, gas natural y cambio climático: la verdadera Ronda Cero

blogeditor · 1 de mayo de 2015

Fracking, gas natural y cambio climático: la verdadera Ronda Cero

Un grupo de científicos manejábamos cerca de la ciudad petrolera de Odessa, en el oeste de Texas. Una contrastante imagen llamó nuestra atención: a la izquierda se erigía un modesto parque eólico opacado por el lado opuesto de la carretera, donde el número de pozos de petróleo y gas natural se extendía mucho más allá del horizonte. Como en muchas otras regiones, el acelerado incremento en la producción de combustibles fósiles ha sido consecuencia del uso de técnicas como la fracturación hidráulica (también conocida como fracking) y la explotación de los yacimientos de gas y petróleo de formaciones de shale (lutitas).

¿En qué media se entiende al gas natural como un eslabón entre los combustibles fósiles y las energías renovables? ¿Qué elementos generarían o deteriorarían un puente metafórico que uniría ambos lados de la carretera?

El cambio climático y sus potenciales efectos presentan uno de los escenarios más complejos y urgentes para analizar la transición energética. El gobierno mexicano anunció recientemente ambiciosas metas en cuanto a reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI). Ante dichos compromisos, es indispensable entender las consecuencias de la reforma energética.

[contextly_sidebar id=”TDH4QQzTVrmbpPGDhzne8vG3bohXpc6T”]El beneficio medioambiental de la reforma energética descansa en una premisa fundamental: una mayor producción de gas natural -a partir de la fracturación hidráulica y la explotación de los yacimientos de gas shale- permitiría que México transitara hacia una generación de energía eléctrica más limpia, debido a que las emisiones de dióxido de carbono originadas de la combustión de gas natural son menores que las otros combustibles fósiles.

Sin embargo, el principal componente del gas natural es el metano, un GEI que es responsable del 25% del calentamiento global que padecemos hoy en día y que es más de ochenta veces más potente (en calentar la atmósfera) que el dióxido de carbono (en un periodo de veinte años). Por lo tanto, si existieran fugas de gas natural, su magnitud podría ser tal que esa cantidad de metano emitido superaría la reducción de emisiones de GEI durante la combustión. Si el crecimiento en el sector de gas natural derivado de la reforma energética ocurre sin regulaciones a las emisiones de metano, los beneficios climáticos de una mayor utilización de gas natural serían eliminados. Estas regulaciones deben ser parte de la ruta crítica para cumplir los compromisos de reducción de emisiones de GEI del gobierno mexicano.

Una acelerada producción de estudios científicos ha reportado mediciones que subrayan la fragilidad del sistema y una elevada susceptibilidad a producir altas fugas en momentos y regiones específicas. Los potenciales efectos negativos se traducen en la necesidad de un alto grado de control. Los estudios muestran que un pequeño número de elementos dentro del sistema de gas natural (ya sean pozos donde las emisiones no son controladas, o gasoductos con fugas) pueden emitir metano a un nivel tal que causaría el desbalance en la huella ambiental del gas natural.

En Estados Unidos, la comunidad científica, el gobierno y la sociedad civil se han visto rezagados ante el desarrollo acelerado de las nuevas tecnologías y el aumento sin precedente en uso de gas natural. Este escenario ha representado un obstáculo en materia de política ambiental. Aunque de manera tardía, en Estados Unidos este tipo de regulaciones ya han sido implementadas. En el caso de México, el planteamiento de la transición energética a partir de las recientes reformas requiere que los mecanismos de control e investigación adecuados se establezcan a priori. ¿Qué podemos destilar de la experiencia del vecino del norte?

La conversación no debe centrarse exclusivamente en los efectos climáticos del fracking, sino extenderse al análisis del gas natural como sistema: las fugas pueden ocurrir desde su extracción hasta su consumo final. Por ejemplo, el estado y mantenimiento actual de la red de gasoductos en nuestro país representa una potencial fuente de emisiones de metano.

[contextly_sidebar id=”w205RfO1gllnV5QCt8wz0ICrWrMAqw7w”]El uso de la fracturación hidráulica presenta riesgos adicionales a las implicaciones climáticas: la calidad y cantidad de agua, el uso de suelo, así como la vida de las comunidades vecinas, por nombrar algunos. El desarrollo del sistema de gas natural en distintas regiones de los Estados Unidos ha ilustrado una gran variabilidad de cambios y efectos ambientales. Esta es una razón más para extender la discusión mucho más allá de la forma de producción. El nivel de transformación de localidades requiere que la expansión, producción, transportación y uso de gas natural asigne responsabilidades a lo largo de todo el sistema de gas y petróleo. La fracturación hidráulica ha sido prohibida en el estado de Nueva York y en varias ciudades, mostrando la relevancia de la toma de decisiones a nivel local. Sin embargo, los efectos climáticos adversos siguen latentes, debido a que dichas localidades no están exentas del uso del gas natural (que seguirá siendo producido en otros lados y transportado a dichas localidades).

Como con todo desarrollo tecnológico, la elección del gas natural como vía de transición energética resulta irresponsable si se tiene un alto grado de incertidumbre sobre sus efectos. En México, la conversación debe ampliarse y ocurrir previa al crecimiento de este sector energético. La magnitud de las fugas de metano será un punto crítico para lograr las metas ambientales propuestas por el gobierno federal. Es esencial que las discusiones no sólo se enfoquen en las regulaciones a la fracturación hidráulica y la extracción, sino en el elevado nivel de control y atención que requiere todo el sistema del gas natural. De igual forma, se debe cuidar que el crecimiento en el sector del gas natural no obstaculice el desarrollo de las energías renovables en nuestro país. Esta conversación más amplia debería estar ocurriendo ya como la verdadera ronda cero.

 

* Daniel Zavala es científico mexicano egresado de Ingeniería Química por la Universidad Iberoamericana, con doctorado en Ingeniería y Ciencias Ambientales por la Universidad de Texas en Austin. Actualmente realiza una estancia post-doctoral en Enviromental Defense Fund. Lleva los útilmos cuatro años estudiando y realizando mediciones sobre los impactos ambientales del fracking y el gas natural en Estados Unidos.