blogeditor · 22 de julio de 2013
Las aves le estorbaban a Mao Zedong. A fines de los cincuenta del siglo pasado emprendió una guerra que involucró a toda la motivada y estajanovista sociedad en contra de los gorriones. Había que aniquilarlos destruyendo sus nidos y acosándolos hasta la muerte, de todas las formas imaginables.


Video en alemán con subtítulos en inglés, de la Campaña de 1957
Las consecuencias fueron catastróficas, el detonante parcial de una gigantesca y trágica hambruna. Aquí en México libramos nuestra propia guerra contra las Áreas Verdes. Los Árboles son considerados, en los hechos, como una especie de plaga. La ‘solución’ empleada contra las mismas, son los automóviles y las autopistas elevadas. Idéntica soberbia, e imposiciones autoritarias sin consulta pública.
A la fecha, la población de gorriones en China sigue siendo escasa. Demasiado tarde se dieron cuenta los herederos de Mao, en un arranque tardío de conciencia, que había que protegerla.
México se encuentra inmerso en su propia versión del Gran Salto Adelante vs. las ‘Cuatro Plagas’
Ojalá no suceda lo mismo con los Árboles emblemáticos que se talan indiscriminadamente para levantar centros comerciales, estructuras para anuncios espectaculares, ‘desarrollos inmobiliarios’, supervías y otros esperpénticas proezas urbanas. Sin olvidar los beneficios concretos que producen estas especies que son (por añadidura) hermosas.
Las mismas órdenes terminantes y absurdas, que se toman a espaldas de la ciudadanía y contra las mejores prácticas internacionales, se repiten más de medio siglo después al otro lado del mundo.
Fue un combate contra la Naturaleza que se llevó a cabo con rifles, resorteras, gritos, cacerolazos hasta que las aves que emprendían el vuelo caían exhaustas al suelo. Una caza colectiva con cuotas y premios a las poblaciones que eliminaran a la mayor cantidad de pájaros.
Pero ellos devoraban insectos, cumplían insustituibles labores de equilibrio ecológico. Este despropósito fue uno de los causantes de la desastrosa hambruna que asoló a ese país, a la que contribuyó la cósmica necedad de una clase política que la indujo.
Bosques enteros perdidos para siempre, ante la embestida del auto y la especulación inmobiliaria. Supervía hacia Ninguna Parte.
Peces muertos por envenenamiento, Jalisco. El ‘Arte de la Guerra’ contra el Agua
Minería de tajo, destrucción a cielo abierto. Tierra diezmada
El incalculable daño a la sociedad, al ecosistema y a la cadena alimenticia que produjo esta Guerra contra las Cuatro Plagas, permitió la multiplicación -casi bíblica- de la langosta, depredador por antonomasia de las cosechas.
Y aquí, años después la misma soberbia errónea y autosuficiente, como el guarura que observé de niño una noche en la playa de Puerto Vallarta, cayéndose de borracho, que imprecaba al océano y las olas que balaceaba con furia mal contenida. Lo hacía dizque para detener la marea y ‘el ruido que le ocasionaba a su patrón’ que no podía -según él- conciliar el sueño.
Esta imbecilidad tenaz que nace de la arrogancia de quien no está acostumbrado a la crítica es digna de las peores causas irresueltas; en el vórtice de una ‘cultura’ autárquica, y profundamente cortesana.
Se ha mencionado en este espacio muchas veces. Quizá podamos evitar la pérdida, si se consuma el acceso a instrumentos jurídicos negados hasta ahora. Sería la única forma de detener estas formas ilustradas de la barbarie.
Actuando siempre entre comillas, según nota del diario Reforma el GDF ‘se anticipa’ al desastre ecológico que significará la construcción de la Autopista Urbana Oriente: novísimo Elefante Blanco, ‘plantando’ un millón ochocientos mil arbolitos de cincuenta centímetros de altura (¿quién lleva esta cuenta?). La Secretaría del Medio Ambiente, tan indulgente a la hora de derribar Árboles adultos y sanos por toda la ciudad, ahora se va a encargar de reponer bosques perdidos por talas clandestinas.
Estos son ‘remedios’ ridículos para un mal endémico que requiere medidas contundentes y mucho mejor organizadas, aunque la voluntad política necesaria apunta hacia estímulos de raigambre cien por ciento privada.
¿Será demasiado tarde?
Los Fresnos, Jacarandas, Hules y otras especies que engalanaron nuestras ciudades, podrían ser cosa del pasado: como los gorriones brutalmente exterminados por órdenes superiores en China. Aquí los responsables son la misma supina ignorancia, aparejada con una voracidad empresarial sin freno para la cual las especies arbóreas patrimoniales son prescindibles: a cambio de bajopuentes o camellones ‘adoptados’ con pasto, flores y plántulas desechables.
Distintos partidos políticos han esgrimido la demagógica bandera de la ‘reforestación’ simulada. Peña Nieto lanzó su propuesta el Día del Árbol. (Calderón había ofrecido plantar 250 millones durante el fiasco llamado Proárbol). Una alfombra de árboles que cubrirá, en la imaginación de los perpetradores de abusos sin cuento, a la nación entera: ciento ochenta millones de especies, de acuerdo a las cifras alegres que mueven a México. Cien veces más de lo que nos obsequiarán nuestros tiranos ilustrados del GDF. Arrogancia parecida a la que proclamó, como algo bueno y necesario, la erradicación de las aves ‘dañinas’ hace cincuenta y tantos años en China.

No podía quedarse atrás Miguel Ángel Mancera, aquí encendiendo seudo arbolote-refresco FEMSA Coca cola (su antecesor optó por el de Pepsi) en Plaza Tlaxcoaque de los Azeríes. Diciembre de 2012


La ignorancia se monta en búlldozer, y transforma áreas de reserva en guetos acorazados para perpetuar el Apartheid económico de las castas en México.

En suma: el encono contra el Medio Ambiente y los seres vivos no conoce límites, ni fronteras.
