blogeditor · 14 de mayo de 2014
Por: Manuel Bravo (@manubravo26)
“Para Gaby, quien diariamente me comparte sus logros y derrotas.
Quien da lo mejor de sí para ellos; sus alumnos”.
Este 15 de mayo, como es costumbre cada año, nuestra sociedad dedica sus planas, entrevistas y reflectores a nuestros maestros. En las escuelas extrañamente se envía el curioso mensaje de asueto o descanso. Las familias reconocen con un presente la labor que hacen los maestros con sus hijos. Las secretarías de educación estatal y federal pronuncian discursos populistas, cuando en todo el ciclo escolar difícilmente atendieron con interés las condiciones a las que se enfrentan nuestros maestros. Y el SNTE, quien gusta apropiarse del día, lo aprovecha para hacer sorteos y premios, detrás de un discurso humillante y paternalista a sus agremiados de: “agradéceme que existo”.
Con tanta neblina festiva, la situación de los maestros se desvanece; se olvida por unos momentos. En México, anunciar el promedio del salario docente debe hacerse con cautela, pues los extremos esconden lo que está pasando. Aquí unos breves recordatorios de la situación del salario docente que presentamos en nuestro estudio de (Mal)Gasto en 2013 con cinco entidades de la República (Guerrero, Estado de México, Nuevo León, Sonora y Zacatecas).
El sistema educativo es un laberinto de la ingratitud. La fórmula es clarísima: si un maestro trabaja en condiciones vulnerables ganará mucho menos que quien trabaja en contextos aventajados. No los motivamos, no los apoyamos, no les reconocemos su trabajo:
[contextly_sidebar id=”3e84e80ec263e2abc3ce9209d630d59a”]Todo esto sucede gracias al oscurantismo propiciado por los gobiernos federales y estatales y por el SNTE en distintos momentos. Es un desastre administrativo que no favorece lo educativo; ni recompensa el arte de ser maestro, ni contribuye a que los más talentosos quieran estar con los niños. Por el contrario, es un sistema voraz que favorece las injusticias, premia las lealtades políticas e ignora lo que sucede en la relación alumno-maestro. Las reformas normativas a la educación son una una oportunidad que permitiría recompensar el esfuerzo de cada maestro con sus alumnos.
Debemos alentar a nuestros maestros para que sean los profesionales del aprendizaje. Hoy, su voz es ignorada en la hechura de las políticas públicas y mangoneada por los discursos políticos que buscan solamente el aplauso. El SNTE los presenta como mártires ante los medios, pero curiosamente los reprime con la lógica de hace un siglo: “te pego, porque te quiero”.
El Censo Educativo (CEMABE) nos mostró que existen 298,174 pagos irregulares que, con un conservador cálculo ascienden a más de 35 mil millones de pesos cada año. Esto equivale a arrojar por el desagüe 65mil pesos cada minuto. ¡Es un tiradero que no vamos a tolerar! Si logramos revertir con suficiente empuje esta situación, calculamos que podríamos garantizar que un maestro de primaria y secundaria tuviera un salario inicial de $17,000 pesos al mes (el cálculo es con RFC, es decir, con personas). O también podríamos incrementar 80 veces lo que se invierte en el desarrollo actual de maestros en servicio.
Entinto esto para invitarlo a Usted a sumarse a esta campaña de fin al abuso y acompañarnos con su voz ciudadana para que se ordene el tiradero administrativo y estos recursos se orienten a la labor más difícil y valiosa de nuestra sociedad: Ser Maestro. Sí, hoy los felicitamos, pero sin los cambios necesarios, es pura demagogia.
* Manuel Bravo es investigador de Mexicanos Primero.