Redacción Animal Político · 19 de noviembre de 2025
La felicidad neoliberal se ha convertido en un régimen totalitario que busca controlar y dirigir la vida de los individuos hacia un estado de bienestar perpetuo, al lucrar con la salud de las personas. En este contexto, la bioética emerge como una herramienta poderosa de emancipación y libertad de expresión ante la felicidad neoliberal. La ciencia de la felicidad es utilitarista; representa el brazo armado intelectual del neoliberalismo; impone un paternalismo científico que estudia y entiende la felicidad de manera racional y funcional; útil para favorecer la autoexplotación y rédito, mas no el cuidado; proporciona un acercamiento a la felicidad que hay que asumir como verdadero y cuyo método dice estar probado para conseguirla. 1
La psicología positiva, liderada por figuras como Martin Seligman, 2 propone que la felicidad puede y debe ser medida y promovida a través de políticas públicas, instituciones públicas y privadas, laborales, familiares, educativas y prácticas sociales. Sin embargo, esta disciplina ha recibido críticas por su enfoque en lo positivo y su potencial para desestimar las realidades difíciles de la vida y sus circunstancias. Las sociedades contemporáneas logran consolidar una represión moral que impulsa a las personas a culparse a sí mismas de su infelicidad, diagnosticando sus malos pensamientos, mal funcionamiento y comportamiento, clasificándolos por sus déficits psicológicos, estandarizando una medida correcta para la felicidad y estableciendo un método probado para ser feliz. 3
Siguiendo a Cabanas y Illouz, la felicidad neoliberal se basa en la premisa de que el bienestar y la satisfacción personal son objetivos fundamentales que deben ser perseguidos y alcanzados. Esta visión se refleja en políticas públicas, prácticas empresariales y discursos sociales que promueven la maximización del bienestar individual. Sin embargo, esta búsqueda constante de la felicidad puede convertirse en un régimen totalitario que impone normas y expectativas sobre cómo los individuos deben vivir sus vidas. 4 El régimen de la felicidad neoliberal se caracteriza por la medicalización de la vida, donde la salud mental y el bienestar emocional se convierten en objetivos prioritarios para prolongar el rendimiento, la autoexplotación y la cosificación. 5
La actual medicalización de la vida 6 en nombre de la felicidad, iniciada desde finales del siglo XIX, ha patologizado y estigmatizado los comportamientos que expresan infelicidad cotidiana. Se ha empezado a medicalizar la vida en nombre de la felicidad, dando como consecuencia el aumento de una pandemia silenciosa que le cuesta a gobiernos y corporativos millones de vidas y billones de dólares al año. 7 Sus representantes y defensores, al enfrentarse al problema de la infelicidad, lo eluden estableciendo un Estado terapéutico para mantener el rendimiento, la producción, el progreso y la riqueza, instaurando una medicalización y estigmatización de la infelicidad en fines de rédito.
El argumento conjunto es preciso: la medicalización de la vida es una forma de ocultar los evidentes malestares y sufrimientos sociales, como la desigualdad o la pobreza, transformando la experiencia de la infelicidad, el sufrimiento y el dolor del devenir cotidiano de la vida en patologías individuales que repercuten en yatrogenia. 8 Pensado en nuestro contexto y realidad actual, significa que toda expresión de infelicidad en la vida tiene un precio y cualquier decisión se toma a partir del costo y beneficio; el valor de la vida se lo asigna el mercado, a partir de la necesidad y demanda de lo que desesperadamente se busca o necesita, en este caso la felicidad. 9
En este sentido y siguiendo a Davies más general e histórico, los gobiernos y los negocios han “creado los problemas que ahora están tratando de resolver”. La ciencia de la felicidad ha alcanzado la influencia que hoy ejerce porque promete aportar esa ansiada solución. La psicología positiva y otras técnicas parecidas desempeñan por consiguiente un papel fundamental en el intento de restaurar la energía y el empuje de las personas.
La felicidad es un problema ético y moral que involucra la vida del ser humano, es un tema de derechos humanos y actualmente un tema de salud pública, pues implica el respeto a la persona y su forma responsable de vivir, su dignidad, libertad y autonomía. En nuestras sociedades actuales, la felicidad es un tema de salud mental. Según la Organización Mundial de la Salud, la salud mental es un estado de bienestar en el que una persona puede desarrollar su potencial, hacer frente a las tensiones de la vida, trabajar de forma productiva, contribuir a su comunidad y ser consciente de sus propias capacidades.
La instrumentalización de la felicidad como un fin medible y gestionable podría desviar la atención de los principios bioéticos fundamentales, convirtiendo el bienestar en un criterio que justifique decisiones que, paradójicamente, puedan vulnerar los derechos humanos en nombre de la felicidad. El enfoque científico de la felicidad y la industria de la infelicidad se han creado y expandido a su alrededor, contribuyendo de forma significativa a legitimar una muy peligrosa suposición: que las personas no poseen autonomía, responsabilidad ni libertad; que la riqueza y la pobreza, el éxito y el fracaso, la salud y la enfermedad son fruto de nuestros propios actos.
Es sumamente necesario hacer una reflexión crítica sobre lo que entendemos por felicidad y cómo esto puede beneficiar o afectar la vida y todas sus expresiones. Deliberar sobre la práctica e investigación de la ciencia de la felicidad nos muestra que debe alinearse hacia una perspectiva ético-política con principios biocéntricos, es decir, bioéticos: que respeten el valor intrínseco de la vida, 10 promuevan la libertad, la autonomía y el respeto por las personas, que prioricen la dignidad y el cuidado de la vida por sobre su medicalización, rédito y el lucro. Las estrategias propuestas por la ciencia de la felicidad pueden resultar no éticas y repercuten en yatrogenia porque individualizan problemas estructurales, implementan tecnologías invasivas o coercitivas, e instrumentalizan a la persona. Por ello: “La ciencia nos ayuda a mejorar la calidad de la vida, pero no a formular metas: la ciencia proporciona los medios, pero no tiene nada que ver con los fines, con los deberes y los derechos del ser humano”.
* José Eduardo Lazo Vela es licenciado en Filosofía por la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM; maestro en Bioética por el Centro de Investigación Social Avanzada; divulgador filosófico en la plataforma digital Filosofía en Red. Está diplomado en Bioética por el Programa Universitario de Bioética y en Teórica Crítica del Derecho.
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1 Davies, William. La industria de la felicidad: Cómo el gobierno y las grandes empresas nos vendieron el bienestar. MalPaso, 2015.
2 Seligman, Martin. La auténtica felicidad. Penguin Random House, 2018.
3 Cabanas, Edgar y Illouz, Eva. Happycracia: Cómo la ciencia y la industria de la felicidad controlan nuestras vidas. Paidós, 2019.
4 Ehrenreich, Barbara. Sonríe o muere: Cómo el pensamiento positivo engañó a Estados Unidos y al mundo. Turner, 2011.
5 Ahmed, Sara. La promesa de la felicidad: una crítica cultural al imperativo de la alegría. Caja Negra, 2019.
6 Es un fenómeno que se refiere a la de tratar aspectos de la vida cotidiana y problemas sociales como si fueran cuestiones médicas. Esto implica que situaciones que antes se consideraban normales o parte de la experiencia humana, ahora se ven como condiciones que requieren intervención médica o tratamiento.
7 Organización Mundial de la Salud. Informe Mundial sobre la Salud Mental: Transformar la Salud Mental para Todos. OPS, 2023.
8 La yatrogenia es un fenómeno social de la clase médica que existe desde los tiempos de Hipócrates. Es el daño producido por un medicamento, procedimiento médico o quirúrgico, pero que el médico administra o realiza con una indicación correcta y un criterio justo.
9 Vázquez Canales, Luz de Myotanh. La gran epidemia del siglo XXI se llama salud mental. Atención Primaria Práctica 5, núm. 4 (2023): 100184. https://doi.org/10.1016/j.appr.2023.100184.
10 Rivero, P., y Pérez, R. “Ética y bioética”. Nexos 28, núm. 343 (2006): 23-27.