Fatiga por compasión dentro de los bioterios

blogeditor · 19 de mayo de 2021

Fatiga por compasión dentro de los bioterios

Dentro de los bioterios, como en otras áreas donde se mantienen animales, el vínculo con éstos se promueve de diferentes maneras. La empatía, como una forma de reconocer que otras especies animales sienten y tienen estados mentales complejos similares a los nuestros, se fomenta día a día entre los trabajadores e investigadores involucrados en el cuidado y uso de las diferentes especies animales dentro de los bioterios. Se ha visto que desarrollar este vínculo incluso puede mejorar el manejo con los mismos, al generarles un sentimiento de seguridad y fomentar su confianza, o minimizar los estados de ansiedad y estrés durante los experimentos. Al final, crea sentimientos de satisfacción y cariño hacia los animales cuidados.

La fatiga por compasión, también conocida como estrés traumático secundario (STS por sus siglas en inglés), es un estado emocional que se reconoció a principios de la década de los noventa en enfermeras que disminuían su empatía hacia los pacientes que atendían. Se dice que esta condición es el resultado de una sobreexposición, de presenciar y dedicar atención continua a individuos que experimentan algún tipo de sufrimiento de manera crónica. La Asociación Americana de la Ciencia de los Animales de Laboratorio lo describe, de manera general, como una reducción en la capacidad de ser empático o expresar comportamientos solidarios, derivado de atestiguar situaciones traumáticas de forma constante. Se caracteriza por un profundo agotamiento físico y emocional y resulta en un menor interés por los demás (compañeros de trabajo, seres queridos u otros animales no humanos), falta de comunicación, aislamiento, dificultad para concentrarse, cansancio y depresión.

La fatiga por compasión ha sido reconocida en otros profesionales de la salud, incluyendo los que estamos involucrados en la atención a los animales dentro de los bioterios. La situación merece atención, ya que se corre el riesgo de que el personal genere menos preocupación y empatía por el cuidado y mantenimiento de los animales, comprometiendo su bienestar y la correcta aplicación de procedimientos experimentales y de eutanasia.

Es importante reconocer que el personal que trabaja en bioterios y se involucra en el manejo de estos animales, que se encuentran vulnerables en nuestras manos, también experimenta presiones emocionales negativas ante diferentes decisiones que se deben tomar. El ejemplo evidente es el momento de la aplicación de un método de muerte, con el fin de tomar muestras para un estudio, o en el caso de los animales llamados “excedentes”, es decir, los que no son utilizados como sujetos de investigación por no cumplir con las características genéticas para ello. No debemos olvidar a los animales que se han tenido que matar durante la pandemia debido al paro de actividades de investigación y el confinamiento del personal que labora en los bioterios. Para muchos veterinarios, técnicos e investigadores, la eutanasia de un animal es un deber de su profesión que sigue poseyendo una enorme carga emocional, pero que es necesaria para aliviar un dolor o sufrimiento que no puede paliarse con analgésicos, sedantes u otros tratamientos, dado que está comprometido el bienestar del paciente animal.

Tremoleda y Kerton, en su artículo “Creando espacio para desarrollar resiliencia emocional en la comunidad de la investigación animal”, mencionan que a veces podemos encontrar algo de consuelo en el hecho de que la experimentación en animales tiene un propósito justificable y significativo, o bien en que los procedimientos se desarrollaron correctamente; sin embargo, la simple tarea de aplicar un método de muerte puede ser psicológica y emocionalmente desafiante, conduciendo a situaciones de estrés, culpa, frustración y, en ocasiones, fatiga por compasión. Los experimentos éticos consideran indicadores para conocer el punto en el que el animal ya no puede soportar más dolor o sufrimiento, lo que ayuda al médico veterinario a determinar que es el momento de aplicar la eutanasia bajo criterios científicos, pero incluso eso no lo exime del sentimiento de pena que puede embargar a quien la lleva a cabo.

Experimentar dolor por la muerte de un animal de laboratorio con el que se creó un vínculo no es algo extraño; de hecho, puede ser similar a una pérdida humana, evocando sentimientos de tristeza y de duelo. Lo importante es reconocer que esta situación existe y que se puedan establecer programas de apoyo para el personal involucrado. Algunas recomendaciones y estrategias del Instituto de Tecnología en Animales del Reino Unido para apoyar al personal técnico que continuamente enfrenta la eutanasia son:

  • Preguntar a la persona que cuidaba habitualmente al animal si le gustaría aplicar la eutanasia o, si fuera posible, que otro técnico capacitado la realice.
  • La inclusión de este tema dentro de los programas de capacitación para estudiantes y trabajadores de bioterios, lo cual puede ser particularmente útil para el entrenamiento sobre los métodos de eutanasia.
  • Designación, dentro de las instalaciones, de espacios seguros para el personal donde se pueda meditar y reflexionar sobre sus diferentes actividades de trabajo.
  • Capacitar a todo el personal y compartir esta responsabilidad entre los técnicos, veterinarios e investigadores, con la finalidad de reducir la carga emocional.
  • Considerar programas con apoyo de especialistas, por ejemplo, psicólogos y tanatólogos.
  • Que los comités de ética sean más activos en ofrecer un mejor enfoque hacia el cuidado de los animales y su bienestar, y resaltar la importancia del personal para que esto pueda llevarse a cabo correctamente.

La Ética del cuidado tiene como fin ayudar a los semejantes, pero sin descuidarse a uno mismo. Por ello, es crucial que se escuchen y traten todas las inquietudes y desafíos emocionales que enfrentan estos trabajadores y que se fomente un comportamiento empático y compasivo hacia los animales con los que trabajan.

* Anayántzin Paulina Heredia Antúnez es médico veterinario zootecnista y maestra en Ciencias por la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia (FMVyZ) de la UNAM, y doctorante del Programa de Posgrado en Ciencias Médicas, Odontológicas y de la Salud, área de estudio Bioética, de la misma Universidad. Además, es profesora de las asignaturas Seminario de Bioética y Medicina en Animales de Laboratorio en la FMVyZ.

 

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