blogeditor · 13 de abril de 2015
Dos resacas
A más de cuatro años de la revolución egipcia de los jóvenes de 2011, momento cumbre de la Primavera Árabe, el panorama en ese país es sombrío. Los ánimos libertarios que obligaron a dimitir a Hosni Mubarak, sátrapa de ese país durante más de cuatro décadas, chocaron con una realidad que los terminó sepultando. Los comicios de 2012 elevaron a la Hermandad Musulmana, prohibida durante la gestión del déspota Mubarak, agrupación que de súbito obtuvo un protagonismo que no supo -o quiso- aprovechar la coyuntura democrática. El presidente electo Mohamed Morsi (hoy en la cárcel) fue derrocado por el militar Abdelfatah Al-Sisi, nuevo hombre fuerte quien ya como civil obtuvo la presidencia, y el control definitivo, tras las elecciones del 8 de junio de 2014.

Febrero 2011. Tiempos de cambio, ilusiones pasajeras. Eran los días del adiós a Mubarak, en muros y paredes.
La esperanza que entrañaba la Primavera Árabe ha dado paso, con el tiempo y una feroz represión, a una retorno de la dictadura. La brutalidad de las fuerzas policiacas y el ejército son norma. No se respetan en lo más mínimo libertades fundamentales.
La Hermandad Musulmana ha sido proscrita por un Poder Judicial afecto a al-Sisi, y declarada organización terrorista. Decenas de sus miembros prominentes, y cuadros de todas las edades y clases sociales, enfrentan la pena de muerte. En agosto de 2013, durante una jornada de protestas masivas que pedían la restitución de Morsi en la presidencia, fueron masacradas cientos de víctimas en El Cairo y otras ciudades egipcias.

Mohamed Morsi y la Hermandad Musulmana, breve transición intolerante.

Abdelfatah Al-Sisi, general y golpista.

Militar retirado, hoy ‘líder indispensable’ sin uniforme.
Sin embargo, como en México, existen allá voces y trayectorias que combaten la sinrazón y el falso Principio de Autoridad.

Candidato presidencial en campaña, hace tres años.
Khalid Ali tiene 43 años. Fue candidato a la presidencia de su país en los comicios de 2012, donde triunfó Morsi y la Hermandad Musulmana. Además de ser veterano de lides épicas ciudadanas (la caída del dictador Hosni Mubarak, inmenso pero efímero triunfo de la Primavera Árabe de 2011), Ali fundó en 2008 el Centro Egipcio para los Derechos Económicos y Sociales, allanado por fuerzas de seguridad egipcias en diciembre de 2013; actualmente funge como director ejecutivo del Centro Legal Hisham Mubarak (nombre de un abogado, fallecido prematuramente, quien a pesar de compartir apellido no tenía relación familiar con el decrépito ex presidente), y cuya misión principal es la de promover la cultura de los derechos humanos mediante el litigio, las campañas sociales y la investigación legal. Ali ha defendido a sindicatos independientes, víctimas de tortura y familiares de desaparecidos. Es también luchador, a brazo partido, en contra de la corrupción que impera en el gobierno, y en la provisión de servicios públicos y privados.
Pronto habrá elecciones parlamentarias en Egipto. Se afianzan férreos controles autoritarios, y se confirman ‘soluciones de continuidad’ con el pasado mubaraquista: un personaje que la diplomacia estadounidense, en voz de Hillary Clinton (hoy precandidata aventajada por el Partido Demócrata para la presidencia de su país), era considerado ‘gran amigo familiar’.
El mes pasado y sin importarle sobremanera la violación sistemática a los derechos humanos en múltiples órdenes, el gobierno de Barack Obama decidió reanudar su ‘vínculo especial’ con el caudillo al-Sisi, con funestas consecuencias para la sociedad civil que logró desembarazarse de Mubarak, y que ahora padece este nuevo yugo por tiempo indefinido.
Por ser de posible interés para efectos de similitud y contraste con las luchas sociales que tendrán que librarse -en condiciones cada vez más adversas- en México, comparto una entrevista reciente publicada por Al-Monitor, sitio muy completo de noticias sobre el Medio Oriente. Guardando, por supuesto, proporciones y contextos, podemos aventurar que cualquier semejanza con lo que vivimos aquí podría no ser mera coincidencia. En la entraña de muchos de nuestros políticos y empresarios, aprendices de Tlatoani, se anida un faraón potenciado como al-Sisi. En el caso de los funcionarios de primera línea, y para fortuna nuestra (menor de los males, hasta ahora), obligadamente sexenal.
El autor de la entrevista es Rami Galal (@ramiglal en Twitter), periodista egipcio de investigación. La traducción libre es de su servidor. Algunos extractos:
Galal: ¿Cree usted que el régimen de al-Sisi está siguiendo los pasos del de Mubarak en términos de política económica?
Ali: Primero, debo decir que en efecto cayó Mubarak el personaje, pero no así su sistema o forma de gobierno. Estamos enfrentando a la nueva guardia del antiguo régimen. Sisi pavimentó el camino del continuismo […] al inmunizar los contratos administrativos de posibles controversias legales promovidas por la ciudadanía; también, mediante la enmienda de leyes de concurso que ahora permiten a organismos públicos tengan la oportunidad de comprar y vender sin que existan controles efectivos. Cuando se volvió presidente, Sisi impuso (como Mubarak) mayores impuestos, así como una reducción de subsidios y la privatización de empresas del Estado. Las políticas de al-Sisi son aún más implacables o salvajes que las de Mubarak.
¿Por qué cree que al-Sisi mantiene las mismas políticas que derivaron en la salida de Mubarak?
Ali: Él trata de apaciguar a las potencias extranjeras. Busca reconciliarse con grandes instituciones financieras y con los Estados que promueven el neoliberalismo (a saber, el Grupo de los 8), mediante el cumplimiento cabal de sus condiciones para el financiamiento como una forma de obligarlos a lidiar con él: estableciendo asociaciones que promuevan su liderazgo unipersonal, tanto interna como externamente. Por otro lado, él busca congraciarse con las clases altas que controlan la economía egipcia a efecto de aumentar el apoyo entre ese sector, que es el controla casi todo en Egipto.
¿Cómo impactará esto a la siguiente fase del proceso?
Ali: Las tasas de crecimiento no promoverán un desarrollo significativo o realmente sostenible, que deberían beneficiar a la gente mediante la justa distribución del producto de estas ventas y proyectos. En tiempos de Mubarak hubo desarrollo, pero la riqueza se concentró en unos cuantos empresarios y el grupo gobernante. La mayoría carecía de lo básico para sobrevivir. Le pido a usted que vaya y pregunte al ciudadano común y corriente acerca de sus condiciones de vida. Se le hará un nudo en la garganta.
Algunos personajes públicos no son bienvenidas en los canales egipcios de comunicación. ¿Es una nueva forma de violar la libertad de expresión?
Ali: Los medios en Egipto están divididos en dos categorías: una estatal, con listas de invitados que se dedican a hablar solamente de cosas positivas y que son redactadas por funcionarios del gobierno quienes rechazan la presencia de figuras de oposición. La otra es privada, propiedad de una élite económica alineada con la política de al-Sisi porque satisface sus intereses. Me he mantenido ajeno de ambos tipos de medios desde hace dos años porque la polarización se ha agudizado.
Es usted un prominente abogado de los derechos humanos. ¿Cuál es su lectura del estado de los mismos en el país?
Ali: La situación es muy mala debido a múltiples factores, que incluyen conflictos en Siria, Iraq, Libia y Yemen – me temo que esos escenarios puedan ocurrir en Egipto – y también por los atentados que se suceden de tiempo en tiempo. Lo que resulta extraño es que a veces las bombas no se las atribuye nadie. Hay sospechas fundadas sobre el origen de este tipo de sucesos, que dan al gobierno un pretexto para enfatizar discusiones sobre la seguridad, la estabilidad y la protección de los bases del Estado, en detrimento de los derechos humanos. Restringir derechos básicos equivale a la violación de nuevas libertades. Aquéllos cuyos derechos no son respetados, no necesariamente participan en operaciones terroristas, pero a causa de injusticias sufridas podrían simpatizar implícitamente con lo que está sucediendo. Tal vez la muerte de Shaimaa al-Sabbagh [activista asesinada por elementos de seguridad el 24 de enero durante una marcha pacífica de protesta en El Cairo por las muertes relacionadas con la Primavera Egipcia] confirmó que la policía no conoce la diferencia que existe entre manifestantes pacíficos y los que no lo son.
¿Está el Consejo Nacional Egipcio por los Derechos Humanos cumpliendo un buen papel?
Ali: Este organismo estatal no es independiente. Sus integrantes son escogidos por el presidente de la república, con un presupuesto que proviene del Estado. ¿Qué rol positivo puede entonces jugar?
Las protestas masivas del 30 de junio [de 2013, donde millones de personas tomaron calles y plazas públicas, para exigir la renuncia de Morsi], fueron una extensión de las del 25 de enero [de 2011, arranque de la Revolución de los Jóvenes, que consiguió un efímero cambio, largamente anhelado, y la renuncia de Hosni Mubarak]?
Ali: El 30 de junio fue una especie de consecuencia de los eventos de ese 25 de enero, a pesar de que muchos utilizaron a las multitudes para sus propios propósitos. La razón principal fue el enojo contra la administración de la Hermandad Musulmana, la cual no hizo suya la oportunidad de replantear un modelo diferente al del Estado de Mubarak, sino que buscó restaurarlo. Millones de personas salimos a las calles. Lo que pasó ese día contrasta con los hechos del 3 de julio [fecha en la que asumió el poder al-Sisi, y que orilló a partidarios de Morsi a protestar masivamente tras su destitución, hasta ser, como hemos dicho, eventualmente masacrados por el ejército], cuando todos vimos que Sisi tenía la intención y el deseo de quedarse con las riendas del poder.
¿Las elecciones parlamentarias [a celebrarse en mayo o junio de este año], podrán llevar a Egipto a buen puerto, o –por el contrario- exacerbarán aún más las tensiones?
Ali: Si se llevan a cabo como es debido, el país llegará a buen puerto. Pero si se utilizan los mismos métodos y enseñanzas de la vieja escuela de Mubarak (donde el Estado controla el proceso y los resultados, mientras aparenta que los comicios son democráticos), entonces se complicará el escenario politico. El actual vacío politico en el Estado que encabeza al-Sisi es intencional. Me pregunto qué tipo de elecciones al Parlamento vamos a tener, en un entorno donde la vida política se encuentra desprovista de jóvenes, con una movilidad estudiantil suprimida dentro de las universidades, algo que ni siquiera la Hermandad Musulmana se atrevió a hacer.
¿Hasta qué punto se afectará el sentido de pertenencia de los niños en la sociedad egipcia, dadas las reformas retrogradas planteadas por el Ministerio de Educación?
Ali: Una reforma verdadera hubiese planteado mejorar el futuro del país. Esto dependería de un Ministerio independiente, no el azote de la educación. Los gobernantes que hemos tenido menosprecian la trayectoria de sus predecesores a costa de intensificar sus propios ‘logros’. Entretanto, el Estado disuelve a grupos de estudiantes universitarios Reforming education means securing a better future for the country, e impone su visión mezquina y particular en la niñez.
¿La situación actual requiere una continuación del camino revolucionario, o debe éste suspenderse por medio a la división del país?
Ali: No podemos oprimir un botón y detener el curso de los cambios. Si esta ruta persiste o se detiene, dependerá del grado de insatisfacción que tenga la gente, de su voluntad para confrontar al régimen que nos gobierna.
Las contemporáneas de Egipto y México son historias separadas, pero con tentaciones autoritarias que no son demasiado disímiles. Al torpe interregno panista, desperdiciado por la falta de oficio y pulsiones autoritarias de Fox y Calderón, siguió la noche interminable del priísmo restaurado. El Tlatoani Peña y su camarilla, abiertamente apoyados por partidos pactistas y satélite, equivalen al Faraón Sisi con ramificaciones estatales y municipales.
Egipto sufre las consecuencias de los cambios interrumpidos. Hosni Mubarak fue absuelto en noviembre de 2014 de todos los cargos que lo relacionaban con la muerte de más de 850 personas durante la Primavera que significó el fin de su régimen. Fue, en palabras de El País, el sepulcro a la Revolución Egipcia de Terciopelo; uno espera que no sea definitivo.
La mafia político-empresarial mexicana, matriz de dinastías inamovibles, ostenta sus codiguetes con viajes escandalosos y feudos en arrabales exclusivos de Lomas de Chapultepec y Bosque Real, con sucursales en Malinalco, Valle de Bravo o las torres-aguja más selectas de Miami y Nueva York. Raúl Salinas es un hombre libre de culpas, y presto a retomar el íntimo gozo de su fortuna mal habida. Regresamos en México a encarnar el País donde No Pasa Nada, porque ni la clase política ‘opositora’, ni la sociedad mayoritaria, tuvieron arrestos suficientes para clausurarlo.
Por lo pronto, el de Khalid Ali es un mejor futuro imaginado para la gran nación egipcia.

La sombra del caudillete: Tlatoani.
Veremos cómo nos va, en la mexicana.