Fake Nudes

blogeditor · 20 de febrero de 2017

Fake Nudes

En verdad vivimos un año diferente a todo lo que le precedió. Nos despertamos con el alma en vilo porque no sabemos si a Naranjito Pichacorta le hicieron daño las chimichangas y ha decidido tuitear que va a invadir Ojinaga. O si el zar Vladimir Vladimirovich va a filtrar fotos de la Primera Barbie atendiendo a un par de bad hombres. La inestabilidad nos rebasa.

La democracia se nos ha empachado, o le ha entrado crisis de edad madura. Ya no puedes creer en las noticias, los salvadores del mundo persiguen palomitas por las calles y hasta Barack Obama sigue de vacaciones en la playa, saboreando mojitos después de haber tirado el micrófono y habernos dicho se ven, bitches. 

Al menos una buena noticia ha llegado en menos de tanto caos: Playboy ha decidido volver a publicar desnudos.

Hace poco más de un año Playboy optó por retirar los desnudos de sus páginas para sustituirlos por tímidas fotos de modelos – hasta el Wall Street Journal se veía más sexy; la dueña del changarro, Christie Hefner, la hija del legendario Hugh, se ha desentendido del imperio establecido en Chicago en los años 50, y ha sido el nieto, Cooper, quien ha tomado la estafeta para cumplir con la misión sagrada que heredó de su padre: chichis pa’ la banda.

Pero no es tan fácil como suena. No nada más estampas unas fotos de desnudos en mitad de la revista y actúas como si nada hubiera pasado.

El motivo de Playboy hace un año de abandonar los desnudos era comercial y tenía dos vertientes: el cambio en las costumbres de sus lectores, y la facilidad con que el porno explícito se hacía presente en la red; quien quisiera excitación no tenía ya que limitarse a lo que Playboy y otras revistas ofrecían, siempre limitado al campo de la imagen, sino que podía acceder a un amplísimo menú en línea, en video o en vivo, y en muchos casos gratuito.

¿Y el motivo de la vuelta a la carne? Aquí es más complejo. Playboy tiene página web y canales de cable, con contenidos explícitos, por pago. La decisión se limita a la revista. Y las explicaciones difieren.

Los defensores hablan del legado de Hefner. Los detractores, de la conexión con el regreso de la cultura machista, misógina, patana, que llegó de la mano de Naranjito Pichacorta.

Tal vez la verdad esté en algún punto entre ambas versiones. Lo del legado de Hefner es un poco de risa, pero ya cada quien con su porno. Y lo del regreso de la cultura machista también es cuestionable. ¿A poco se había ido? Que Obama fuese otro tipo de hombre no quiere decir que hubieran desaparecido los patanes. Al contrario, se organizaron para ganar. Pero de ahí a que eso impulse el retorno de los desnudos en Playboy, hay mucha tierra de por medio.

Yo diría que, en materia editorial, hay buenas decisiones y malas decisiones; los medios pasan por momentos complicados desde que tenemos un patán que gobierna a tuitazos, y que los grandes medios informativos han sido defenestrados con el tema del Fake News, dos palabras que no han logrado quitarse de encima. Y en medio de todo esto, una revista caduca apuesta por una nostalgia semisexual con el objetivo de volver a levantar sus ventas (sí, fue a propósito lo de ‘levantar’).

Y lo de Playboy es una mala decisión, y mi teoría es de índole enteramente personal.

Tengo 54 años: soy de esa generación que despertó a la sexualidad gracias a Playboy, Penthouse, Caballero, Lui y anexas. Comprar las revistas, con dinero ahorrado quién sabe cómo, y en algún puesto de revistas alejado de la casa para que no le fueran con el chisme a mi mamá, constituía una hazaña.

Y no, nunca leía yo las entrevistas. No sean mamones. Ustedes tampoco. Vas a lo que vas. Y sí, las mujeres reales son muy distintas a las que aparecían en las páginas de la revista. Y cada día son más distintas. Qué bueno.

Hay dos grandes grupos de consumidores en el mercado estadounidense: los ubicados entre los 18 y los 45 años de edad – los temidos millenials y Gen X – y el rebaño inmenso de los 50-64, los baby boomers, el sueño húmedo de los grandes vendedores.

A esos últimos apuesta Playboy, a su nostalgia chicharronera de lecturas a escondidas, a sus dificultades para entender el mundo del cyberporn que las generaciones más jóvenes dominan sin problemas, a los que sueñan que lo que ven es una mujer de verdad y no un photoshopazo, a mi generación sacudida por las batallas contra el colesterol, la disfunción eréctil, el tabaquismo, la deuda hipotecaria, la deuda crediticia, los divorcios, los hijos en universidades incosteables, la brutal carga fiscal sobre las clases medias, la calvicie, la depresión, la hipertensión. A esa generación a la que le cambiaron el parámetro de la masculinidad sin previo aviso. A ellos Playboy les quiere vender tantita amnesia, casi como acto terapéutico antes que el Alzheimer nos convierta en republicanos.

Pero es una apuesta complicada porque hoy en día puedes tener acceso a todos los cuerpos y actividades que quieras en la pantalla de tu teléfono.

En algo sí se conecta Playboy al momento actual: nos va a vender Fake Nudes y esperar que, como el azorado público americano, nos mintamos a nosotros mismos para creer que son de a de veras.

 

* Gerardo Cárdenas, escritor y periodista mexicano que reside en el área de Chicago. Aún recuerda el reportaje sobre Patti McGuire, que fue la Playmate del 77.