Extreme precauciones: graduación de sexto a la vista

Mala Madre · 31 de mayo de 2011

Extreme precauciones: graduación de sexto a la vista

Mi amiga la Kelly no puede dormir. Bueno, siempre ha padecido de insomnio, pero este caso en particular la trae frita. Tiene semanas dándole vueltas al asunto. Su hijo mayor se gradúa de sexto año en julio próximo y no sabe en qué momento se le ocurrió ofrecerse para hacer el video de despedida del grupo.

Y no es que sea un trabajo engorroso que le cause conflicto. Lo hace con gusto porque se trata de su hijo, del último año que el chilpayate cursará en la primaria y, por si fuera poco, de un área que domina.

Porque mi amiga es fotógrafa. Y de las buenas. Con decirles que ella solita se hizo cargo de las fotos de mi boda, que por supuesto tengo colgadas en las paredes de mi casa, como debe de ser. Y se sabe que una bridezillia es peor clienta que cualquier político o zona de guerra. Pero bueno, ése es otro asunto. El punto es que acaba de descubrir el circuito escolar de las madres sin otra cosa que hacer que fregar al prójimo.

Déjenme les cuento. Se trata de un circuito muy exclusivo, no cualquiera pertenece a él. Por suerte muy pocas, en realidad. Son esas mamás que se apuntan en la sociedad de padres de familia de la escuela de sus hijos, pero no para servir sino para servirse.

Ajá. Y si no hay una sociedad de padres muy activa, porque ya sabemos que eso de la participación colectiva como que no es lo nuestro, pues esas madres se ofrecen para, digamos, organizar la fiesta de graduación de sexto año de primaria. Doble ajá, que se convierte en ajajá.

En el caso de mi amiga la Kelly, la organizadora es una mamá muy dispuesta a hacer todo, pero como ella decidió que se haría desde su fuero interno, sin consultarle a nadie más. Tiene el plus de pretender ordenarle a los demás cómo hacer las cosas, para luego, muy linda y educada ella, caravanear con sombrero ajeno.

Desde que mi amiga se apuntó con el video, la susodicha organizadora ha estado friegue y friegue para saber cómo va, qué imágenes ha incluido, qué papás ya enviaron las fotos de sus escuincles, cómo se va a entregar a cada familia… ah, porque no se les puede entregar el cd así nomás, hay que hacer un diseño especial con bolsita y moño y tarjetita y diamantinas y dar en propia mano con un protocolo que ya quisiera la realeza… y… y…

La Kelly no lo puede creer. Hace unas semanas fue importunada por la organizadora de la graduación de sexto, quien le reclamó que no estaba respetando “su trabajo” con su desidia. Ay, virgen de la macarena, a la Kelly se le subió lo princesa. Ella que es tan calmada, tan buena onda, tan ajena al pleito de callejón, alzó la voz y ganas no le faltaron de incursionar en la especialidad de Julio César Chávez.

Esta mala madre anda en las mismas. Mi hija de 11 años también termina sexto y a un grupo de mamás se le ocurrió que la mejor forma de festejar era con una fiesta en un salón, con disc jockey y luces y toda la parafernalia de unos 15 años y, si me apuran un poco, hasta de una boda.

El problema no es ese. Finalmente muchos padres consideran un logro que sus hijos terminen la primaria y están dispuestos a tirar la casa por la ventana para festejarlos. La situación aquí es que las organizadoras decidieron qué día, dónde y cómo se haría el guateque, sin preguntar si la mayoría estaba de acuerdo.

Esta tía metiche (o sea, yo) quiso poner orden y aprovechar la tecnología para hacer una consulta ciudadana por e-mail entre todos los padres, y aunque hubo una mayoría apoyando la moción, fui avasallada por dos o tres mamás que consideraron un atrevimiento de mi parte haber cuestionado su autoridad para decidir por todos.

Ya no sé finalmente si habrá fiesta o no, ni si mi hija querrá ir o no. De la coincidencia entre las maneras de hacer del circuito escolar de estas madres me quedé pensando qué tanto de lo que hacemos como microsociedad nos representa en lo macro. Digo, qué tanta diferencia hay entre que unos cuantos impongan su voluntad para hacer la graduación de sexto como ellos quieren, y que otros tantos impongan su voluntad o la de su líder para, por ejemplo, que se haga o se congele tal cosa en el Congreso. Sin importar lo que opine la mayoría.

Mi amiga la Kelly ya casi tiene listo el video y le ha estado dando vueltas al asunto de cómo limar asperezas con la organizadora sin dar su brazo a torcer, porque no le gusta tener diferencias con nadie. Para mí la fiesta no es importante ni me interesa que se haga. Mi punto era denunciar una imposición, porque quiero que mis hijas aprendan que uno va por la vida haciendo lo correcto, sin pasar por encima de los demás. Y no, señoras. Así no se organiza una fiesta.